jueves, 9 de julio de 2009

Brisa

Antes de conocer a Brisa, mi vida era triste. Y no triste porque estuviera con la sensación infinita de soledad, sino triste porque nunca pasaba nada nuevo. Antes de conocer a brisa, mi vida era monótona, era una especie de tabla de multiplicar, todo absoluto, nada relativo, todo establecido, rígido, vertical, casi militar, castrense, hasta que llegó ella.
Vamos a hablar claro (bueno,escribir), ¿a quién no le ha cambiado en algo la vida alguna persona que llega sin ser llamada, ni esperada? Piensen un poco, no se me hagan los suecos y díganme a quién no le ha pasado el triste pero real cuadro del eterno choteado, el huevas de la vida que hace de todo para conquistar a alguna chica y lo intenta todo, lo unico que le falta es ir al brujo, o chamán de cono, 10 luquitas la consulta, siéntate y dime, yo sé, tu marido te engaña, 5 soles más y una posión mágica incaica tumbaperras, y lo que necesitas es una limpia con ruda, valeriana, pastito de parque misio y hasta hojitas de no sé qué hierbas que mi vieja me da para curar las náuseas y esos problemitas estomacales que nunca faltan, y por 20 soles más te escupen descaradamente la cara mientras agitan unas maracas de negro salsero pastrulín y conchudazos le rezan al de arriba soltando un muy potente y curativo "te voy sacando todo lo malo, te voy metiendo todo lo bueno" y no sé qué más cosas ridículas. No me vengan pues. Pero bueno, vuelvo a la idea: El pobre muchacho se raja como nunca para conquistar a la muy insensible, que ni gracias dice por todos los esfuerzos, y cuando ya parece que cae, que va a aceptar la pregunta del millón (que dicho sea de paso, el imberbe la ha ensayado frente al espejo poco más de 3 meses) y ¿Quieres estar conmigo? (tanta huevada para tres palabras) y la muy infeliz le diga : "oye mira, tu eres lindo, pero yo te quiero como amigo, ¿sabes? vas a encontrar a alguien de hecho porque eres super lindo, aunque yo solo te veo como amigo, oh my!" y te desmoralizas y piensas ¿qué hago mal, por qué no se fijan en mí las personas que realmente quiero?
A mí me tocó. Brisa tenía la respuesta.

No sé por dónde empezar a describir a brisa, así que lo haré por la parte más fácil.
La conocí un día de marzo, mentiría si digo que recuerdo exactamente el día, y a decir verdad, lo primero que me llamó la atención de ella fue que estaba bieeen rica, no me vengan pues, que sean hombres, mujeres, o etcéteras (entiéndase por los indefinidos, ambiguos o como quieran llamarlos) lo primerito que ven es el físico, así que rapidito nomás me acerqué y todo canchero le dije con mi voz sexy de jhonny bravo "Hola nena!¿tú eres? y ella "Brisa...¿qué quieres?" y yo derrotado "Uy qué seriedad!" y ella con risita burlona, se fue.
Desde que la vi me pareció una mujer de lo más extraña, pero con algo que me llamaba la atención, y con esa risita del final, supe que no estaba tan descartado como creía.
Estábamos con un grupo de amigos en un bar, que a decir verdad, era bien feito, tan feito como la chica que atendía. Es que uno es objetivo, imparcial, al césare lo que es del césare (el tio empanada, saluditos!), en este noble arte de la rica literatura, uno puede ser de todo, menos mentiroso y mucho menos en un relato como este, o sea que reafirmo lo dicho, que la muchacha que atendía estaba bien feita, para qué.
El bar parecía cantina de obrero de la CGTP. Hasta el glorioso "Bar de Moe" está más decente. Las sillas estaban medio rotas, las mesas apolilladas y para colmo hubo peleas cada 5 minutos. Nosotros estuvimos al fondo, para que nadie nos perturbe, aunque era lo mismo, solo que otros no nos veían.

Bueno, como les decía, brisa estaba en la mesa del costado y fue una coincidencia haberla encontrado porque ella era amiga de uno de mis amigos, él fue el que me dijo "Mateo, se llama brisa, ya después te la presento". A mí me convencieron para ir al bar, ese día tenía que hacer varias cosas pero me insistieron y como siempre, no pude decir que no, felizmente fui, total, a uno le pasa lo mejor cuando menos se lo espera.
Brisa tenía los riquísimos 20 años de la vida, medía metro setenta, o algo así, una carita de ángeldemonio preciosa, ojitos miel, la naricita perfilada, el cabello super lacio y castaño, la boca de rojo escarlata, que le brillaba cuando se pasaba la lengua, toda sexy ella, era una provocadora en potencia. Y de cuerpo, ni qué decir, creo que ya dije que estaba rica no? bueno pues, no era flaquísima, pero tampoco regordeta como la mostrita que atendía el bar (que de cara era un espanto, y soy benevolente aún), sus pechos de jovencita de 20, bien formaditos, redonditos, yo sé, los vi, o los imaginé por el escote maldito que se puso ese día. Sigamos bajando, pillines, yo sé que quieren, la barriguita planita, que terminaba en unas caderas perfectas y con un traserito delicioso, redondito, sus piernas super masticables como chiclets y no sé si haya tenido algún defecto, pero en ese momento, estaba perfecta.
-Mateo, ven.
-Dime!
-Te voy a presentar a Brisa.
-Ya lo conosco...
-Cómo así brisa?
-De hace un ratito, por ahí...
-No pierdes tiempo tu, mateo.
-Ah! se llama mateo, bien, nombre de santito.
-Santito como el dueño
-Eso dices, ya veremos...
-Uy! mejor me voy, los dejo para que hablen...o quién sabe!

En realidad no hablamos mucho después, de frente hubo acción. Habíamos tomado mucho y brisa estaba empiladísima. Yo era vivo, pero ella era abusiva, así como la que atendía en el bar, que no era fea, sino abusiva...ustedes entienden, bueno ya, sigo. Brisa se acercó mas de la cuenta (y eso que la cuenta ya era bastante) y ahí mismito, en la mesita donde estabamos tomando, empezó el agarre de campeonato. Pero no fue un simple agarre pues, fue algo más...algo más excitante. Las lucecitas estaban bajas y los amigos bailaban. Nos paramos. Brisa metió su mano por debajo de mi pantalón, pero encima de mi boxer, así de una mientras me mordía los labios y yo le apretaba esos ricos pechos que tenía, yo estaba en mi gloria. Y caminando en esa situación, los dos malcriadazos, fuimos hacia el baño (pestilente baño de la chingana esa),que estaba oscurito y había un par de chicos en el urinario y del susto, del ruido que hicimos al entrar, se voltearon y entre las sombras, sin querer queriendo, les vi el pipilin, y probablemente brisa también lo haya hecho (contando las intimidades). Para ese momento, ella ya tenía sus manos abajo de mi boxer negrito (que dicen que es cábala, y me funcionó) las sacó y ahí mismito me sacó la correa Dolce & Gamarra (estaba medio misio pues) y yo pensaba en mi ebriedad "ay ya se me hace aguita a la boca por sentir tu boquita rica ahí abajo" y ella desabrochó el pantalón de drill con bolsillos a los costados, bien charlestone pe' varón, (ese si era quilcksilver, déjate de huevadas, porque uno tan misio tampoco es) y como quién no quiere la cosa, como hueveando me bajó el boxer y empezó la rica felación tan ansiada así rapidito nomás. Yo la jalaba, estaba empiladísimo, prendidazo, y ella lo disfrutaba, abría la boca y a veces me hacía doler porque mordía fuerte, qué estresante y placentero a la vez, hasta que de pronto escuchamos varias voces. Era un grupo de tipos inoportunos que entran sin tocar carajo, qué indignación, no se ponen a pensar en que puede haber personas adentro que estén disfrutando de lo único bueno que tiene ese bar, que es gilear y tirar en sus baños, en fin. Me indigné, atentan contra mi derecho a la diversión libre en los lugares públicos. Aunque Si yo fuera dueño de algun bar, privatizo los baños, porque claro, uno tiene necesidades que a la larga dónde terminan? en el baño. Y les pongo un percherito, y sillitas y espejitos, ay si yo fuera dueño de algo!

