Las palabras me sobran, abundan, están exentas de dolor, de infinita mustia. Las palabras son eternas, se envanecen, se vanaglorian, juegan a ser magnánimas.
Tus palabras, dentro de esas palabras, me faltan, escacean, carezco de vocabulario, es indescriptible lo que siento cuando te veo y se van las palabras.
Lunes , 4:35 pm, el maldito paradero otra vez. Te veo con la remera azul a rayas, el pantalón gris y las zapatillas converse, las dos coletas y el bolso negro, ahi parada, con las piernas juntas y los brazos a media altura, con las manos en tu boca. Tus ademanes son perfectos, esa manera de pararte, esa dulce mirada que contrasta con cada rayo del sol que se proyecta desde allá, donde algún día llegará tu luz. Tu luz, como la del ángel que me dijo en sueños que existías, que me ayudó a conocerte, que me cruzó en tu camino.
Ese frío invierno que eres tú para mí.
Cuando estás ahi, ese momento sagrado, la pleitesía de lo que siento hacia lo que proyectan los ojos de tu alma, el furor de sentir que estás cerca, y las palabras se hacen cortas, me faltan, no están.
-Tu...tu...tu eres Elisa?
-...
-Sí!Elisa, así te llamas, yo te ví en sueños cuando casi moría...
-Perdón?
-Lo lamento, fui un imprudente...yo solo quería conocerte.
-Jajajajaja, vamos! no lo tenías que poner tan "enigmático" entonces. Me llamo Kelly, y tú eres?
-Yo soy Gabriel. Siempre te he visto, probablemente tú no, pero yo siempre te veo.
-Así? mira tu, eres un espía, no serás violador no?
-Imposible.
-Ah ya qué bueno, ando medio sicoseada con eso y con los taxis,etc ,etc.
-No soy violador, tranquila kellyta. Soy antropófago. y tú eres mi próxima víctima.
-Jajajajaja, no tienes cara de antropófago ni de nada que tenga que ver con maldad.
-A ti te parece?
-Obvio. Pareces buen chico. Espero no equivocarme.
-Yo espero jamás equivocarme, de hecho, sé que hoy la vida no se equivocó y estoy en el lugar donde siempre debí estar.
-A qué te refieres?
-A que estoy contigo.
-Y yo qué tengo que ver con que la vida no se haya equivocado contigo...
-Porque siempre quise conocerte. Y por fin lo conseguí.
-Conocerme? oye, te debo?
-No tontita, es que tuve un sueño contigo. Te llamabas Elisa, estaba enamorado de ti y bueno, ya te imaginarás, aquí me tienes, por fin cerca, muy cerca.
-Qué miedo...
-Ya bueno, tranquila, podemos ser amigos al menos, o intentarlo claro. No tenemos ni 5 minutos de conocernos.
-Jajaja, no tengo la más mínima idea de quién seas pero bueno, supongo que también vas a la universidad.
-Sí, claro. Y me gusta más ir cuando te veo subir al mismo carro que yo.
-Mmm
-Juro que mis intenciones no son malas, solo que soy un poco...ehh...bueno, digamos que tengo "incontinencia verbal".
-Jaja, estás loco Gabriel.
-(Loco por ti, aunque nunca se haga realidad mi sueño, tal vez).
-Cómo dices?
-Nada nada.
-Bueno, oye tu cuántos años tienes?
-Qué linda eres cuando me preguntas las cosas y me miras a los ojos, y gesticulas, y...
-Oye, ya pues, deja de gilearme.
-No, no. Te juro que no. Es que es inevitable kellyta, hace más de un mes te veo a diario aunque tú no lo sepas, porque me gusta verte, porque tienes algo que puedo sentir, algo que encaja conmigo, es por eso que estoy así ahora. Porque por fin te conocí.
-Tengo enamorado.
Tus palabras lacerantes, hirientes, incisivas. Me mató olímpicamente el retumbar de cada letra de esas dos palabras últimas que dijiste. La tarde fría, la niebla en medio, y desde adentro, como si fuera una lanza de dardos afilados, invade, se apodera de mi cuerpo y de mi corazón un sentimiento de angustia, de desazón, de decepción. Te sigo mirando, me gustan tus gestos, maldita sea, amo tus gestos, el fuego de tus ojos, tu mirada de cielo azul, por ti me vuelvo cursi, como ahora, pero la imbecilidad de mi parte es atrevida, debí ir poco a poco, me arrepiento.
Ahora qué hago? te tengo en el pensamiento como la sangre en las venas, como el sol en la vía láctea, y no puedo. Llegué muy tarde? dímelo, necesito saberlo, por favor...
-Mira tú...qué bien! y cuánto tiempo llevan?
-Un mes y medio!
-(Si tan solo me hubiera atrevido a hablarte hace un mes, ese mes que te sigo y que no me atreví a decirte nada)...Y cómo te va? se deben querer un montón.
-Ay! es que no tienes la más mínima idea de cómo es el conmigo...Es la persona mas cariñosa de la tierra, es lindo, me encanta, me conciente, me quiere demasiado, yo lo adoro, es mi vida te juro, hace tiempo que no conocía alguien como él y wow estoy feliz de tenerlo a mi lado, me saqué la loteria...
-(Mierda, por favor no sigas, no me destruyas más...)
-Él es lo mejor que me ha podido pasar...
-Me imagino Kellyta, qué bueno, unos que son tan felices y otros que...
-Tú eres feliz?
-(Solo tú me podías hacer esa pregunta, por eso te amo)...Yo feliz? no sé, cada quién tiene su concepto de felicidad.
-Y para ti qué es felicidad?
-Ah, buena pregunta pues, para mí felicidad es la capacidad de sentir que lo que hacemos, pensamos y sentimos está bien. Cuando uno logra hacer uno solo, esos tres conceptos, creo que alcanza la felicidad. Es no depender de nadie, ser uno mismo, sentir uno mismo.
-Bien,bien, qué genial. Tu quieres ser escritor no?
-Jaja, digamos que sí, pero cómo supiste? (hasta en eso me conoces)
-Lo supe porque me hablas como si estuvieras escribiendo.
-Es que yo siempre escribo...
-Y de qué escribes?
-De ti.
-...
-Lo siento, ya sé que tienes enamorado, pero para mí, sigues siendo Elisa.
-De verdad me soñaste?
-Te juro, y nunca me arrepentiré.
-Eres muy extraño, me has dicho todas estas cosas y solo te conozco hace minutos...
-Es que yo te conozco hace años. Tú has vivido aquí.
Tomé su mano y la llevé hacia mi pecho, a la altura de mi corazón, la miré a los ojos y ella me quitó la mano y volteó la mirada. Ya no tenía nada que perder, solo quería hacer eterno ese momento. Vi a los dos ángeles que la cuidan encima de su cabeza, ella se ruborizó y volteó a mirar la calle, había llovizna, las calles estaban oscuras, yo acosté mi cabeza sobre el respaldar del asiento, me puse los audífonos, cerré los ojos y dejé volar mi imaginación:
-Mi amor, despierta!
-Kellyta, preciosa, si, me quedé dormido.
-Ya vamos a llegar, anoche ha habido mucho trabajo, ya terminaste todo?
-Sí, felizmente, ya todo.
-Ya! genial, vamos a bajar pero antes...
Ella me cogió de las manos, me dijo que me quería, que nunca quería separarse de mí. Me miró a los ojos y suavemente fue abriendo sus labios, acercando su carita hacia la mía, pude sentir su nariz y el furor de su mirada que iba reposando como si fuera cisne en el lago. Me empezó a besar. Lo hacía siempre, nunca se guardaba nada, me ayudaba con los deberes, estaba pendiente de mí, jamás se aburría, yo sin ella no era nada...bueno sí, tal vez exagero, pero la amaba mucho.
Te juro que jamás voy a permitir que nada malo te pase Kellyta. Lo juro. Porque sin ti las razones no son iguales, gracias por cruzarte en mi camino, gracias.
-Oye, Gabriel, ya vamos a bajar! Te has quedado dormido? jajaja.
-Ah?... qué?... dónde?...cuándo?...mamá!
-Oye tranquilo!jajajaja Lima, Perú, el carro, la universidad, la gente, el estrés.
-Ok, ok, me ubiqué, solo que me sacaste de un sueño increíble.
-(Demonios, ya estamos bajando, siento que es la primera y la última vez...)
-Y qué sueño ahora? tú sueñas demasiado por lo que veo.
-Sí, bueno te cuento, fue increíble...
-Paaaaaam! hooola!
-(Maldita sea, la amiga...)
-Kelly!cómo estás!acompañada por lo que veo!
-No, yo ya me iba...
-Pam, él es Gabriel y lo acabo de conocer en el carro. Es extrañísimo.
-Hola!
-Hola, mucho gusto, bueno llego tarde a mis clases, nos vemos, y tú kelly, sé feliz.
-Yo siempre! jajaja
No le pude contar el sueño. Siempre he dejado inconclusas las cosas más importantes de mi vida, pero solo quería contar algo más de nuestra historia. No sé si algún día leas esto kelly, pero tu debes saber que mi corazón está contigo y que ese fue -a pesar de todo- el mejor y a la vez el peor viaje de ida a la universidad. Es que tu eres así, me subes al infierno y me bajas flotando al cielo.
jueves, 14 de mayo de 2009
miércoles, 6 de mayo de 2009
Te espero en las estrellas
Elisa siempre estaba ahí, desde el primer día en que vi sus grandes ojos y esa risita tierna esperando el bus que la llevaría a la universidad. Elisa es pequeña como mis posibilidades de enamorarla, es pequeña como la canción que compuse hace tres días pensando en ella.
Era mediodía, hacía bastante calor, la vi por primera vez. No recuerdo bien el día porque como todos saben, soy pésimo con las fechas. Estaba en la acera de enfrente y era la primera vez que iba a tomar el bus en ese lugar; desde ese momento, no cambié más de paradero, algo me atraía hacia allá, una fuerza que me dejaba absorto y apresuraba mi ritmo normal cotidiano, que me dejaba exento de inmiscuirme en explicaciones baladíes sobre lo que sentía o pensaba. Es que era ella, ella hacía que sienta eso, que cada día salga con la esperanza, por más mínima que sea, de encontrármela.
El primer día subí con ella, la vi sentarse a tres asientos de donde yo lo hize, me quedé todo el camino impávido viendola, escuchando música en el mp4 y con el calor de una tarde de verano. No tenía ni la más mínima idea de cómo se llamaba, de cuántos años tenía, de qué estudiaba, de dónde vivía y como si eso no fuera ya bastante desalentador, ni siquiera sabía si se había dado cuenta de mi existencia minúscula que la observaba con una voracidad feroz, como si la viera con los ojos de la parte más profunda de mí.
Justo era lo que pensaba. Elisa bajó en la universidad, iba adelante y decidí hacer algo propio del detective más ducho en esos menesteres: Seguir a mi potencial víctima hacia su lugar de destino. Mantuve una proxemia prudente, como para que no se diera cuenta de que la estaba siguiendo (De hecho, ni cuenta de que existía se había dado), cruzé con ella toda la calle y entré al fin a la universidad. Siguió por el pasillo de entrada, pasó por la plaza colindante a la biblioteca, pasó el pabellón principal de la facultad y entró por fin a su aula, primer ciclo de psicología. "Aquí es, al menos sé algo más de ti" pensé casi en voz alta.
Durante toda esa semana nunca se me fue la imagen que tuve de ella desde que la vi, parecía raro pero es como si la hubieran pintado con indeleble en cada neurona, en cada parte del cerebro que permite la memoria, estaba ahí, siempre. Esa misma semana la vi un par de veces más a la salida de la universidad, en las mañanas me volvía a encontrar con ella en el bus pero siempre era lo mismo: La miraba, la miraba, la miraba, no me atrevía a decirle nada. A veces subía con dos o tres amigas más, a veces sola, a veces me volvía a verla y cruzaba mi mirada con la suya, entonces entraba como una lanza a mi estómago una ráfaga de aire helado porque su mirada es tan fuerte que me intimida, y lo hacía más aún cuando la veía así.
Yo quiero decirle algo, hablarle, pero no sé cómo, no puedo, no soy lo suficientemente valiente para decirle que desde que la vi he pensado en ella, me he imaginado el momento en que me diga que sí, he idealizado cada sonrisa como si me la diera a mí, cada mirada, cada gesto, he pensado en que sigue siendo tan perfecta como la vi al principio aunque yo sea tan cobarde y haya siempre algo que me reprima y no pueda hablarle cuando tengo la oportunidad.
Elisa realmente no se llama Elisa. Ni siquiera sé cómo se llama, ni cuántos años tiene, si está con alguien o si piensa en mí igual que yo. No tendría sentido que lo haga porque sigo siendo un ignoto, un foráneo para ella, una persona totalmente alejada a su realidad pero que casi a diario ve. Elisa probablemente nunca lea esto que escribo sobre ella. Tal vez pronto yo muera y ella no sepa que la amé desde que la vi por primera vez, pero quise dejar el comienzo de una historia de la que probablemente jamás sepa el final, o, tal vez yo mismo sea el encargado de escribir y vivir ese final que anhelo con todas mis fuerzas.
Elisa seguirá estando, nos seguiremos viendo por un tiempo más, nos seguiremos citando como dos enamorados que van presurosos a encontrarse en una cita de amor, yo la llamo con el pensamiento, ella tal vez lo sienta y aparezca ahí, donde siempre la quiero ver.
Si llegas a leer esto, si te llegas a enterar de lo que siento por ti, sabrás que esta carta no la escribí hoy, no la sentí hoy y no fue física. Esta carta es tuya, esta historia solo tú puedes terminarla aunque dependa más de mí, pero por favor, si llegas a saber de mí, hásmelo saber, no me niegues la posibilidad de saber que al menos sabes algo. Elisa, dondequiera que estés siempre voy a pensar en ti, me voy a subir a una estrella y allí te voy a esperar...te amo.
De pronto sintió que una fuerte punzada al corazón lo despertó. Gabriel estaba tiritando de frío, había soñado toda la noche, pero no tenía claro lo que se le había pasado por la mente, no lo podía recordar, solo recordó a Elisa, sus ojos grandes y bellos y su sonrisa tierna.
Un doctor apareció para hacerle el control diario respectivo, el cuarto del hospital lucía vacío. A Gabriel nadie lo visitaba, se moría casi solo, como estuvo practicamente toda su vida. Vino a soñar lo que tal vez más anhelo durante toda su existencia: Tener alguien en quien soñar, con quien compartir, a quien amar, y de hecho, la vida le dio esa oportunidad, para que al menos en sueños, haga su sueño realidad; el no sentirse tan solo y tener la esperanza de que alguien le diga "te amo" antes de que muera, o que ese alguien lo saque de la horrible pesadilla que vivía al saber que ya pronto iba a morir.
Era mediodía, hacía bastante calor, la vi por primera vez. No recuerdo bien el día porque como todos saben, soy pésimo con las fechas. Estaba en la acera de enfrente y era la primera vez que iba a tomar el bus en ese lugar; desde ese momento, no cambié más de paradero, algo me atraía hacia allá, una fuerza que me dejaba absorto y apresuraba mi ritmo normal cotidiano, que me dejaba exento de inmiscuirme en explicaciones baladíes sobre lo que sentía o pensaba. Es que era ella, ella hacía que sienta eso, que cada día salga con la esperanza, por más mínima que sea, de encontrármela.
El primer día subí con ella, la vi sentarse a tres asientos de donde yo lo hize, me quedé todo el camino impávido viendola, escuchando música en el mp4 y con el calor de una tarde de verano. No tenía ni la más mínima idea de cómo se llamaba, de cuántos años tenía, de qué estudiaba, de dónde vivía y como si eso no fuera ya bastante desalentador, ni siquiera sabía si se había dado cuenta de mi existencia minúscula que la observaba con una voracidad feroz, como si la viera con los ojos de la parte más profunda de mí.
Justo era lo que pensaba. Elisa bajó en la universidad, iba adelante y decidí hacer algo propio del detective más ducho en esos menesteres: Seguir a mi potencial víctima hacia su lugar de destino. Mantuve una proxemia prudente, como para que no se diera cuenta de que la estaba siguiendo (De hecho, ni cuenta de que existía se había dado), cruzé con ella toda la calle y entré al fin a la universidad. Siguió por el pasillo de entrada, pasó por la plaza colindante a la biblioteca, pasó el pabellón principal de la facultad y entró por fin a su aula, primer ciclo de psicología. "Aquí es, al menos sé algo más de ti" pensé casi en voz alta.
Durante toda esa semana nunca se me fue la imagen que tuve de ella desde que la vi, parecía raro pero es como si la hubieran pintado con indeleble en cada neurona, en cada parte del cerebro que permite la memoria, estaba ahí, siempre. Esa misma semana la vi un par de veces más a la salida de la universidad, en las mañanas me volvía a encontrar con ella en el bus pero siempre era lo mismo: La miraba, la miraba, la miraba, no me atrevía a decirle nada. A veces subía con dos o tres amigas más, a veces sola, a veces me volvía a verla y cruzaba mi mirada con la suya, entonces entraba como una lanza a mi estómago una ráfaga de aire helado porque su mirada es tan fuerte que me intimida, y lo hacía más aún cuando la veía así.
Yo quiero decirle algo, hablarle, pero no sé cómo, no puedo, no soy lo suficientemente valiente para decirle que desde que la vi he pensado en ella, me he imaginado el momento en que me diga que sí, he idealizado cada sonrisa como si me la diera a mí, cada mirada, cada gesto, he pensado en que sigue siendo tan perfecta como la vi al principio aunque yo sea tan cobarde y haya siempre algo que me reprima y no pueda hablarle cuando tengo la oportunidad.