De la impresión brisa me mordió , se atoró y tosió, me dolió buenazo,yo subí mi pantalón y lejos de irse del roche, la muy chistosa me empujó hacia uno de los cuartitos donde están los inodoros, más conocidos en el argot popular como los ricos "waters" o "wateres" o para las clases altas "woothers" , cerró la puerta y me la cogió otra vez, porque del susto el muñeco se te pone alicaído, un poco triste y medio resfriado, y más aún que estamos en invierno, amigos lectores, hombres y etcéteras, ustedes entienden, y luego siguió la faena hasta que se levantó, malcriadaza y se sacó la correa, yo le sacaba el polo, le metí mas mano que a pasamano de combi, pero algo en mi ebriedad aún conciente, me detuvo: Los condones los tenía mi amigo, y ni modo que iba a salir con el colgajo afuera a decirle "oye fede, pásate los ponchos" enfrente de todos, y ni cojudo que fuera (porque estaba borracho, pero no cojudo) de tirar sin condón con alguien que recién conocía. Así que la detuve y le dije "No tengo condón" y ella de lo más tranquila (porque a brisa todo le daba igual) me dijo "ah ya, manya, yo tengo dos cajas en mi casa" Y yo en una "vamos pues, en mi carro" y ella "Te doy un premio si llegas así como estás, con el pipilín paradito hasta mi casa" y yo medio asado " No me vengas y termina lo que empezaste hace rato" y ella volvió a bajar y felizmente terminó, y yo también terminé con ella y nos fuimos.

Llegamos a su casa vivos, felizmente, porque en lima, manejar ebrio es un peligro, ya no hay seguridad para los conductores ebrios, no hay derecho, uno no sabe cuánta gente ebria irresponsable se puede encontrar que te chocan el carro y te manden en un dos por tres con san peter. Uy! hablando de san peter, les cuento pues, lo que pasó al llegar a su casa (a la casa de brisa, no a la casa de san peter, felizmente no morí) Antes aclarando que yo era un muchachito de 22 años, inocentón y decepcionado del amor y que ese día brisa me mostró de otro punto de vista el mundo.
Fuimos de frente a su cuarto, que era algo raro, parecía de hombre desordenado, y entonces se sienta, me besa y otra vez el rico torteo y las manos, y uno encima del otro hasta que me dice "Espera, voy a traer algo" y no podían ser los condones, porque los tenía en su mesita de noche, en eso se aparece con un paquetito chiquitito y con dos chelitas en lata y dos cocacolitas, y me dice "sírvete" y yo "What the fuck?" y en eso, desdobla el papelito, saca su DNI y se mete un tirazo delante mio, conchudaza me pregunta "Gustas?" y me dice luego "No jodas que tú nunca, si tienes una cara de pastelero bravísima" mientras se limpiaba la naricita perfiladita y yo " No alucina, no sé..." Y me tomaba la latita de cerveza que me había traído de una, hasta que me moví, me armé de valor y le dije "Pasa pa' acá" y como ya la había visto, tenía fresquita la técnica, no podía fallar. Chapé mi carnet universitario (Tenía que ser con eso para vivirla más y para el recuerdo, obvio) y slaaa como aspiradora, jalé todito y brisa "como pendejo no? pareces profesional" y obviamente me puse locazo, rojazo, hinchadito, se me volteó todo, sentí la rica euforia, puso un set de sassha en el CreamFields Buenos Aires y volamos un ratito, Gracias por malograrme brisa, gracias.

Después tiramos. O sea, el rico canchis canchis pues, porque de tiros de la rica coca ya estaba bueno, tampoco me quería poner más duro que poto de muñeca, no así no, jamás. Esa noche inventamos 20 poses (exagerando siempre) y nos acabamos toda la chela que había en su casa, tiramos mas de dos veces, tal vez tres o cuatro, al final la extrema ebriedad no me permite recordarlo.
Al otro día la empleada toca la puerta "Señorita brisa, las dos de la tarde, está ahí? y brisita malogradaza y rojaza " sí, en la compuuuu, más tarde como teooo" y yo pensaba (para mí que esta señito es la mamá de la chica que atiende el bar, se parecen bastante, y teodora todavía se llama, sí, de hecho es su vieja. Pero lo pensaba en sueños y de pronto otra vez la voz " Señorita, su tía valeria está abajo" y ella "Carajo Mateo, levantate y anda! saca tu carro pero ya!"y yo chinazo "diez minutitos más pues..." Y al final me tuve que levantar y salir por su ventana, mismo malabarista, tirar techo y bajar cual choro por los arbustos,y fácil que la hacía como raterito porque tenía una cara de préstame 50 que te devuelvo 20, ustedes entienden amiguitos. Pero antes me dio su número de clular y como sus papás estaban de viaje en Francia, sería más facil verla.
Así conocí a Brisa, así tiré por primera vez en un baño público y así jalé coca también por primera vez, entre muchas otras cosas que no hubiera hecho esa noche si no hubiera conocido a la rica brisa, la cual me pertenece, aunque a medias, porque la gran brisita tiene enamorado, y yo ni loco me enamoro, pero a ella le debo el haber conocido el mundo de otra forma y haber tenido el día más extasiante de mi vida, entre muchos otros con ella también, que después contaré.

miércoles, 24 de junio de 2009

Yo pagué tu viaje al paraíso

Santiago cogió el teléfono y se quedó pensando un momento. No estaba lo suficientemente bien anímicamente como para mantener una conversación, pero necesitaba hablar con alguien, y él sabía con qué persona lo debía hacer, había tenido una semana terrible y tenía que salir de sus tensiones.

El teléfono empezó a timbrar.

-Aló?
-Aló, Oscar, soy Santiago, interrumpo?
-Oye, San, no, solo que recién me despierto.
-No me vengas pues, son las dos de la tarde.
-Anoche me la pegué mal hasta las seis de la mañana...
-Y ese milagro? si tú nunca toneas hasta tan tarde...
-Ya, ya, no seas cachaciento. Mejor dime qué pasó?
-La verdad...necesitaba hablar con alguien...
-Uyayay, estás romanticón.Pero ya te dije que yo no soy marica, ni bisexual,, tú no entiendes.
-En serio Oscar, te hablo en serio- Dijo Santiago con un tono de seriedad.
-Está bien, discúlpame. Pero, qué pasó? por qué estás con esa voz tan apagada?
-Me han cagado hermano.
-Ah, carajo. Cómo así? no me digas que es sobre Tamara.
-Sí, es Tamara, pero prefiero contártelo personalmente, tomando un café o algo.
-No digo, medio mariconcito eres, un café, un café...café es para cabros, vamos a tomar unas chelitas!
-Tú sabes que no me gusta la cerveza, pero bueno, te acepto un roncito, o no sé.
-Ah caray, como pendejo, bueno ya pues, vamos a que me cuentes tu roche.
-A las 10, después de la comida, en el bar del caramelo.
-Allá nos vemos.

Caminó la cocina, estaba descalzo, tenía frío, pero su flojera hacía que no se pusiera las medias. Desde que vivía solo, nadie se encargó de él, y poco a poco tenía que acostumbrarse a hacer solo sus cosas.
Al llegar, se preparó un café caliente, era adicto al café, sobre todo de noche, además era invierno y hacía frío; de pronto, vio la foto de Tamara sobre el repostero, le dio nostalgia y se puso algo melancólico. Esa foto llegó hasta allí por una sensilla razón: Santiago era muy desordenado, y porque quería tanto a Tamara que la llevaba a todos los lados de su casa.
La tarde pasó rápido, entre juegos de play station y cafés, siesta y lectura, hasta que dio la hora de ir hacia el bar del caramelo.
Ambos fueron puntuales, estaban bien abrigados y lucían bien vestidos, como si fueran a alguna reunión importante en alguna empresa, o alguna de esas diligencias por demás aburridas.

Se saludaron y pidieron dos vasos de ron con Coca Cola.