Elisa realmente no se llama Elisa. Ni siquiera sé cómo se llama, ni cuántos años tiene, si está con alguien o si piensa en mí igual que yo. No tendría sentido que lo haga porque sigo siendo un ignoto, un foráneo para ella, una persona totalmente alejada a su realidad pero que casi a diario ve. Elisa probablemente nunca lea esto que escribo sobre ella. Tal vez pronto yo muera y ella no sepa que la amé desde que la vi por primera vez, pero quise dejar el comienzo de una historia de la que probablemente jamás sepa el final, o, tal vez yo mismo sea el encargado de escribir y vivir ese final que anhelo con todas mis fuerzas.
Elisa seguirá estando, nos seguiremos viendo por un tiempo más, nos seguiremos citando como dos enamorados que van presurosos a encontrarse en una cita de amor, yo la llamo con el pensamiento, ella tal vez lo sienta y aparezca ahí, donde siempre la quiero ver.
Si llegas a leer esto, si te llegas a enterar de lo que siento por ti, sabrás que esta carta no la escribí hoy, no la sentí hoy y no fue física. Esta carta es tuya, esta historia solo tú puedes terminarla aunque dependa más de mí, pero por favor, si llegas a saber de mí, hásmelo saber, no me niegues la posibilidad de saber que al menos sabes algo. Elisa, dondequiera que estés siempre voy a pensar en ti, me voy a subir a una estrella y allí te voy a esperar...te amo.
De pronto sintió que una fuerte punzada al corazón lo despertó. Gabriel estaba tiritando de frío, había soñado toda la noche, pero no tenía claro lo que se le había pasado por la mente, no lo podía recordar, solo recordó a Elisa, sus ojos grandes y bellos y su sonrisa tierna.
Un doctor apareció para hacerle el control diario respectivo, el cuarto del hospital lucía vacío. A Gabriel nadie lo visitaba, se moría casi solo, como estuvo practicamente toda su vida. Vino a soñar lo que tal vez más anhelo durante toda su existencia: Tener alguien en quien soñar, con quien compartir, a quien amar, y de hecho, la vida le dio esa oportunidad, para que al menos en sueños, haga su sueño realidad; el no sentirse tan solo y tener la esperanza de que alguien le diga "te amo" antes de que muera, o que ese alguien lo saque de la horrible pesadilla que vivía al saber que ya pronto iba a morir.
lunes, 16 de marzo de 2009
La japonesita
Subí las escaleras de la casa de Kenyi y a decir verdad, no lo hize rápido como suelo hacerlo, ésta vez fue mas bien con parsimonia, casi rengueando, con abulia. No estaba tan animado a ir a esa reunión a la que, días antes, Kenyi me había invitado. Es que ya me había hastiado un poco de todo el trajín que implica ir a una reunión o fiesta: Alistarte, comer más temprano de lo normal, trasnochar, levantarte al otro día tarde y mal, etc, etc. No quería, pero bueno, ya estaba ahí y no había manera de volver, y felizmente no lo hize. Seguí subiendo las interminables escaleras, despacito, como si fuera a una emboscada a matar a alguien, sigilosamente, y en mis ojos se descrubrían cada vez más los amplios pasadizos de la casa de Kenyi, las ventanas amplias, los cuadros de algunos pintores famosos, el parquet brillante, un par de puertas con dibujos algo femeninos y por fin, su cuarto.
Era un dormitorio amplio, tenía en una repisa, una colección de muñecos de varios dibujos animados que coleccionó desde que tenía 3 o 4 años, era muy aseado, su cuarto estaba impecable, parecía el de una mujer y eso a veces nos asustaba. Tenía una cama de dos plazas que sus papás le compraron porque sabían cómo dormía: En diagonal y con los brazos extendidos,casi sin dejar libre un espacio de la amplia cama; tenía una computadora personal en su escritorio, una lamparita y sobre él, un libro de Antonio Santa Ana: Los ojos del perro siberiano.
Él era callado, o tal vez callado no, solo que hablaba cuando era necesario, también era de esas personas que tenía el chiste perfecto en el momento indicado, nunca decía nada de más. Era mi amigo desde que teníamos 6 años, en el primero de primaria y desde entonces fuimos inseparables. Pero la historia con él cambiaría ese día.
Tenía una hermana. había venido pocas veces al Perú pero hablaba el español perfectamente. Ella vivía con su papá allá y la verdad es que yo no sabía nada de ella hasta aquel día en que la vi cuando entré al dormitorio de Kenyi.
-Kenyi, hermano.
-Ya era hora Uzielito, ya era hora, tu siempre tarde.
-Lo siento hermano, el tráfico, tu sabes como se pone a estas horas.
-Ya pues, haste el sueco, en fin, coge una almohada y siéntate por ahí, ponte cómodo.
Empezé a saludar a todos, primero a los conocidos, que eran la mayoría, cuando de pronto mi mirada se detuvo fijamente en los ojos razgados de una niña, de piel blanca y lozana, mirada turbadora y narizita perfilada. Ella sostuvo unos segundos la mirada, yo no la bajé, aunque no puedo negar que tenía verguenza, pero por nada del mundo iba a bajar la mirada. Estuvimos así casi 10 segundos, interminables, descubridores,benditos. Luego supe quién era.
-Uzielito, cuidado con tu vaso de gaseosa oye.
-Ah? si, si, si...
-Oye no me digas que no te acuerdas...
-De qué?-constesté algo ensimismado.
-Kimiko. Ella es Kimiko, mi hermana. Oye, párate y salúdalo Kimiko, tu tampoco te has acordado.
-Tu eres Kimiko?...vaya que has crecido...
-Y tu sigues como te dejé, solo que más alto, aunque de ti mucho no me acuerdo Uzielito.
-Claro, eras una niña...
-Solo era menor por dos años oye, no te hagas el sueco tu tampoco.
-Igualita al hermano oye...
Nos distensamos. Kimiko era de las personas que sabía romper el hielo rápidamente, de las que solucionaba todo con una sonrisa; Kimiko sonreía hermoso y tenía una inteligencia brutal. Esa noche conversamos sobre economía, música y hasta de televisión, no le sentía algún acento japonés, al contrario, yo la molestaba y le hablaba raro.
-Oye, señolita japonesita, palece una gueisha loquita.
-Ay Uziel, ya pues.
-Kimiko 'Chan.
-Bueno! algo de japonés tenías que saber!
-Ves? tan bruto no soy.
Me gusto desde la primera vez que la vi y de hecho, yo no podía expresarle nada aquella noche pero fue como una de esas fuerzas extrañas, un misticismo a prueba de balas. La noche se fue perdiendo poco a poco y la conversación era interminable, era demasiado interesante, esos ojos razgados levemente, su cabello lacio y su sonrisa dulce, su sencillez, su perspicacia, sus ademanes, sus gestos, ella misma, era ella misma.
Eran casi las 5 de la mañana y seguíamos hablando, y sé que a ella también le gustaba hablar, porque siempre proponía un tema nuevo e inciábamos la discución. La japonesita me intimidaba. Sabía cómo hacerlo, sabía cómo hacer que me ponga nervioso, aunque era como si recién la conociera, como si hubiéramos vivido toda una vida juntos pero recién nos viéramos. Cuando me despedí le di un beso en la mejilla e inmediatamente le pedí su celular y su msn para no perder el contacto, que, obviamente no se iba a perder porque siempre iba a casa de Kenyi, pero , no solo iba a ir a buscarla a ella, no podía pecar de ovbio.
Ojalá y todo fuera como antes, japonesita.
Los días siguientes a esa reunión fueron similares. Nos veíamos a escondidas y felizmente Kenyi no sospechaba nada, todo iba bien, hasta que después de algún tiempo de conocer más sobre ella y luego de varias salidas informales, la invité a salir formalmente. Fue difícil, yo no sabía expresarme muy bien, era algo torpe con las palabras, y ella me intimidaba, me era difícil pero para la primera salida oficial ya tenía ideas rondandome la cabeza.Quería algo original, algo fuera de lo común, así que decidí llevarla todo un día de viaje, al sur, salir muy temprano y regresar casi cuando el sol haya puesto. Esa fue la primera gran salida que tuvimos.
Era invierno, fines de julio para ser exacto, Llevamos mucha ropa, la japonesita siempre se vestía bien, su ropa iba con su cuerpo y su cara, con su personalidad, amaba que se vista así, amaba sentirme cerca de ella. Salimos a las 7 de la mañana con una serie de pretextos que no recuerdo, había mucha bruma y teníamos algo de sueño, los pasajes ya estaban comprados, cada uno llevaba una mochila con algo de ropa, agua, galletas y cámaras de foto, MP4 y celulares; subimos al bus, ella me pidió el lado de la ventana y aunque yo siempre he viajado a ese lado, por ella no lo hize. La japonesita estaba cansada, hablamos un rato en el camino y luego se quedó dormida. Yo cuidaba de cada movimiento suyo, de cada respiro, de cada gesto que hacía mientras dormía. Tenía una forma especial, sublime para dormir. Ponía su mano derecha muy cerca de su cara y con la otra se abrazaba un poco, como escapando del frío. Yo no quería intentar nada, no quería arruinar nada, aunque me moría de ganas de abrazarla, y dormir con ella, hasta que de pronto abrió sus ojitos mientras yo la miraba...
-Me estás viendo?-Dijo sonriente y algo aletargada.
-Lo siento, yo...
-Shhh, no digas nada Uzielito, ven, acomódate más acá.
-...
-No tengas miedo, yo sé que puedes sentir lo mismo que yo, mira la bruma, no es preciosa? no quiero estar tan sola.
-No vas a estar sola Kimiko, nunca.
-Me lo prometes?
-Toda la vida.
El corazón me palpitaba a mil, estaba durmiendo con ella, la abrazaba, sentía su respiración, hasta lo que soñaba...era realmente increíble.
Bajamos en una playa casi desierta, donde muy poca gente llega, tiene la tranquilidad que solo tiene el mar cuando está en quietud. allí estuvimos, jugando, comiendo, divirtiéndonos, a pesar del frío, a los dos nos encantaba la idea de la playa en invierno. Después me di cuenta de que no fue un desacierto haber elegido ese lugar.
Al atardecer, el momento clave se acercó, yo tenía pensado hacerlo pero no me atrevía, no sabía cómo empezar...es que a veces soy muy torpe para eso, y echo a perder a grandes personas por mi torpeza, no quería que eso pasara, porque Kimiko era demasiado importante para mi.
Me senté a su lado y balbuceé algunas palabras...
-Cierra tus ojos y siente cómo la resaca del mal te hace sentir que estás viva por adentro...
-Lo puedo sentir, es genial.
-Abre tus brazos, sigue con tus ojos cerrados, imagina que puedes volar...
Le susurraba al oído las palabras que sentía y mientras más se intensificaba el momento, más nervioso me ponía, la japonesita me dio las llaves para ser feliz, pero también se las llevó.
saqué de mi bolsillo una hoja en la que había escrito un poema para ella. Seleccioné el mejor, le había escrito muchos, pero le di el mejor, se lo puse entre los dedos en una mano, y en la otra, le puse una flor que conseguí haciendo algunas cosas que no vienen al caso contar. La japonesita tenía en una mano el poema, y en la otra, la flor, le pedí que abra los ojos, yo estaba enfrente de ella, me miró, cerró los ojos y me dijo...
-Yo también te amo Uziel.
Había entendido perfectamente todo lo que estuve interpretando con cada gesto, con cada palabra, con cada acción, sabía mis movimientos, me estudió desde el primer día. La japonesita me quiso desde que me vio, y con esa frase me lo demostró. Ella sabía que cada cosa que yo hacía era para agradarle y aunque a veces no me saliera, aunque a veces sea demasiado torpe al hablar o al expresar lo que sentía, me gustaba la idea de enamorarla escribiéndole.
-Necesito algo para que mi cuento termine feliz...
-Qué necesitas?
-Que la princesa diga sí.
-Te amo, eres tan lindo...claro que sí!
Abrí mis ojos, y la miré a los suyos, pasé suavemente mis dedos sobre sus mejillas, se ruborizó, me acerqué, le dije que la amaba y la besé por primera vez, corrió un viento helado que poco a poco se tornó más cálido, las olas rompían en los peñascos y la resaca traía algún te quiero de la profundidad, alguna palabra alada que se depositaba en cada corazón.
El camino de regreso fue indescriptible. Veníamos abrazados, mirando por la ventana todo lo que nuestra vista divisaba, hablabamos poco, nos mirábamos, nos sentíamos bien, la besaba, era perfecto. Llegamos a Lima a las 8 de la noche casi y en un taxi llegué a su casa; tocaba la parte más dificil: explicarle a Kenyi. Felizmente lo entendió, la verdad es que yo pensé que me iba a golpear y a dejar más hinchado de lo que ya de por sí estaba, pero felizmente no, le expliqué e inutilmente desvarié entre palabras sin sentido cuando de repente me paró de golpe y me dijo una frase que la tuve un buen tiempo rondando por mi cabeza: "Si le haces algo, te juro que te saco la mierda". Lo había entendido todo, ya no había más problema, me felicitó, me abrazó, y fuimos a comer algo. Era la culminación perfecta para el mejor día de mi vida.
La japonesita siempre llevaba mi poema a donde sea. Lo tenía en su cuaderno, en su cartera o en su bolsillo, nunca lo dejaba, nunca lo perdió, hablábamos siempre, pasaba a buscarla a la salida de la universidad, nos íbamos a comer o a hablar, pero, curiosamente, nunca nos aburríamos. Teníamos miles de temas de conversación de todo tipo, me contó hasta lo más íntimo, que sus papás se habían sido infieles mutuamente y que una vez ella encontró a su mamá con otro hombre en su cama cuando ella llegó sorpresivamente de un viaje corto que hizo a una provincia al norte de japón. Así pasaron 6 meses, hasta que ocurrió lo que hasta ahora me cuesta y me duele recordar.
Estábamos felices, todo nos iba bien, pasamos inicio del verano juntos y estaba feliz porque no iba a viajar a Japón por sus vacaciones, enero estaba con su esplendor solar y los días libres, la podía ver seguido y alternabamos horarios con las clases de música y francés, no sospechaba lo que pasaría.
Japonesita, quisiera que estés aquí, leyendo mi historia.
Sábado de playa, nos juntamos un buen grupo de amigos y planeamos salir al sur. Algunos se quedarían y otros se regresarían en la noche en el carro de Mateo, un buen amigo al que también ahora extraño. Aquel día, sin presagiar nada, Kimiko y yo hicimos el amor por primera vez. Estábamos en la casa de playa de Ezequiel con los demás, de pronto, las cosas se dieron, sentimos que era el tiempo y pasó. Fue la demostración de cariño más grande que tuve y que pude dar, en cada beso, en cada caricia y palabra se nos iba ya un pedazo de nosotros poco a poco y el otro se quedaba con él, sentía que ahora vivía en mí como un todo, nos amamos más desde aquel momento. Bajamos a la playa, caminamos, éramos otros, era el mejor momento de nuestra relación hasta que llegó la noche, habían bebido ya bastante y Mateo estaba ebrio. Sin embargo se subieron al carro, yo no quería que Kimiko vaya, ella insistió en que sí, tuvimos una rencilla como no la habíamos tenido hace mucho, a decir verdad, casi nunca. Algo dentro de mí me decía que no la deje ir. Eran las 2 de la mañana y partieron.
Recuerdo que me despedí y le dije "Te veo mañana, cuídate, te amo Kimiko". Ella hizo un ademán y solo me besó la frente. Cuando estaba enojada, me besaba la frente.
El carro iba como una discoteca andante, con música a todo volumen y con Mateo ebrio. De hecho, todos estabamos un poco mareados, habíamos bebido y no estabamos en nuestros cinco sentidos. En plena panamericana, Mateo perdió la visión y no vió entrar a un camión que venía en sentido contrario a toda velocidad, giró todo lo que pudo el timón a la derecha pero fue en vano, el camión por inercia fue a dar a la parte lateral del carro, que dio varias vueltas de campana y terminó varios metros adelante de donde estaba, el camión lo fue arrastrando hasta que lo convirtió casi en un acordeón. Adelante iban Mateo y Kenyi, y atrás Kimiko, Tamara y Julio, los dos primeros, como iban adelante, usaban cinturón, los de atrás no. Kimiko se golpeó el cerebro varias veces y salió, por la fuerza del impacto, disparada por el parabrisa, ella iba al medio, su cuerpo no resistió el impacto y terminó de morir en medio de la pista, con poca respiración y con la inconciencia de todos, dos policías y minutos después, los bomberos.
Murieron dos: Kimiko y Julio, que llevaron la peor parte. Tamara se salvó de milagro, y a Kenyi y a Mateo los salvó el cinturón y el airbag. Recibí la llamada trágica. Quedé perplejo, no lo podía creer. Por algunos meses le tuve pánico al teléfono y a la vez tenía la esperanza ilusa de que ella me llamaría para decirme que estaba bien. Lloré 50 noches seguidas, recordándola, desde el primer día en que la vi, en la reunión, luego la playa, todas las veces que salimos y el primer y último día en que hicimos el amor, tal vez fue premonitorio, logramos consumar nuestro amor, logramos ser uno y ella se fue con todo de mi. Por las noches extraño su voz, sus interminables monólogos de te quieros y te extraños que recitaba para mí, la perfección de su sonrisa, la sencillez de una niña, la simpleza del sol, la complejidad de la luna, era todo lo que pude haber soñado, y ya no está.