-Oscar, hermano, hace dos días que no duermo, estoy a punta de café.
-A ver, qué pasó?
-Estoy enamorado de una puta.
-Qué?
-Sí, como oíste.
-Sigues yendo a mataderos tú, no? Bien arrecho estás...
-No! huevas, estoy enamorado de una puta, pero no de esas que cobran, sino de una peor.
-Y Tamara?
-Ella es...
-Qué?...Tamara parece tranquila...
-Nada es lo que parece, si supieras.
-Cuéntame pues.
-Fue el sábado. Me invitaron a la fiesta de la hermana de Carmela, que es amiga de Tamara. Fue por separado, primero le dijeron a ella, luego a mí. Al principio no iba a ir, pero Felipe me llamó y casi me obligó, no pude decir que no. Esa noche primero tenía que ir a casa de mis viejos a cenar, llegué algo tarde y nos entretuvimos en la sobremesa, luego me bañé, me cambié y me fui. Al llegar, busqué a felipe para que e acompañe y poder estar en un grupo. Era tarde, ya todos estaban en nota, llegué en la cumbre de la fiesta, en lo más rico; de repente, fui hacia el fondo del salón. A medida de que avanzaba, el olor a marihuana era más fuerte, y entre las sombras veía los cuerpos más pegados que se tocaban con lujuria, se comían. De pronto, volteo la mirada y en una esquina veo a Tamara entre las sombras, pero sabía que era ella. Estaba con un tipo, juntos. Ella estaba encima de él, sus piernas apretaban su cintura contra la pared, él le besaba el cuello y metía su mano debajo de su sostén, no te miento, el chuchasumadre le estaba aprentando los pechos y movía su pelvis adelante y atrás, ella lo jalaba del cuello, entiendes? lo jalaba del cuello y llevaba su cara hacia su pecho, estaban tirando carajo, con ropa, enfrente mío, me ponía los cachos en mi cara, huevón, maldito, perra ella.
-Mierda, no te creo...no puede ser...
-Encima creo que estaba drogada. Levantó la cara y se rió la muy basura, me vio, yo lo sé, la luz de uno de los domitorios se reflejaban por ese lado. La muy puta tenía cara de drogada, más tiesa que poto de muñeca, no te miento, como si no sintiera nada, pero yo sé que sentía todo, te das cuenta?, mira si no es para desaparecerla.
-Tranquilo...pero se pasó ah...bueno y qué hiciste?
-Me quedé viéndolos, yo recontra masoquista, callado, absorto. Luego me fui rapidito, llorando, todo huevón.
-Los hombres no lloran!
-Oscar, solo los maricones no lloran.

Santiago estaba triste porque hace mucho no se enamoraba de alguien, y ahora que l había hecho, no entendía cómo el destino se podía enzañar de esa manera con él.
Se quedaron largo rato conversando. Santiago le contaba más y más sobre Tamara, recordaba todas las cosasque habían pasado y se torturaba más y más con la música. Ya iban tomando varios vasos de ron con Coca Cola, la noche se sentía cada vez más fría en el bar. Por la ventana e podía ver la espesa niebla que envolvía el cielo oscuro de Lima, tan oscuro como el corazón de Santiago.

En eso, entre vaso y vaso, conversaciones y humo de cigarrillo (porque oscar fumaba que daba miedo, como si se hubiea incendiado, y como era blancón el muy marica, se ponía rojo, con los ojos chinitos, bien rosquetito se le veía) sonó el celular de Santiago; era un mensaje de texto:

"Santi, necesito hablar contigo, explicarte las cosas, por favor no vayas a hacer nada, esty en miraflores, necesito verte. Ven a buscarme a casa de Claudia, te amo mi amor."

Lo firmaba Tamara. Santiago cambió su etado de ánimo de un momento a otro, Oscar hechó una bocanada de humo y le preguntó qué había pasado.

-Es Tamara...quiere hablar conmigo ahora, la muy perra, y todavía me dice "te amo", lee!
-No me vengas! vas a verla?
-No sé, qué hago?
-Estás con botella y media de ron, si tienes los huevos suficientes para escuchar las porquerías que te va a soltar, anda, hasta tal vez la puedes hacer sentir mal, hacer que te pida perdón como un perro, de rodillas...bueno, como una perra, no?
-No sé, creo que sí...acompáñame por favor...
-Uy! correlón y arrugón, toda tu vida vas a ser un correlón...ya vamos! pero yo te espero a una cuadra de la casa de la popular semáforo...
-Semáforo? por qué?
-Después de las doce, nadie la respeta.
-Ve! Claudia no es así.
-Lo mismo decías de Tamara, santiaguiño
-Ya ya, no te me prendas tampoco, vamos de una vez. Por cierto, no tendrás 50 luquitas que me prestes?
-Mira este comodín carajo! Ya ya, me pagas el fin de semana, necesito salir con Romina.
-Esa si es la popular teléfono público...
-Por qué ah?
-Le echan la moneda y le meten los dedos...así me han dicho ah. Tú sabes que es la amiga del pueblo, parece piñata, todos le quieren meter mano y ganarse con la sorpresita...
-Oye no te pases y apurate nomás...Oye, oye, toma este pañuelito
-Para qué?
-Para que te pulas los cachitos y te presentes bien mientras vamos pues, huevas! jajaja
-Puta qué chistoso.
-Ya may! vamos rápido que tengo frío.

Estaban con el trago encima, se habían soltado mucho, aunque Santiago estaba triste y había tomado más; Oscar, como estaba con el carro, se controló y bebió menos, él quería que santiago se embriague, que se olvide de Tamara, al menos por esa noche.

Camino a casa de claudia, el ánimo cambió. Estaban callados, como si pensaran en cosas muy íntimas ambos. Oscar fumaba un cigarro y manejaba. En la radio se oía una balada ochentera, con buen solo de guitarra melódica.
Llegaron. Santiago bajó del carro y tocó el timbre, abrió Claudia. Pasó. Por fin pudo ver a Tamara cara a cara, después de noches de insomnio por su culpa.

-Santiago, amor...
-Saca tus asquerosas manos de encima, Tamara.
-Deja que te explique...ese día estaba mal, no iba a ir, me drogaron en la fiesta! ni podía recordar lo que había hecho, te lo juro, créeme por favor, yo te amo...

Claudia decidió irse de la casa, dejarlos a solas, volvería cuando Tamara la llame su celular.

-A dónde quieres llegar? ya sé la basura de persona que eres, lo inestable que puedes llegar a ser, mírate, no vales nada, no sirves para nada, dependes de todos, para lo único que sirves es para tirar y drogarte y hacerme mil veces cachudo, qué asco me das...
-No me hables así, a mí me drogaron, entiende, no sabía lo que hacía, después fumé marihuana y terminé peor...yo no quiero perderte, por favor.
-Debiste pensar eso antes de hacer tus mierdas, me jodiste la vida porque yo te amaba, tú sabes que por ti daba todo y mira, así me pagas...mírame a los ojos! mírame! dime, es justo, ah, lo es?...si yo lo hubiera hecho, qué hubiese pasado? Nada va a ser igual, ya no me importas, no me importa ser más el hueso raído de una perra como tú.
-ME LASTIMAS SANTIAGO!
-TU ME JODISTE LA VIDA! ME MATASTE! no quiero que te vuelvas a acercar a mí en tu vida, quédate con tus porquerías, con tus vicios y orgías, no quiero tu cariño, NUNCA TE VOY A PERDONAR!

Tamara se acercó de un momento a otro, tenía la cabeza abajo, miraba al suelo, sacó su mano derecha y con violencia la estiró cual resorte hacia la cara de santiago; un cachetazo certero, lacerante, hiriente. Él se contuvo, no quiso reaccionar. La que lo hizo fue ella. Inmediatamente después lo abrazó y empezó a llorar. Con las dos manos le cogió el rostro, intentó besarlo. No pudo, él se resistió, la sacó de encima, ella insistió, él cedió, tal vez por amor, porque la quería, porque en el fondo sabía que era la última vez que la iba a ver, y que no iba a poder olvidar tan facilmente los tres años que tenían juntos.
Se empezaron a besar con furia, con odio, como queriendo sentir el dolor, como matando cada recuerdo, como si fuera la última vez. Él la besaba y la odiaba más, ella se arrepentía en cada rose de labios...En el fondo, Tamara tenía un plan, un plan digno de sus transtornos, de su bipolaridad, de su vesanía, de su inmensa soledad y su falta de cariño, de su vida de mierda.

(En este momento, escribiendo esta historia, diré que la odio, aunque sé que nunca me podré vengar)

Tamara era conciente de que volver con Santiago era imposible, lo conocía y sabía que después de todo ella no tenía la más mínima opción terrenal para estar con él, pero tal vez sí podía tener la eterna.
Tamara fue caminando con él hacia el cuarto de Claudia. Se seguían besando ferozmente, ninguno paraba, era el momento perfecto para ejecutar el plan, para hacerse al fin uno solo y olvidarse de todo, de ser felices al fin, de amarse sin límites, de ser puros, limpios, de escapar de toda la mierda en bruto que es el mundo, el lugar feliz los esperaba, donde solo ellos serían sus dioses, sus jueces.
Se soltó de él por un momento y le dijo: "Yo te amo y no voy a permitir que nunca nadie te toque, vas a ser mío siempre, nunca me vas a dejar", Santiago respodió inmediatamente: "Tal vez después de hoy, nunca me vuelvas a ver, te voy a olvidar, te lo juro, eres una puta, pero te amo, y por eso te voy a olvidar."
Se besaron más intensamente aún, mientras ella tocaba el cuerpo de él, los dos de pie, metió una mano al bolsillo izquierdo de su saco: "Me vas a amar toda la vida amor, bienvenido al paraíso, te amo eternamente..."