Kimiko se fue una madrugada de verano y me dejó el corazón como el de un soldado abatido, como el de un poema sin algún verso. Esa noche, mientras viajaban, kimiko tenía en el bolsillo izquierdo de su pantalón, el poema que le di en la playa, aquel poema que ahora es un puente entre lo tangible que soy yo, y lo intangible pero presencial, que es ella.Me enseñó a sonreir, a hacer las cosas bien, a no enredarme tanto, me dejó sin miedos, me hizo mas decidido, me llevó a su ritmo, me enamoró, me conquistó, me hizo leer mil cosas, comprendió mis miedos, me hizo caminar, me dio aire, me hizo vivir. Te juro que si hubiera tenido el coraje de gritarte y decirte que te quedaras, lo hubiera hecho, pero siempre respeté lo que decidías, siempre, y ahora me arrepiento de haberte hecho caso ese día, porque no debiste irte, porque me haces falta, y siento que tengo gran parte de culpa, y la pena más grande que jamás nadie me pueda sacar.
La historia tuvo el final trágico, de los demás poco sé, fui al velorio y al entierro, escribí mi nombre en la lápida, dejé flores y dibujé un corazón con mis ojos en el mausoleo. Viajé a París porque no pude más con los recuerdos, yo también quería irme con ella y me tomó 4 años y medio escribir esta historia que sé que hubieras querido leer pero sin el final que tuvo.
La japonesita está mirandome siempre, ella guarda cada uno de mis sueños, me dice que me ama y me espera, y yo lo sé, yo lo siento, y se que pronto estaré con ella, más pronto de lo que ella cree...tal vez cuando termine de leer esta historia, ya la haya encontrado y hayamos cumplido todo lo que habíamos soñado.
Te amo japonesita. Te lo juro.
Aún en la muerte tus alas no se han cortado y tu alma puede llegar a mi, como siempre, y haya tenido el suficiente material para escribir nuestra historia.
Era un dormitorio amplio, tenía en una repisa, una colección de muñecos de varios dibujos animados que coleccionó desde que tenía 3 o 4 años, era muy aseado, su cuarto estaba impecable, parecía el de una mujer y eso a veces nos asustaba. Tenía una cama de dos plazas que sus papás le compraron porque sabían cómo dormía: En diagonal y con los brazos extendidos,casi sin dejar libre un espacio de la amplia cama; tenía una computadora personal en su escritorio, una lamparita y sobre él, un libro de Antonio Santa Ana: Los ojos del perro siberiano.
Él era callado, o tal vez callado no, solo que hablaba cuando era necesario, también era de esas personas que tenía el chiste perfecto en el momento indicado, nunca decía nada de más. Era mi amigo desde que teníamos 6 años, en el primero de primaria y desde entonces fuimos inseparables. Pero la historia con él cambiaría ese día.
Tenía una hermana. había venido pocas veces al Perú pero hablaba el español perfectamente. Ella vivía con su papá allá y la verdad es que yo no sabía nada de ella hasta aquel día en que la vi cuando entré al dormitorio de Kenyi.
-Kenyi, hermano.
-Ya era hora Uzielito, ya era hora, tu siempre tarde.
-Lo siento hermano, el tráfico, tu sabes como se pone a estas horas.
-Ya pues, haste el sueco, en fin, coge una almohada y siéntate por ahí, ponte cómodo.
Empezé a saludar a todos, primero a los conocidos, que eran la mayoría, cuando de pronto mi mirada se detuvo fijamente en los ojos razgados de una niña, de piel blanca y lozana, mirada turbadora y narizita perfilada. Ella sostuvo unos segundos la mirada, yo no la bajé, aunque no puedo negar que tenía verguenza, pero por nada del mundo iba a bajar la mirada. Estuvimos así casi 10 segundos, interminables, descubridores,benditos. Luego supe quién era.
-Uzielito, cuidado con tu vaso de gaseosa oye.
-Ah? si, si, si...
-Oye no me digas que no te acuerdas...
-De qué?-constesté algo ensimismado.
-Kimiko. Ella es Kimiko, mi hermana. Oye, párate y salúdalo Kimiko, tu tampoco te has acordado.
-Tu eres Kimiko?...vaya que has crecido...
-Y tu sigues como te dejé, solo que más alto, aunque de ti mucho no me acuerdo Uzielito.
-Claro, eras una niña...
-Solo era menor por dos años oye, no te hagas el sueco tu tampoco.
-Igualita al hermano oye...
Nos distensamos. Kimiko era de las personas que sabía romper el hielo rápidamente, de las que solucionaba todo con una sonrisa; Kimiko sonreía hermoso y tenía una inteligencia brutal. Esa noche conversamos sobre economía, música y hasta de televisión, no le sentía algún acento japonés, al contrario, yo la molestaba y le hablaba raro.
-Oye, señolita japonesita, palece una gueisha loquita.
-Ay Uziel, ya pues.
-Kimiko 'Chan.
-Bueno! algo de japonés tenías que saber!
-Ves? tan bruto no soy.
Me gusto desde la primera vez que la vi y de hecho, yo no podía expresarle nada aquella noche pero fue como una de esas fuerzas extrañas, un misticismo a prueba de balas. La noche se fue perdiendo poco a poco y la conversación era interminable, era demasiado interesante, esos ojos razgados levemente, su cabello lacio y su sonrisa dulce, su sencillez, su perspicacia, sus ademanes, sus gestos, ella misma, era ella misma.
Eran casi las 5 de la mañana y seguíamos hablando, y sé que a ella también le gustaba hablar, porque siempre proponía un tema nuevo e inciábamos la discución. La japonesita me intimidaba. Sabía cómo hacerlo, sabía cómo hacer que me ponga nervioso, aunque era como si recién la conociera, como si hubiéramos vivido toda una vida juntos pero recién nos viéramos. Cuando me despedí le di un beso en la mejilla e inmediatamente le pedí su celular y su msn para no perder el contacto, que, obviamente no se iba a perder porque siempre iba a casa de Kenyi, pero , no solo iba a ir a buscarla a ella, no podía pecar de ovbio.
Ojalá y todo fuera como antes, japonesita.
Los días siguientes a esa reunión fueron similares. Nos veíamos a escondidas y felizmente Kenyi no sospechaba nada, todo iba bien, hasta que después de algún tiempo de conocer más sobre ella y luego de varias salidas informales, la invité a salir formalmente. Fue difícil, yo no sabía expresarme muy bien, era algo torpe con las palabras, y ella me intimidaba, me era difícil pero para la primera salida oficial ya tenía ideas rondandome la cabeza.Quería algo original, algo fuera de lo común, así que decidí llevarla todo un día de viaje, al sur, salir muy temprano y regresar casi cuando el sol haya puesto. Esa fue la primera gran salida que tuvimos.
Era invierno, fines de julio para ser exacto, Llevamos mucha ropa, la japonesita siempre se vestía bien, su ropa iba con su cuerpo y su cara, con su personalidad, amaba que se vista así, amaba sentirme cerca de ella. Salimos a las 7 de la mañana con una serie de pretextos que no recuerdo, había mucha bruma y teníamos algo de sueño, los pasajes ya estaban comprados, cada uno llevaba una mochila con algo de ropa, agua, galletas y cámaras de foto, MP4 y celulares; subimos al bus, ella me pidió el lado de la ventana y aunque yo siempre he viajado a ese lado, por ella no lo hize. La japonesita estaba cansada, hablamos un rato en el camino y luego se quedó dormida. Yo cuidaba de cada movimiento suyo, de cada respiro, de cada gesto que hacía mientras dormía. Tenía una forma especial, sublime para dormir. Ponía su mano derecha muy cerca de su cara y con la otra se abrazaba un poco, como escapando del frío. Yo no quería intentar nada, no quería arruinar nada, aunque me moría de ganas de abrazarla, y dormir con ella, hasta que de pronto abrió sus ojitos mientras yo la miraba...
-Me estás viendo?-Dijo sonriente y algo aletargada.
-Lo siento, yo...
-Shhh, no digas nada Uzielito, ven, acomódate más acá.
-...
-No tengas miedo, yo sé que puedes sentir lo mismo que yo, mira la bruma, no es preciosa? no quiero estar tan sola.
-No vas a estar sola Kimiko, nunca.
-Me lo prometes?
-Toda la vida.
El corazón me palpitaba a mil, estaba durmiendo con ella, la abrazaba, sentía su respiración, hasta lo que soñaba...era realmente increíble.
Bajamos en una playa casi desierta, donde muy poca gente llega, tiene la tranquilidad que solo tiene el mar cuando está en quietud. allí estuvimos, jugando, comiendo, divirtiéndonos, a pesar del frío, a los dos nos encantaba la idea de la playa en invierno. Después me di cuenta de que no fue un desacierto haber elegido ese lugar.
Al atardecer, el momento clave se acercó, yo tenía pensado hacerlo pero no me atrevía, no sabía cómo empezar...es que a veces soy muy torpe para eso, y echo a perder a grandes personas por mi torpeza, no quería que eso pasara, porque Kimiko era demasiado importante para mi.
Me senté a su lado y balbuceé algunas palabras...
-Cierra tus ojos y siente cómo la resaca del mal te hace sentir que estás viva por adentro...
-Lo puedo sentir, es genial.
-Abre tus brazos, sigue con tus ojos cerrados, imagina que puedes volar...
Le susurraba al oído las palabras que sentía y mientras más se intensificaba el momento, más nervioso me ponía, la japonesita me dio las llaves para ser feliz, pero también se las llevó.
saqué de mi bolsillo una hoja en la que había escrito un poema para ella. Seleccioné el mejor, le había escrito muchos, pero le di el mejor, se lo puse entre los dedos en una mano, y en la otra, le puse una flor que conseguí haciendo algunas cosas que no vienen al caso contar. La japonesita tenía en una mano el poema, y en la otra, la flor, le pedí que abra los ojos, yo estaba enfrente de ella, me miró, cerró los ojos y me dijo...
-Yo también te amo Uziel.
Había entendido perfectamente todo lo que estuve interpretando con cada gesto, con cada palabra, con cada acción, sabía mis movimientos, me estudió desde el primer día. La japonesita me quiso desde que me vio, y con esa frase me lo demostró. Ella sabía que cada cosa que yo hacía era para agradarle y aunque a veces no me saliera, aunque a veces sea demasiado torpe al hablar o al expresar lo que sentía, me gustaba la idea de enamorarla escribiéndole.
-Necesito algo para que mi cuento termine feliz...
-Qué necesitas?
-Que la princesa diga sí.
-Te amo, eres tan lindo...claro que sí!
Abrí mis ojos, y la miré a los suyos, pasé suavemente mis dedos sobre sus mejillas, se ruborizó, me acerqué, le dije que la amaba y la besé por primera vez, corrió un viento helado que poco a poco se tornó más cálido, las olas rompían en los peñascos y la resaca traía algún te quiero de la profundidad, alguna palabra alada que se depositaba en cada corazón.
El camino de regreso fue indescriptible. Veníamos abrazados, mirando por la ventana todo lo que nuestra vista divisaba, hablabamos poco, nos mirábamos, nos sentíamos bien, la besaba, era perfecto. Llegamos a Lima a las 8 de la noche casi y en un taxi llegué a su casa; tocaba la parte más dificil: explicarle a Kenyi. Felizmente lo entendió, la verdad es que yo pensé que me iba a golpear y a dejar más hinchado de lo que ya de por sí estaba, pero felizmente no, le expliqué e inutilmente desvarié entre palabras sin sentido cuando de repente me paró de golpe y me dijo una frase que la tuve un buen tiempo rondando por mi cabeza: "Si le haces algo, te juro que te saco la mierda". Lo había entendido todo, ya no había más problema, me felicitó, me abrazó, y fuimos a comer algo. Era la culminación perfecta para el mejor día de mi vida.
La japonesita siempre llevaba mi poema a donde sea. Lo tenía en su cuaderno, en su cartera o en su bolsillo, nunca lo dejaba, nunca lo perdió, hablábamos siempre, pasaba a buscarla a la salida de la universidad, nos íbamos a comer o a hablar, pero, curiosamente, nunca nos aburríamos. Teníamos miles de temas de conversación de todo tipo, me contó hasta lo más íntimo, que sus papás se habían sido infieles mutuamente y que una vez ella encontró a su mamá con otro hombre en su cama cuando ella llegó sorpresivamente de un viaje corto que hizo a una provincia al norte de japón. Así pasaron 6 meses, hasta que ocurrió lo que hasta ahora me cuesta y me duele recordar.
Estábamos felices, todo nos iba bien, pasamos inicio del verano juntos y estaba feliz porque no iba a viajar a Japón por sus vacaciones, enero estaba con su esplendor solar y los días libres, la podía ver seguido y alternabamos horarios con las clases de música y francés, no sospechaba lo que pasaría.
Japonesita, quisiera que estés aquí, leyendo mi historia.
Sábado de playa, nos juntamos un buen grupo de amigos y planeamos salir al sur. Algunos se quedarían y otros se regresarían en la noche en el carro de Mateo, un buen amigo al que también ahora extraño. Aquel día, sin presagiar nada, Kimiko y yo hicimos el amor por primera vez. Estábamos en la casa de playa de Ezequiel con los demás, de pronto, las cosas se dieron, sentimos que era el tiempo y pasó. Fue la demostración de cariño más grande que tuve y que pude dar, en cada beso, en cada caricia y palabra se nos iba ya un pedazo de nosotros poco a poco y el otro se quedaba con él, sentía que ahora vivía en mí como un todo, nos amamos más desde aquel momento. Bajamos a la playa, caminamos, éramos otros, era el mejor momento de nuestra relación hasta que llegó la noche, habían bebido ya bastante y Mateo estaba ebrio. Sin embargo se subieron al carro, yo no quería que Kimiko vaya, ella insistió en que sí, tuvimos una rencilla como no la habíamos tenido hace mucho, a decir verdad, casi nunca. Algo dentro de mí me decía que no la deje ir. Eran las 2 de la mañana y partieron.
Recuerdo que me despedí y le dije "Te veo mañana, cuídate, te amo Kimiko". Ella hizo un ademán y solo me besó la frente. Cuando estaba enojada, me besaba la frente.
El carro iba como una discoteca andante, con música a todo volumen y con Mateo ebrio. De hecho, todos estabamos un poco mareados, habíamos bebido y no estabamos en nuestros cinco sentidos. En plena panamericana, Mateo perdió la visión y no vió entrar a un camión que venía en sentido contrario a toda velocidad, giró todo lo que pudo el timón a la derecha pero fue en vano, el camión por inercia fue a dar a la parte lateral del carro, que dio varias vueltas de campana y terminó varios metros adelante de donde estaba, el camión lo fue arrastrando hasta que lo convirtió casi en un acordeón. Adelante iban Mateo y Kenyi, y atrás Kimiko, Tamara y Julio, los dos primeros, como iban adelante, usaban cinturón, los de atrás no. Kimiko se golpeó el cerebro varias veces y salió, por la fuerza del impacto, disparada por el parabrisa, ella iba al medio, su cuerpo no resistió el impacto y terminó de morir en medio de la pista, con poca respiración y con la inconciencia de todos, dos policías y minutos después, los bomberos.
Murieron dos: Kimiko y Julio, que llevaron la peor parte. Tamara se salvó de milagro, y a Kenyi y a Mateo los salvó el cinturón y el airbag. Recibí la llamada trágica. Quedé perplejo, no lo podía creer. Por algunos meses le tuve pánico al teléfono y a la vez tenía la esperanza ilusa de que ella me llamaría para decirme que estaba bien. Lloré 50 noches seguidas, recordándola, desde el primer día en que la vi, en la reunión, luego la playa, todas las veces que salimos y el primer y último día en que hicimos el amor, tal vez fue premonitorio, logramos consumar nuestro amor, logramos ser uno y ella se fue con todo de mi. Por las noches extraño su voz, sus interminables monólogos de te quieros y te extraños que recitaba para mí, la perfección de su sonrisa, la sencillez de una niña, la simpleza del sol, la complejidad de la luna, era todo lo que pude haber soñado, y ya no está.
Kimiko se fue una madrugada de verano y me dejó el corazón como el de un soldado abatido, como el de un poema sin algún verso. Esa noche, mientras viajaban, kimiko tenía en el bolsillo izquierdo de su pantalón, el poema que le di en la playa, aquel poema que ahora es un puente entre lo tangible que soy yo, y lo intangible pero presencial, que es ella.Me enseñó a sonreir, a hacer las cosas bien, a no enredarme tanto, me dejó sin miedos, me hizo mas decidido, me llevó a su ritmo, me enamoró, me conquistó, me hizo leer mil cosas, comprendió mis miedos, me hizo caminar, me dio aire, me hizo vivir. Te juro que si hubiera tenido el coraje de gritarte y decirte que te quedaras, lo hubiera hecho, pero siempre respeté lo que decidías, siempre, y ahora me arrepiento de haberte hecho caso ese día, porque no debiste irte, porque me haces falta, y siento que tengo gran parte de culpa, y la pena más grande que jamás nadie me pueda sacar.
La historia tuvo el final trágico, de los demás poco sé, fui al velorio y al entierro, escribí mi nombre en la lápida, dejé flores y dibujé un corazón con mis ojos en el mausoleo. Viajé a París porque no pude más con los recuerdos, yo también quería irme con ella y me tomó 4 años y medio escribir esta historia que sé que hubieras querido leer pero sin el final que tuvo.