Apretó el gatillo y le disparó directo al corazón. Vio caer el cuerpo al suelo, inmutable.
Cargó el arma otra vez, abrió su boca, introdujo la pistola en ella, apretó el gatillo otra vez, disparó.
Se mató también.
Los cuerpos terminaron uno encima del otro, la sangre emanaba de cada uno y se mezclaba, ella lo había planeado todo, era la única manera de estar con él eternamente, de no perderlo. Ese cerebro de mierda que tenía, sus ideas locas y su afán de morirse y matar la existencia, los sueños y las ilusiones de Santiago. Tanto lo quería que terminó matándolo, porque en el fondo la que se odiaba era ella, siempre ella, egoísta de mierda, la odio.

De el resto de la historia queda poco:

Oscar y claudia se encontraron una hora después, los dos estaban preocupados, entraron al departamento, vieron el horror juntos, se quedaron inmóviles, sin saber qué hacer y sin entender qué diablos había pasado en ese maldito cuarto, ambos lloraron en silencio, ese silencio espeso, crudo, ese silencio de muerte.
Ya no vale la pena contar los pormenores de lo que después fue el cepelio, el entierro. Ya no importa, pero si hubiera podido hacer algo para retroceder el tiempo y haber hecho que santiago no conociera a Tamara, lo hubiese hecho mil veces, porque aunque ha pasado mas de un año, me acuerdo como si hubiese sido ayer, y me preguntó por qué carajos el amor llega a ser todo, absolutamente todo, menos amor. Por qué es más muerte que vida, por qué Tamara fue tan egoísta y obsesiva, por qué santiago nunca pudo ser feliz, por qué no encontró a la persona adecuada, por qué no está hoy aquí...

Santiago era mi hermano. Tenía 21 años cuando lo mataron en el departamento de claudia, en la avenida Larco, en miraflores. Estudiaba literatura en la universidad Católica. Yo tengo ahora 19 y sé que, a pesar de todo, él hubiera querido escribir su historia, la historia de su último día, de su última noche, de su muerte, y yo, desde aquí, lo he ayudado en algo. También he entendido de que el amor puede llegar a veces a límites insospechados, y lo puedo sentir cada vez que vuelvo a casa y no está él, y no me acompaña a pelotear, a jugar play, aunque viviera solo, ya no me bromea, no me habla, solo siento que está su espíritu, pero él, no.
Oscar es ahora como mi hermano, él aún no lo supera, era su mejor amigo, pero ha visto en mí a Santiago, la parte de él que se quedó aquí, y yo también lo puedo ver en él, nunca lo vamos a superar.
Santiago era mi hermano...y esta fue la historia de las últimas horas de su vida, y sé que dondequiera que esté, la leerá como si él mismo la hubiese escrito.
No te preocupes hermanito, igual, después tu pagarás mi viaje al paraíso.
Lo olvidaba...también lo escribirás.

jueves, 14 de mayo de 2009

El último sueño

Las palabras me sobran, abundan, están exentas de dolor, de infinita mustia. Las palabras son eternas, se envanecen, se vanaglorian, juegan a ser magnánimas.

Tus palabras, dentro de esas palabras, me faltan, escacean, carezco de vocabulario, es indescriptible lo que siento cuando te veo y se van las palabras.

Lunes , 4:35 pm, el maldito paradero otra vez. Te veo con la remera azul a rayas, el pantalón gris y las zapatillas converse, las dos coletas y el bolso negro, ahi parada, con las piernas juntas y los brazos a media altura, con las manos en tu boca. Tus ademanes son perfectos, esa manera de pararte, esa dulce mirada que contrasta con cada rayo del sol que se proyecta desde allá, donde algún día llegará tu luz. Tu luz, como la del ángel que me dijo en sueños que existías, que me ayudó a conocerte, que me cruzó en tu camino.

Ese frío invierno que eres tú para mí.

Cuando estás ahi, ese momento sagrado, la pleitesía de lo que siento hacia lo que proyectan los ojos de tu alma, el furor de sentir que estás cerca, y las palabras se hacen cortas, me faltan, no están.

-Tu...tu...tu eres Elisa?

-...

-Sí!Elisa, así te llamas, yo te ví en sueños cuando casi moría...

-Perdón?

-Lo lamento, fui un imprudente...yo solo quería conocerte.

-Jajajajaja, vamos! no lo tenías que poner tan "enigmático" entonces. Me llamo Kelly, y tú eres?

-Yo soy Gabriel. Siempre te he visto, probablemente tú no, pero yo siempre te veo.

-Así? mira tu, eres un espía, no serás violador no?

-Imposible.

-Ah ya qué bueno, ando medio sicoseada con eso y con los taxis,etc ,etc.

-No soy violador, tranquila kellyta. Soy antropófago. y tú eres mi próxima víctima.

-Jajajajaja, no tienes cara de antropófago ni de nada que tenga que ver con maldad.

-A ti te parece?

-Obvio. Pareces buen chico. Espero no equivocarme.

-Yo espero jamás equivocarme, de hecho, sé que hoy la vida no se equivocó y estoy en el lugar donde siempre debí estar.

-A qué te refieres?

-A que estoy contigo.

-Y yo qué tengo que ver con que la vida no se haya equivocado contigo...

-Porque siempre quise conocerte. Y por fin lo conseguí.

-Conocerme? oye, te debo?

-No tontita, es que tuve un sueño contigo. Te llamabas Elisa, estaba enamorado de ti y bueno, ya te imaginarás, aquí me tienes, por fin cerca, muy cerca.
-Qué miedo...
-Ya bueno, tranquila, podemos ser amigos al menos, o intentarlo claro. No tenemos ni 5 minutos de conocernos.
-Jajaja, no tengo la más mínima idea de quién seas pero bueno, supongo que también vas a la universidad.
-Sí, claro. Y me gusta más ir cuando te veo subir al mismo carro que yo.
-Mmm
-Juro que mis intenciones no son malas, solo que soy un poco...ehh...bueno, digamos que tengo "incontinencia verbal".
-Jaja, estás loco Gabriel.
-(Loco por ti, aunque nunca se haga realidad mi sueño, tal vez).
-Cómo dices?
-Nada nada.
-Bueno, oye tu cuántos años tienes?
-Qué linda eres cuando me preguntas las cosas y me miras a los ojos, y gesticulas, y...
-Oye, ya pues, deja de gilearme.
-No, no. Te juro que no. Es que es inevitable kellyta, hace más de un mes te veo a diario aunque tú no lo sepas, porque me gusta verte, porque tienes algo que puedo sentir, algo que encaja conmigo, es por eso que estoy así ahora. Porque por fin te conocí.
-Tengo enamorado.

Tus palabras lacerantes, hirientes, incisivas. Me mató olímpicamente el retumbar de cada letra de esas dos palabras últimas que dijiste. La tarde fría, la niebla en medio, y desde adentro, como si fuera una lanza de dardos afilados, invade, se apodera de mi cuerpo y de mi corazón un sentimiento de angustia, de desazón, de decepción. Te sigo mirando, me gustan tus gestos, maldita sea, amo tus gestos, el fuego de tus ojos, tu mirada de cielo azul, por ti me vuelvo cursi, como ahora, pero la imbecilidad de mi parte es atrevida, debí ir poco a poco, me arrepiento.
Ahora qué hago? te tengo en el pensamiento como la sangre en las venas, como el sol en la vía láctea, y no puedo. Llegué muy tarde? dímelo, necesito saberlo, por favor...

-Mira tú...qué bien! y cuánto tiempo llevan?
-Un mes y medio!
-(Si tan solo me hubiera atrevido a hablarte hace un mes, ese mes que te sigo y que no me atreví a decirte nada)...Y cómo te va? se deben querer un montón.
-Ay! es que no tienes la más mínima idea de cómo es el conmigo...Es la persona mas cariñosa de la tierra, es lindo, me encanta, me conciente, me quiere demasiado, yo lo adoro, es mi vida te juro, hace tiempo que no conocía alguien como él y wow estoy feliz de tenerlo a mi lado, me saqué la loteria...
-(Mierda, por favor no sigas, no me destruyas más...)
-Él es lo mejor que me ha podido pasar...
-Me imagino Kellyta, qué bueno, unos que son tan felices y otros que...
-Tú eres feliz?
-(Solo tú me podías hacer esa pregunta, por eso te amo)...Yo feliz? no sé, cada quién tiene su concepto de felicidad.
-Y para ti qué es felicidad?
-Ah, buena pregunta pues, para mí felicidad es la capacidad de sentir que lo que hacemos, pensamos y sentimos está bien. Cuando uno logra hacer uno solo, esos tres conceptos, creo que alcanza la felicidad. Es no depender de nadie, ser uno mismo, sentir uno mismo.
-Bien,bien, qué genial. Tu quieres ser escritor no?
-Jaja, digamos que sí, pero cómo supiste? (hasta en eso me conoces)
-Lo supe porque me hablas como si estuvieras escribiendo.
-Es que yo siempre escribo...
-Y de qué escribes?
-De ti.
-...
-Lo siento, ya sé que tienes enamorado, pero para mí, sigues siendo Elisa.
-De verdad me soñaste?
-Te juro, y nunca me arrepentiré.
-Eres muy extraño, me has dicho todas estas cosas y solo te conozco hace minutos...
-Es que yo te conozco hace años. Tú has vivido aquí.

Tomé su mano y la llevé hacia mi pecho, a la altura de mi corazón, la miré a los ojos y ella me quitó la mano y volteó la mirada. Ya no tenía nada que perder, solo quería hacer eterno ese momento. Vi a los dos ángeles que la cuidan encima de su cabeza, ella se ruborizó y volteó a mirar la calle, había llovizna, las calles estaban oscuras, yo acosté mi cabeza sobre el respaldar del asiento, me puse los audífonos, cerré los ojos y dejé volar mi imaginación:


-Mi amor, despierta!
-Kellyta, preciosa, si, me quedé dormido.
-Ya vamos a llegar, anoche ha habido mucho trabajo, ya terminaste todo?
-Sí, felizmente, ya todo.
-Ya! genial, vamos a bajar pero antes...

Ella me cogió de las manos, me dijo que me quería, que nunca quería separarse de mí. Me miró a los ojos y suavemente fue abriendo sus labios, acercando su carita hacia la mía, pude sentir su nariz y el furor de su mirada que iba reposando como si fuera cisne en el lago. Me empezó a besar. Lo hacía siempre, nunca se guardaba nada, me ayudaba con los deberes, estaba pendiente de mí, jamás se aburría, yo sin ella no era nada...bueno sí, tal vez exagero, pero la amaba mucho.
Te juro que jamás voy a permitir que nada malo te pase Kellyta. Lo juro. Porque sin ti las razones no son iguales, gracias por cruzarte en mi camino, gracias.




-Oye, Gabriel, ya vamos a bajar! Te has quedado dormido? jajaja.
-Ah?... qué?... dónde?...cuándo?...mamá!
-Oye tranquilo!jajajaja Lima, Perú, el carro, la universidad, la gente, el estrés.
-Ok, ok, me ubiqué, solo que me sacaste de un sueño increíble.
-(Demonios, ya estamos bajando, siento que es la primera y la última vez...)
-Y qué sueño ahora? tú sueñas demasiado por lo que veo.
-Sí, bueno te cuento, fue increíble...
-Paaaaaam! hooola!
-(Maldita sea, la amiga...)
-Kelly!cómo estás!acompañada por lo que veo!
-No, yo ya me iba...
-Pam, él es Gabriel y lo acabo de conocer en el carro. Es extrañísimo.
-Hola!
-Hola, mucho gusto, bueno llego tarde a mis clases, nos vemos, y tú kelly, sé feliz.
-Yo siempre! jajaja


No le pude contar el sueño. Siempre he dejado inconclusas las cosas más importantes de mi vida, pero solo quería contar algo más de nuestra historia. No sé si algún día leas esto kelly, pero tu debes saber que mi corazón está contigo y que ese fue -a pesar de todo- el mejor y a la vez el peor viaje de ida a la universidad. Es que tu eres así, me subes al infierno y me bajas flotando al cielo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Te espero en las estrellas

Elisa siempre estaba ahí, desde el primer día en que vi sus grandes ojos y esa risita tierna esperando el bus que la llevaría a la universidad. Elisa es pequeña como mis posibilidades de enamorarla, es pequeña como la canción que compuse hace tres días pensando en ella.
Era mediodía, hacía bastante calor, la vi por primera vez. No recuerdo bien el día porque como todos saben, soy pésimo con las fechas. Estaba en la acera de enfrente y era la primera vez que iba a tomar el bus en ese lugar; desde ese momento, no cambié más de paradero, algo me atraía hacia allá, una fuerza que me dejaba absorto y apresuraba mi ritmo normal cotidiano, que me dejaba exento de inmiscuirme en explicaciones baladíes sobre lo que sentía o pensaba. Es que era ella, ella hacía que sienta eso, que cada día salga con la esperanza, por más mínima que sea, de encontrármela.
El primer día subí con ella, la vi sentarse a tres asientos de donde yo lo hize, me quedé todo el camino impávido viendola, escuchando música en el mp4 y con el calor de una tarde de verano. No tenía ni la más mínima idea de cómo se llamaba, de cuántos años tenía, de qué estudiaba, de dónde vivía y como si eso no fuera ya bastante desalentador, ni siquiera sabía si se había dado cuenta de mi existencia minúscula que la observaba con una voracidad feroz, como si la viera con los ojos de la parte más profunda de mí.
Justo era lo que pensaba. Elisa bajó en la universidad, iba adelante y decidí hacer algo propio del detective más ducho en esos menesteres: Seguir a mi potencial víctima hacia su lugar de destino. Mantuve una proxemia prudente, como para que no se diera cuenta de que la estaba siguiendo (De hecho, ni cuenta de que existía se había dado), cruzé con ella toda la calle y entré al fin a la universidad. Siguió por el pasillo de entrada, pasó por la plaza colindante a la biblioteca, pasó el pabellón principal de la facultad y entró por fin a su aula, primer ciclo de psicología. "Aquí es, al menos sé algo más de ti" pensé casi en voz alta.
Durante toda esa semana nunca se me fue la imagen que tuve de ella desde que la vi, parecía raro pero es como si la hubieran pintado con indeleble en cada neurona, en cada parte del cerebro que permite la memoria, estaba ahí, siempre. Esa misma semana la vi un par de veces más a la salida de la universidad, en las mañanas me volvía a encontrar con ella en el bus pero siempre era lo mismo: La miraba, la miraba, la miraba, no me atrevía a decirle nada. A veces subía con dos o tres amigas más, a veces sola, a veces me volvía a verla y cruzaba mi mirada con la suya, entonces entraba como una lanza a mi estómago una ráfaga de aire helado porque su mirada es tan fuerte que me intimida, y lo hacía más aún cuando la veía así.
Yo quiero decirle algo, hablarle, pero no sé cómo, no puedo, no soy lo suficientemente valiente para decirle que desde que la vi he pensado en ella, me he imaginado el momento en que me diga que sí, he idealizado cada sonrisa como si me la diera a mí, cada mirada, cada gesto, he pensado en que sigue siendo tan perfecta como la vi al principio aunque yo sea tan cobarde y haya siempre algo que me reprima y no pueda hablarle cuando tengo la oportunidad.
Elisa realmente no se llama Elisa. Ni siquiera sé cómo se llama, ni cuántos años tiene, si está con alguien o si piensa en mí igual que yo. No tendría sentido que lo haga porque sigo siendo un ignoto, un foráneo para ella, una persona totalmente alejada a su realidad pero que casi a diario ve. Elisa probablemente nunca lea esto que escribo sobre ella. Tal vez pronto yo muera y ella no sepa que la amé desde que la vi por primera vez, pero quise dejar el comienzo de una historia de la que probablemente jamás sepa el final, o, tal vez yo mismo sea el encargado de escribir y vivir ese final que anhelo con todas mis fuerzas.
Elisa seguirá estando, nos seguiremos viendo por un tiempo más, nos seguiremos citando como dos enamorados que van presurosos a encontrarse en una cita de amor, yo la llamo con el pensamiento, ella tal vez lo sienta y aparezca ahí, donde siempre la quiero ver.
Si llegas a leer esto, si te llegas a enterar de lo que siento por ti, sabrás que esta carta no la escribí hoy, no la sentí hoy y no fue física. Esta carta es tuya, esta historia solo tú puedes terminarla aunque dependa más de mí, pero por favor, si llegas a saber de mí, hásmelo saber, no me niegues la posibilidad de saber que al menos sabes algo. Elisa, dondequiera que estés siempre voy a pensar en ti, me voy a subir a una estrella y allí te voy a esperar...te amo.