La japonesita está mirandome siempre, ella guarda cada uno de mis sueños, me dice que me ama y me espera, y yo lo sé, yo lo siento, y se que pronto estaré con ella, más pronto de lo que ella cree...tal vez cuando termine de leer esta historia, ya la haya encontrado y hayamos cumplido todo lo que habíamos soñado.
Te amo japonesita. Te lo juro.
Aún en la muerte tus alas no se han cortado y tu alma puede llegar a mi, como siempre, y haya tenido el suficiente material para escribir nuestra historia.
jueves, 5 de marzo de 2009
Herejía
el cuarto inclemente está lleno de recuerdos
no deja ni un espacio para matar el tiempo
y corren como almas,mustios vuelan mis recuerdos
el día del verano en que yo te conocía.
se callaron las palomas,los jilgueros no cantaban
el último latido del abrazo de tu voz
me dice que de pronto todo esto ya se muere
te pierdes poco a poco,no te veo,yo sé ver.
aun el tiempo cuando pasa me dibuja una trampa
la vida no sabe ya sin ti pues nada bien
tu espíritu tan frío aún lo siento a mi lado
y siento como soplas con el viento tu amor.
se me acaba el corazon me duele tanto, tu no estás
el cuarto inclemente pierde notas de canción
la última te hize y quería que la veas
que nunca más te olvides de cuánto viví por ti.
ahora que has cambiado todo esto es más dificil
las olas no dibujan en la orilla tu rostro
y extraño el crepúsculo a tu lado cada tarde
me duele porque el mundo camina girando así
conocerás los príncipes de los reinos mas preciados
volarás junto a Dios tratando de vivir
ellos y el lino fino de sus ropas te merecen
tal vez y yo no fui eso que esperabas para ti
me toca recordarte desde un puerto tristemente
las aves ya no vuelan como antes cuando estabas
el sol ya no tiene ese fuego en su mirada
que tu con tu sonrisa eras capaz de prenderme
voy como un jinete en huida cabalgando
esta noche fría aún caminaré
y a orillas del recuerdo en una piedra estaré sentado
esperando lo que algun día
nunca podrá ser.
el cuarto inclemente está lleno de recuerdos...y aún te siento adentro...adentro de mi.
no deja ni un espacio para matar el tiempo
y corren como almas,mustios vuelan mis recuerdos
el día del verano en que yo te conocía.
se callaron las palomas,los jilgueros no cantaban
el último latido del abrazo de tu voz
me dice que de pronto todo esto ya se muere
te pierdes poco a poco,no te veo,yo sé ver.
aun el tiempo cuando pasa me dibuja una trampa
la vida no sabe ya sin ti pues nada bien
tu espíritu tan frío aún lo siento a mi lado
y siento como soplas con el viento tu amor.
se me acaba el corazon me duele tanto, tu no estás
el cuarto inclemente pierde notas de canción
la última te hize y quería que la veas
que nunca más te olvides de cuánto viví por ti.
ahora que has cambiado todo esto es más dificil
las olas no dibujan en la orilla tu rostro
y extraño el crepúsculo a tu lado cada tarde
me duele porque el mundo camina girando así
conocerás los príncipes de los reinos mas preciados
volarás junto a Dios tratando de vivir
ellos y el lino fino de sus ropas te merecen
tal vez y yo no fui eso que esperabas para ti
me toca recordarte desde un puerto tristemente
las aves ya no vuelan como antes cuando estabas
el sol ya no tiene ese fuego en su mirada
que tu con tu sonrisa eras capaz de prenderme
voy como un jinete en huida cabalgando
esta noche fría aún caminaré
y a orillas del recuerdo en una piedra estaré sentado
esperando lo que algun día
nunca podrá ser.
el cuarto inclemente está lleno de recuerdos...y aún te siento adentro...adentro de mi.
martes, 10 de febrero de 2009
Viaje en combi
Ayer tomé una combi.
Mejor dicho, la combi me tomó a mi.
Eran la 1 de la tarde con un sol terrible de verano y estaba en el paradero de la ruta 45 ó 53 ó 21, en fin, da igual porque nunca se respeta la ruta. Me iba a entregar unos documentos al poder judicial que supuestamente tenía que entregar a las 9 de la mañana. Lo peor de todo es que no tenía ni un real, ni un sol, y dije que la combi me tomo a mi porque estaba parado probablemente -hasta lo que me acuerdo- esperando un taxi por la presurosidad con la que tenía que llegar a concluir mi última diligencia, de pronto aparece una combi zigzageante entre la jungla de animales con llantas, evade a un camión de naranjas palpeñas y a un carrito de una viejita que hacía movilidad escolar a esa hora, arremete contra las personas y se empotra en el paradero...
-Al fondo hay sitio, acomódate a ver, colabora pe' mamita apégate al fondo pe'
-Avisa avisa!-grita el chofer
De pronto siento un mar de cuerpos atrás mío y salgo disparado hacia lo más profundo de la combi, allí donde casi no hay oxígeno.
-Al fondo hay oxígeno, colabora, apégate pe'.
Estaba con los papeles en la mano casi arrugados e intentando acomodarme y sentía piernas, manos, cabezas, etc, pateándome, tocándome, me sentí violado, y claro, es que la combi era tan pequeña que iba más doblado que sardina en conserva.
-Curvaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
-aaaaaaaaaaaaaahhhh-gritó la gente
-Oiga mañoso!se aprovecha de la curva
Una señora gritó porque tenía atrás a un viejo mañoso que se aprovechaba de las curvas y de los baches, a decir verdad, la señora aquella estaba como quería, pero en fin, ese es otro tema.
-A ver pasajes, pasajes, pasajes, con sencillo, pagando pe'
Maldita sea, pasajes.
Tenía la billetera en la parte de atrás del pantalón, y como estaba retorcido como lombriz de chanchamayo, no podía sacar el dinero, se me hacía tarde y lo peor de todo es que ni siquiera sabía en dónde demonios estaba, no veía.
Saqué como pude la billetera, de hecho me ayudaron un par de personas que estaban atrás y que cobraron comisión a la fuerza: Me asaltaron.
Las manos volaban y se entrelazaban como enredaderas entre las personas y el cobrador cogía todas las monedas que le lanzaban como un "catcher" de baseball.
-En la esquina bajan.
Iba a bajar el último de extremo derecho de el asiento final, ese asiento de cuatro donde hacen entrar a seis o siete. Practicamente lo cargamos en peso y tuvo que salir por encima, aunque el intento no duró mucho, el esmirriado personaje vio a la señora guapa en el medio de la combi que de por si, y mirandola desde el fondo con esa cantidad de gente, parece un bus interprovincial, con un pasadizo larguísimo e interminable.
-A ver, permiso, permiso, señores, asi, asi.
Encogió toda parte de su cuerpo y se redujo casi a la mitad, se puso en puntas y caminó moviendo su pelvis circularmente como si estuviera bailando ballet, o en ese caso flamenco, porque tenía las manos separadas y se cogía y se soltaba del pasamano. El punteador de combi, el que se sienta al fondo para después pasar por en medio de todos y llevarse un poquito de alguien.
El muy perro llegó al final y como el cobrador no es una mantis ni mucho menos tribilín, no le pudo cobrar, lo curioso fue que al bajar le pidió el pasaje y el flaquito se hizo muy el sueco y le dijo "ya te pagué", le dió una palmadita en la espalda y salió disparado en sentido contrario a la combi.
Combi fuga.
Si yo hubiera podido hacer eso, otra sería la historia. Abran las ventanas por favor, huele a camello. y si, olía a camello y encima sube una señora regordeta con una bolsa grande que entre cabezas divisé: Norky's. Eran casi la 1:20 de la tarde, en pleno verano y la inhumana señora gorda nos quería matar a todos con el olor del pollo y encima a la brasa, mezclado con el vapor
y ciertos olores extraños que nunca en mi vida había olido.
-Baja en el poder judicial, pero YA!
-Ya chino, perate pe'. Poder judicial baja el pinguino.
Ahora yo era el pinguino, qué desgracia, la combi frenó de una manera intempestiva, todos se fueron adelante y yo salí disparado como supermán por los aires, a decir verdad bajé por la ventana y no por la puerta corrediza de la combi, o probablemente mi cuerpo bajó por un lado y mi cabeza por otro. No sé. El hecho es que me botarron como a perro regañado y llegué al lugar en media hora; Debí llegar en 15 minutos, o menos, pero así es la vida, porque paran cuando el semaforo está en verde y avanzan cuando están en rojo, porque ponen música chillosa con los parlantes mal ecualizados y gritan como si estuvieran en el infierno, y también huelen como si estuvieran en el infierno. Logré hacer la diligencia pero producto de ese viaje A-1 en primerísima clase terminé sin dos botones de mi camisa y con 10 soles menos en la billetera.