De pronto sintió que una fuerte punzada al corazón lo despertó. Gabriel estaba tiritando de frío, había soñado toda la noche, pero no tenía claro lo que se le había pasado por la mente, no lo podía recordar, solo recordó a Elisa, sus ojos grandes y bellos y su sonrisa tierna.
Un doctor apareció para hacerle el control diario respectivo, el cuarto del hospital lucía vacío. A Gabriel nadie lo visitaba, se moría casi solo, como estuvo practicamente toda su vida. Vino a soñar lo que tal vez más anhelo durante toda su existencia: Tener alguien en quien soñar, con quien compartir, a quien amar, y de hecho, la vida le dio esa oportunidad, para que al menos en sueños, haga su sueño realidad; el no sentirse tan solo y tener la esperanza de que alguien le diga "te amo" antes de que muera, o que ese alguien lo saque de la horrible pesadilla que vivía al saber que ya pronto iba a morir.

lunes, 16 de marzo de 2009

La japonesita

Subí las escaleras de la casa de Kenyi y a decir verdad, no lo hize rápido como suelo hacerlo, ésta vez fue mas bien con parsimonia, casi rengueando, con abulia. No estaba tan animado a ir a esa reunión a la que, días antes, Kenyi me había invitado. Es que ya me había hastiado un poco de todo el trajín que implica ir a una reunión o fiesta: Alistarte, comer más temprano de lo normal, trasnochar, levantarte al otro día tarde y mal, etc, etc. No quería, pero bueno, ya estaba ahí y no había manera de volver, y felizmente no lo hize. Seguí subiendo las interminables escaleras, despacito, como si fuera a una emboscada a matar a alguien, sigilosamente, y en mis ojos se descrubrían cada vez más los amplios pasadizos de la casa de Kenyi, las ventanas amplias, los cuadros de algunos pintores famosos, el parquet brillante, un par de puertas con dibujos algo femeninos y por fin, su cuarto.


Era un dormitorio amplio, tenía en una repisa, una colección de muñecos de varios dibujos animados que coleccionó desde que tenía 3 o 4 años, era muy aseado, su cuarto estaba impecable, parecía el de una mujer y eso a veces nos asustaba. Tenía una cama de dos plazas que sus papás le compraron porque sabían cómo dormía: En diagonal y con los brazos extendidos,casi sin dejar libre un espacio de la amplia cama; tenía una computadora personal en su escritorio, una lamparita y sobre él, un libro de Antonio Santa Ana: Los ojos del perro siberiano.


Él era callado, o tal vez callado no, solo que hablaba cuando era necesario, también era de esas personas que tenía el chiste perfecto en el momento indicado, nunca decía nada de más. Era mi amigo desde que teníamos 6 años, en el primero de primaria y desde entonces fuimos inseparables. Pero la historia con él cambiaría ese día.


Tenía una hermana. había venido pocas veces al Perú pero hablaba el español perfectamente. Ella vivía con su papá allá y la verdad es que yo no sabía nada de ella hasta aquel día en que la vi cuando entré al dormitorio de Kenyi.


-Kenyi, hermano.


-Ya era hora Uzielito, ya era hora, tu siempre tarde.


-Lo siento hermano, el tráfico, tu sabes como se pone a estas horas.


-Ya pues, haste el sueco, en fin, coge una almohada y siéntate por ahí, ponte cómodo.


Empezé a saludar a todos, primero a los conocidos, que eran la mayoría, cuando de pronto mi mirada se detuvo fijamente en los ojos razgados de una niña, de piel blanca y lozana, mirada turbadora y narizita perfilada. Ella sostuvo unos segundos la mirada, yo no la bajé, aunque no puedo negar que tenía verguenza, pero por nada del mundo iba a bajar la mirada. Estuvimos así casi 10 segundos, interminables, descubridores,benditos. Luego supe quién era.


-Uzielito, cuidado con tu vaso de gaseosa oye.


-Ah? si, si, si...


-Oye no me digas que no te acuerdas...


-De qué?-constesté algo ensimismado.


-Kimiko. Ella es Kimiko, mi hermana. Oye, párate y salúdalo Kimiko, tu tampoco te has acordado.


-Tu eres Kimiko?...vaya que has crecido...


-Y tu sigues como te dejé, solo que más alto, aunque de ti mucho no me acuerdo Uzielito.


-Claro, eras una niña...


-Solo era menor por dos años oye, no te hagas el sueco tu tampoco.


-Igualita al hermano oye...


Nos distensamos. Kimiko era de las personas que sabía romper el hielo rápidamente, de las que solucionaba todo con una sonrisa; Kimiko sonreía hermoso y tenía una inteligencia brutal. Esa noche conversamos sobre economía, música y hasta de televisión, no le sentía algún acento japonés, al contrario, yo la molestaba y le hablaba raro.


-Oye, señolita japonesita, palece una gueisha loquita.


-Ay Uziel, ya pues.


-Kimiko 'Chan.


-Bueno! algo de japonés tenías que saber!


-Ves? tan bruto no soy.


Me gusto desde la primera vez que la vi y de hecho, yo no podía expresarle nada aquella noche pero fue como una de esas fuerzas extrañas, un misticismo a prueba de balas. La noche se fue perdiendo poco a poco y la conversación era interminable, era demasiado interesante, esos ojos razgados levemente, su cabello lacio y su sonrisa dulce, su sencillez, su perspicacia, sus ademanes, sus gestos, ella misma, era ella misma.


Eran casi las 5 de la mañana y seguíamos hablando, y sé que a ella también le gustaba hablar, porque siempre proponía un tema nuevo e inciábamos la discución. La japonesita me intimidaba. Sabía cómo hacerlo, sabía cómo hacer que me ponga nervioso, aunque era como si recién la conociera, como si hubiéramos vivido toda una vida juntos pero recién nos viéramos. Cuando me despedí le di un beso en la mejilla e inmediatamente le pedí su celular y su msn para no perder el contacto, que, obviamente no se iba a perder porque siempre iba a casa de Kenyi, pero , no solo iba a ir a buscarla a ella, no podía pecar de ovbio.

Ojalá y todo fuera como antes, japonesita.

Los días siguientes a esa reunión fueron similares. Nos veíamos a escondidas y felizmente Kenyi no sospechaba nada, todo iba bien, hasta que después de algún tiempo de conocer más sobre ella y luego de varias salidas informales, la invité a salir formalmente. Fue difícil, yo no sabía expresarme muy bien, era algo torpe con las palabras, y ella me intimidaba, me era difícil pero para la primera salida oficial ya tenía ideas rondandome la cabeza.Quería algo original, algo fuera de lo común, así que decidí llevarla todo un día de viaje, al sur, salir muy temprano y regresar casi cuando el sol haya puesto. Esa fue la primera gran salida que tuvimos.

Era invierno, fines de julio para ser exacto, Llevamos mucha ropa, la japonesita siempre se vestía bien, su ropa iba con su cuerpo y su cara, con su personalidad, amaba que se vista así, amaba sentirme cerca de ella. Salimos a las 7 de la mañana con una serie de pretextos que no recuerdo, había mucha bruma y teníamos algo de sueño, los pasajes ya estaban comprados, cada uno llevaba una mochila con algo de ropa, agua, galletas y cámaras de foto, MP4 y celulares; subimos al bus, ella me pidió el lado de la ventana y aunque yo siempre he viajado a ese lado, por ella no lo hize. La japonesita estaba cansada, hablamos un rato en el camino y luego se quedó dormida. Yo cuidaba de cada movimiento suyo, de cada respiro, de cada gesto que hacía mientras dormía. Tenía una forma especial, sublime para dormir. Ponía su mano derecha muy cerca de su cara y con la otra se abrazaba un poco, como escapando del frío. Yo no quería intentar nada, no quería arruinar nada, aunque me moría de ganas de abrazarla, y dormir con ella, hasta que de pronto abrió sus ojitos mientras yo la miraba...

-Me estás viendo?-Dijo sonriente y algo aletargada.

-Lo siento, yo...

-Shhh, no digas nada Uzielito, ven, acomódate más acá.

-...

-No tengas miedo, yo sé que puedes sentir lo mismo que yo, mira la bruma, no es preciosa? no quiero estar tan sola.

-No vas a estar sola Kimiko, nunca.

-Me lo prometes?

-Toda la vida.

El corazón me palpitaba a mil, estaba durmiendo con ella, la abrazaba, sentía su respiración, hasta lo que soñaba...era realmente increíble.

Bajamos en una playa casi desierta, donde muy poca gente llega, tiene la tranquilidad que solo tiene el mar cuando está en quietud. allí estuvimos, jugando, comiendo, divirtiéndonos, a pesar del frío, a los dos nos encantaba la idea de la playa en invierno. Después me di cuenta de que no fue un desacierto haber elegido ese lugar.

Al atardecer, el momento clave se acercó, yo tenía pensado hacerlo pero no me atrevía, no sabía cómo empezar...es que a veces soy muy torpe para eso, y echo a perder a grandes personas por mi torpeza, no quería que eso pasara, porque Kimiko era demasiado importante para mi.

Me senté a su lado y balbuceé algunas palabras...

-Cierra tus ojos y siente cómo la resaca del mal te hace sentir que estás viva por adentro...

-Lo puedo sentir, es genial.

-Abre tus brazos, sigue con tus ojos cerrados, imagina que puedes volar...

Le susurraba al oído las palabras que sentía y mientras más se intensificaba el momento, más nervioso me ponía, la japonesita me dio las llaves para ser feliz, pero también se las llevó.

saqué de mi bolsillo una hoja en la que había escrito un poema para ella. Seleccioné el mejor, le había escrito muchos, pero le di el mejor, se lo puse entre los dedos en una mano, y en la otra, le puse una flor que conseguí haciendo algunas cosas que no vienen al caso contar. La japonesita tenía en una mano el poema, y en la otra, la flor, le pedí que abra los ojos, yo estaba enfrente de ella, me miró, cerró los ojos y me dijo...

-Yo también te amo Uziel.

Había entendido perfectamente todo lo que estuve interpretando con cada gesto, con cada palabra, con cada acción, sabía mis movimientos, me estudió desde el primer día. La japonesita me quiso desde que me vio, y con esa frase me lo demostró. Ella sabía que cada cosa que yo hacía era para agradarle y aunque a veces no me saliera, aunque a veces sea demasiado torpe al hablar o al expresar lo que sentía, me gustaba la idea de enamorarla escribiéndole.

-Necesito algo para que mi cuento termine feliz...

-Qué necesitas?

-Que la princesa diga sí.

-Te amo, eres tan lindo...claro que sí!

Abrí mis ojos, y la miré a los suyos, pasé suavemente mis dedos sobre sus mejillas, se ruborizó, me acerqué, le dije que la amaba y la besé por primera vez, corrió un viento helado que poco a poco se tornó más cálido, las olas rompían en los peñascos y la resaca traía algún te quiero de la profundidad, alguna palabra alada que se depositaba en cada corazón.
El camino de regreso fue indescriptible. Veníamos abrazados, mirando por la ventana todo lo que nuestra vista divisaba, hablabamos poco, nos mirábamos, nos sentíamos bien, la besaba, era perfecto. Llegamos a Lima a las 8 de la noche casi y en un taxi llegué a su casa; tocaba la parte más dificil: explicarle a Kenyi. Felizmente lo entendió, la verdad es que yo pensé que me iba a golpear y a dejar más hinchado de lo que ya de por sí estaba, pero felizmente no, le expliqué e inutilmente desvarié entre palabras sin sentido cuando de repente me paró de golpe y me dijo una frase que la tuve un buen tiempo rondando por mi cabeza: "Si le haces algo, te juro que te saco la mierda". Lo había entendido todo, ya no había más problema, me felicitó, me abrazó, y fuimos a comer algo. Era la culminación perfecta para el mejor día de mi vida.
La japonesita siempre llevaba mi poema a donde sea. Lo tenía en su cuaderno, en su cartera o en su bolsillo, nunca lo dejaba, nunca lo perdió, hablábamos siempre, pasaba a buscarla a la salida de la universidad, nos íbamos a comer o a hablar, pero, curiosamente, nunca nos aburríamos. Teníamos miles de temas de conversación de todo tipo, me contó hasta lo más íntimo, que sus papás se habían sido infieles mutuamente y que una vez ella encontró a su mamá con otro hombre en su cama cuando ella llegó sorpresivamente de un viaje corto que hizo a una provincia al norte de japón. Así pasaron 6 meses, hasta que ocurrió lo que hasta ahora me cuesta y me duele recordar.
Estábamos felices, todo nos iba bien, pasamos inicio del verano juntos y estaba feliz porque no iba a viajar a Japón por sus vacaciones, enero estaba con su esplendor solar y los días libres, la podía ver seguido y alternabamos horarios con las clases de música y francés, no sospechaba lo que pasaría.
Japonesita, quisiera que estés aquí, leyendo mi historia.
Sábado de playa, nos juntamos un buen grupo de amigos y planeamos salir al sur. Algunos se quedarían y otros se regresarían en la noche en el carro de Mateo, un buen amigo al que también ahora extraño. Aquel día, sin presagiar nada, Kimiko y yo hicimos el amor por primera vez. Estábamos en la casa de playa de Ezequiel con los demás, de pronto, las cosas se dieron, sentimos que era el tiempo y pasó. Fue la demostración de cariño más grande que tuve y que pude dar, en cada beso, en cada caricia y palabra se nos iba ya un pedazo de nosotros poco a poco y el otro se quedaba con él, sentía que ahora vivía en mí como un todo, nos amamos más desde aquel momento. Bajamos a la playa, caminamos, éramos otros, era el mejor momento de nuestra relación hasta que llegó la noche, habían bebido ya bastante y Mateo estaba ebrio. Sin embargo se subieron al carro, yo no quería que Kimiko vaya, ella insistió en que sí, tuvimos una rencilla como no la habíamos tenido hace mucho, a decir verdad, casi nunca. Algo dentro de mí me decía que no la deje ir. Eran las 2 de la mañana y partieron.
Recuerdo que me despedí y le dije "Te veo mañana, cuídate, te amo Kimiko". Ella hizo un ademán y solo me besó la frente. Cuando estaba enojada, me besaba la frente.
El carro iba como una discoteca andante, con música a todo volumen y con Mateo ebrio. De hecho, todos estabamos un poco mareados, habíamos bebido y no estabamos en nuestros cinco sentidos. En plena panamericana, Mateo perdió la visión y no vió entrar a un camión que venía en sentido contrario a toda velocidad, giró todo lo que pudo el timón a la derecha pero fue en vano, el camión por inercia fue a dar a la parte lateral del carro, que dio varias vueltas de campana y terminó varios metros adelante de donde estaba, el camión lo fue arrastrando hasta que lo convirtió casi en un acordeón. Adelante iban Mateo y Kenyi, y atrás Kimiko, Tamara y Julio, los dos primeros, como iban adelante, usaban cinturón, los de atrás no. Kimiko se golpeó el cerebro varias veces y salió, por la fuerza del impacto, disparada por el parabrisa, ella iba al medio, su cuerpo no resistió el impacto y terminó de morir en medio de la pista, con poca respiración y con la inconciencia de todos, dos policías y minutos después, los bomberos.
Murieron dos: Kimiko y Julio, que llevaron la peor parte. Tamara se salvó de milagro, y a Kenyi y a Mateo los salvó el cinturón y el airbag. Recibí la llamada trágica. Quedé perplejo, no lo podía creer. Por algunos meses le tuve pánico al teléfono y a la vez tenía la esperanza ilusa de que ella me llamaría para decirme que estaba bien. Lloré 50 noches seguidas, recordándola, desde el primer día en que la vi, en la reunión, luego la playa, todas las veces que salimos y el primer y último día en que hicimos el amor, tal vez fue premonitorio, logramos consumar nuestro amor, logramos ser uno y ella se fue con todo de mi. Por las noches extraño su voz, sus interminables monólogos de te quieros y te extraños que recitaba para mí, la perfección de su sonrisa, la sencillez de una niña, la simpleza del sol, la complejidad de la luna, era todo lo que pude haber soñado, y ya no está.
Kimiko se fue una madrugada de verano y me dejó el corazón como el de un soldado abatido, como el de un poema sin algún verso. Esa noche, mientras viajaban, kimiko tenía en el bolsillo izquierdo de su pantalón, el poema que le di en la playa, aquel poema que ahora es un puente entre lo tangible que soy yo, y lo intangible pero presencial, que es ella.Me enseñó a sonreir, a hacer las cosas bien, a no enredarme tanto, me dejó sin miedos, me hizo mas decidido, me llevó a su ritmo, me enamoró, me conquistó, me hizo leer mil cosas, comprendió mis miedos, me hizo caminar, me dio aire, me hizo vivir. Te juro que si hubiera tenido el coraje de gritarte y decirte que te quedaras, lo hubiera hecho, pero siempre respeté lo que decidías, siempre, y ahora me arrepiento de haberte hecho caso ese día, porque no debiste irte, porque me haces falta, y siento que tengo gran parte de culpa, y la pena más grande que jamás nadie me pueda sacar.
La historia tuvo el final trágico, de los demás poco sé, fui al velorio y al entierro, escribí mi nombre en la lápida, dejé flores y dibujé un corazón con mis ojos en el mausoleo. Viajé a París porque no pude más con los recuerdos, yo también quería irme con ella y me tomó 4 años y medio escribir esta historia que sé que hubieras querido leer pero sin el final que tuvo.
La japonesita está mirandome siempre, ella guarda cada uno de mis sueños, me dice que me ama y me espera, y yo lo sé, yo lo siento, y se que pronto estaré con ella, más pronto de lo que ella cree...tal vez cuando termine de leer esta historia, ya la haya encontrado y hayamos cumplido todo lo que habíamos soñado.
Te amo japonesita. Te lo juro.
Aún en la muerte tus alas no se han cortado y tu alma puede llegar a mi, como siempre, y haya tenido el suficiente material para escribir nuestra historia.

jueves, 5 de marzo de 2009

Herejía

el cuarto inclemente está lleno de recuerdos
no deja ni un espacio para matar el tiempo
y corren como almas,mustios vuelan mis recuerdos
el día del verano en que yo te conocía.
se callaron las palomas,los jilgueros no cantaban
el último latido del abrazo de tu voz
me dice que de pronto todo esto ya se muere
te pierdes poco a poco,no te veo,yo sé ver.
aun el tiempo cuando pasa me dibuja una trampa
la vida no sabe ya sin ti pues nada bien
tu espíritu tan frío aún lo siento a mi lado
y siento como soplas con el viento tu amor.
se me acaba el corazon me duele tanto, tu no estás
el cuarto inclemente pierde notas de canción
la última te hize y quería que la veas
que nunca más te olvides de cuánto viví por ti.
ahora que has cambiado todo esto es más dificil
las olas no dibujan en la orilla tu rostro
y extraño el crepúsculo a tu lado cada tarde
me duele porque el mundo camina girando así
conocerás los príncipes de los reinos mas preciados
volarás junto a Dios tratando de vivir
ellos y el lino fino de sus ropas te merecen
tal vez y yo no fui eso que esperabas para ti
me toca recordarte desde un puerto tristemente
las aves ya no vuelan como antes cuando estabas
el sol ya no tiene ese fuego en su mirada
que tu con tu sonrisa eras capaz de prenderme
voy como un jinete en huida cabalgando
esta noche fría aún caminaré
y a orillas del recuerdo en una piedra estaré sentado
esperando lo que algun día
nunca podrá ser.
el cuarto inclemente está lleno de recuerdos...y aún te siento adentro...adentro de mi.

martes, 10 de febrero de 2009

Viaje en combi

Ayer tomé una combi.
Mejor dicho, la combi me tomó a mi.
Eran la 1 de la tarde con un sol terrible de verano y estaba en el paradero de la ruta 45 ó 53 ó 21, en fin, da igual porque nunca se respeta la ruta. Me iba a entregar unos documentos al poder judicial que supuestamente tenía que entregar a las 9 de la mañana. Lo peor de todo es que no tenía ni un real, ni un sol, y dije que la combi me tomo a mi porque estaba parado probablemente -hasta lo que me acuerdo- esperando un taxi por la presurosidad con la que tenía que llegar a concluir mi última diligencia, de pronto aparece una combi zigzageante entre la jungla de animales con llantas, evade a un camión de naranjas palpeñas y a un carrito de una viejita que hacía movilidad escolar a esa hora, arremete contra las personas y se empotra en el paradero...
-Al fondo hay sitio, acomódate a ver, colabora pe' mamita apégate al fondo pe'
-Avisa avisa!-grita el chofer
De pronto siento un mar de cuerpos atrás mío y salgo disparado hacia lo más profundo de la combi, allí donde casi no hay oxígeno.
-Al fondo hay oxígeno, colabora, apégate pe'.
Estaba con los papeles en la mano casi arrugados e intentando acomodarme y sentía piernas, manos, cabezas, etc, pateándome, tocándome, me sentí violado, y claro, es que la combi era tan pequeña que iba más doblado que sardina en conserva.
-Curvaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
-aaaaaaaaaaaaaahhhh-gritó la gente
-Oiga mañoso!se aprovecha de la curva
Una señora gritó porque tenía atrás a un viejo mañoso que se aprovechaba de las curvas y de los baches, a decir verdad, la señora aquella estaba como quería, pero en fin, ese es otro tema.
-A ver pasajes, pasajes, pasajes, con sencillo, pagando pe'
Maldita sea, pasajes.
Tenía la billetera en la parte de atrás del pantalón, y como estaba retorcido como lombriz de chanchamayo, no podía sacar el dinero, se me hacía tarde y lo peor de todo es que ni siquiera sabía en dónde demonios estaba, no veía.
Saqué como pude la billetera, de hecho me ayudaron un par de personas que estaban atrás y que cobraron comisión a la fuerza: Me asaltaron.
Las manos volaban y se entrelazaban como enredaderas entre las personas y el cobrador cogía todas las monedas que le lanzaban como un "catcher" de baseball.
-En la esquina bajan.
Iba a bajar el último de extremo derecho de el asiento final, ese asiento de cuatro donde hacen entrar a seis o siete. Practicamente lo cargamos en peso y tuvo que salir por encima, aunque el intento no duró mucho, el esmirriado personaje vio a la señora guapa en el medio de la combi que de por si, y mirandola desde el fondo con esa cantidad de gente, parece un bus interprovincial, con un pasadizo larguísimo e interminable.
-A ver, permiso, permiso, señores, asi, asi.
Encogió toda parte de su cuerpo y se redujo casi a la mitad, se puso en puntas y caminó moviendo su pelvis circularmente como si estuviera bailando ballet, o en ese caso flamenco, porque tenía las manos separadas y se cogía y se soltaba del pasamano. El punteador de combi, el que se sienta al fondo para después pasar por en medio de todos y llevarse un poquito de alguien.
El muy perro llegó al final y como el cobrador no es una mantis ni mucho menos tribilín, no le pudo cobrar, lo curioso fue que al bajar le pidió el pasaje y el flaquito se hizo muy el sueco y le dijo "ya te pagué", le dió una palmadita en la espalda y salió disparado en sentido contrario a la combi.
Combi fuga.
Si yo hubiera podido hacer eso, otra sería la historia. Abran las ventanas por favor, huele a camello. y si, olía a camello y encima sube una señora regordeta con una bolsa grande que entre cabezas divisé: Norky's. Eran casi la 1:20 de la tarde, en pleno verano y la inhumana señora gorda nos quería matar a todos con el olor del pollo y encima a la brasa, mezclado con el vapor
y ciertos olores extraños que nunca en mi vida había olido.
-Baja en el poder judicial, pero YA!
-Ya chino, perate pe'. Poder judicial baja el pinguino.
Ahora yo era el pinguino, qué desgracia, la combi frenó de una manera intempestiva, todos se fueron adelante y yo salí disparado como supermán por los aires, a decir verdad bajé por la ventana y no por la puerta corrediza de la combi, o probablemente mi cuerpo bajó por un lado y mi cabeza por otro. No sé. El hecho es que me botarron como a perro regañado y llegué al lugar en media hora; Debí llegar en 15 minutos, o menos, pero así es la vida, porque paran cuando el semaforo está en verde y avanzan cuando están en rojo, porque ponen música chillosa con los parlantes mal ecualizados y gritan como si estuvieran en el infierno, y también huelen como si estuvieran en el infierno. Logré hacer la diligencia pero producto de ese viaje A-1 en primerísima clase terminé sin dos botones de mi camisa y con 10 soles menos en la billetera.
Es la farándula nuestra de cada día. Un mal necesario.
¿Qué sería del Perú sin combis?
Si yo fuera presidente, convierto a la combi en el transporte de bandera e institucionalizo el DNC : "Dia nacional de la combi" por el servicio prestado al país que ningún país desarrollado de europa lo tiene.
Es que la combi es chévere. paga con sensillo, aquí el chofer y el cobrador son chéveres, la música también, en memoria de mi padre IGNACIO COTAQUISPE, YA FUISTES AUGUSTA, si la envidia fuera oro, millonario serías, JHONNY el papi, transportes San Pedro: Te llevamos directo al cielo, y así, me puedo pasar la vida enumerando la cantidad de frases, palabras y horrores ortográficos que aparecen en las combis, sin contar a las calatas y al prototipo de chofer y cobrador, el reguetonero, el punkeke, el viejito decentón, el chofer mañoso, el cobrador pendejo, etc, etc, pero ese ya es tema de otro capítulo.
Vivan las combis
Viva el DNC
Viva el Perú.
He dicho.