Es la farándula nuestra de cada día. Un mal necesario.
¿Qué sería del Perú sin combis?
Si yo fuera presidente, convierto a la combi en el transporte de bandera e institucionalizo el DNC : "Dia nacional de la combi" por el servicio prestado al país que ningún país desarrollado de europa lo tiene.
Es que la combi es chévere. paga con sensillo, aquí el chofer y el cobrador son chéveres, la música también, en memoria de mi padre IGNACIO COTAQUISPE, YA FUISTES AUGUSTA, si la envidia fuera oro, millonario serías, JHONNY el papi, transportes San Pedro: Te llevamos directo al cielo, y así, me puedo pasar la vida enumerando la cantidad de frases, palabras y horrores ortográficos que aparecen en las combis, sin contar a las calatas y al prototipo de chofer y cobrador, el reguetonero, el punkeke, el viejito decentón, el chofer mañoso, el cobrador pendejo, etc, etc, pero ese ya es tema de otro capítulo.
Vivan las combis
Viva el DNC
Viva el Perú.
He dicho.
Mejor dicho, la combi me tomó a mi.
Eran la 1 de la tarde con un sol terrible de verano y estaba en el paradero de la ruta 45 ó 53 ó 21, en fin, da igual porque nunca se respeta la ruta. Me iba a entregar unos documentos al poder judicial que supuestamente tenía que entregar a las 9 de la mañana. Lo peor de todo es que no tenía ni un real, ni un sol, y dije que la combi me tomo a mi porque estaba parado probablemente -hasta lo que me acuerdo- esperando un taxi por la presurosidad con la que tenía que llegar a concluir mi última diligencia, de pronto aparece una combi zigzageante entre la jungla de animales con llantas, evade a un camión de naranjas palpeñas y a un carrito de una viejita que hacía movilidad escolar a esa hora, arremete contra las personas y se empotra en el paradero...
-Al fondo hay sitio, acomódate a ver, colabora pe' mamita apégate al fondo pe'
-Avisa avisa!-grita el chofer
De pronto siento un mar de cuerpos atrás mío y salgo disparado hacia lo más profundo de la combi, allí donde casi no hay oxígeno.
-Al fondo hay oxígeno, colabora, apégate pe'.
Estaba con los papeles en la mano casi arrugados e intentando acomodarme y sentía piernas, manos, cabezas, etc, pateándome, tocándome, me sentí violado, y claro, es que la combi era tan pequeña que iba más doblado que sardina en conserva.
-Curvaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
-aaaaaaaaaaaaaahhhh-gritó la gente
-Oiga mañoso!se aprovecha de la curva
Una señora gritó porque tenía atrás a un viejo mañoso que se aprovechaba de las curvas y de los baches, a decir verdad, la señora aquella estaba como quería, pero en fin, ese es otro tema.
-A ver pasajes, pasajes, pasajes, con sencillo, pagando pe'
Maldita sea, pasajes.
Tenía la billetera en la parte de atrás del pantalón, y como estaba retorcido como lombriz de chanchamayo, no podía sacar el dinero, se me hacía tarde y lo peor de todo es que ni siquiera sabía en dónde demonios estaba, no veía.
Saqué como pude la billetera, de hecho me ayudaron un par de personas que estaban atrás y que cobraron comisión a la fuerza: Me asaltaron.
Las manos volaban y se entrelazaban como enredaderas entre las personas y el cobrador cogía todas las monedas que le lanzaban como un "catcher" de baseball.
-En la esquina bajan.
Iba a bajar el último de extremo derecho de el asiento final, ese asiento de cuatro donde hacen entrar a seis o siete. Practicamente lo cargamos en peso y tuvo que salir por encima, aunque el intento no duró mucho, el esmirriado personaje vio a la señora guapa en el medio de la combi que de por si, y mirandola desde el fondo con esa cantidad de gente, parece un bus interprovincial, con un pasadizo larguísimo e interminable.
-A ver, permiso, permiso, señores, asi, asi.
Encogió toda parte de su cuerpo y se redujo casi a la mitad, se puso en puntas y caminó moviendo su pelvis circularmente como si estuviera bailando ballet, o en ese caso flamenco, porque tenía las manos separadas y se cogía y se soltaba del pasamano. El punteador de combi, el que se sienta al fondo para después pasar por en medio de todos y llevarse un poquito de alguien.
El muy perro llegó al final y como el cobrador no es una mantis ni mucho menos tribilín, no le pudo cobrar, lo curioso fue que al bajar le pidió el pasaje y el flaquito se hizo muy el sueco y le dijo "ya te pagué", le dió una palmadita en la espalda y salió disparado en sentido contrario a la combi.
Combi fuga.
Si yo hubiera podido hacer eso, otra sería la historia. Abran las ventanas por favor, huele a camello. y si, olía a camello y encima sube una señora regordeta con una bolsa grande que entre cabezas divisé: Norky's. Eran casi la 1:20 de la tarde, en pleno verano y la inhumana señora gorda nos quería matar a todos con el olor del pollo y encima a la brasa, mezclado con el vapor
y ciertos olores extraños que nunca en mi vida había olido.
-Baja en el poder judicial, pero YA!
-Ya chino, perate pe'. Poder judicial baja el pinguino.
Ahora yo era el pinguino, qué desgracia, la combi frenó de una manera intempestiva, todos se fueron adelante y yo salí disparado como supermán por los aires, a decir verdad bajé por la ventana y no por la puerta corrediza de la combi, o probablemente mi cuerpo bajó por un lado y mi cabeza por otro. No sé. El hecho es que me botarron como a perro regañado y llegué al lugar en media hora; Debí llegar en 15 minutos, o menos, pero así es la vida, porque paran cuando el semaforo está en verde y avanzan cuando están en rojo, porque ponen música chillosa con los parlantes mal ecualizados y gritan como si estuvieran en el infierno, y también huelen como si estuvieran en el infierno. Logré hacer la diligencia pero producto de ese viaje A-1 en primerísima clase terminé sin dos botones de mi camisa y con 10 soles menos en la billetera.
Es la farándula nuestra de cada día. Un mal necesario.
¿Qué sería del Perú sin combis?
Si yo fuera presidente, convierto a la combi en el transporte de bandera e institucionalizo el DNC : "Dia nacional de la combi" por el servicio prestado al país que ningún país desarrollado de europa lo tiene.
Es que la combi es chévere. paga con sensillo, aquí el chofer y el cobrador son chéveres, la música también, en memoria de mi padre IGNACIO COTAQUISPE, YA FUISTES AUGUSTA, si la envidia fuera oro, millonario serías, JHONNY el papi, transportes San Pedro: Te llevamos directo al cielo, y así, me puedo pasar la vida enumerando la cantidad de frases, palabras y horrores ortográficos que aparecen en las combis, sin contar a las calatas y al prototipo de chofer y cobrador, el reguetonero, el punkeke, el viejito decentón, el chofer mañoso, el cobrador pendejo, etc, etc, pero ese ya es tema de otro capítulo.
Vivan las combis
Viva el DNC
Viva el Perú.
He dicho.
domingo, 14 de diciembre de 2008
La bajada de reyes
Una huevada escolar.
Así es como catalogaría a una de las cosas que me costaron uno de los peores regaños de mi vida. En realidad, hubiese sido peor si no fuera porque mi mamá estaba ahí en el momento en que tuve que dar la noticia de la magistral, monumental, genial y siempre bien ponderada "bajada de reyes", pasaré a contar la historia del demonio.
Sexto de primaria, último año de sentirse menor, de estar marginados por la sociedad seudo adulta, los que pretendían serlo y los que lo eran. A decir verdad, nosotros ya no eramos tan niños, estabamos esperando a que se acabara el año para pasar por fin al "colegio grande" donde estaban los grandes y sentirnos por fin alumnos de secundaria, sin incómodas loncheras, ni besitos de despedida de la mamá, ni movilidad en la puerta del colegio a la salida ni nada de esas mariconadas a las que las mamás nos someten por buena parte de nuestras vidas, pero no éramos tan niños porque ya teníamos enamorada o jugábamos botella borracha en el salón o empezábamos a ir a fiestitas de cumpleaños -aunque nunca tan perdidos como ahora- a reuniones en casas, pero como puse, empezábamos, o sea teníamos que estar o con nuestros papás o con la mamá de tal amigo que previamente cada mamá había llamado para confiar al retoño en sus manos, etc, etc -qué jodidos que son los viejos cuando uno es chibolo-, y a pesar de todo, ya nos sentíamos grandes, o lo que era peor, queríamos crecer a la fuerza.
Había sol, era una mañana de diciembre, casi fin de año y nada de clases, porque sí, uno paga diciembre en el colegio, por las huevas, porque no haces absolutamente nada más que jugar al amigo secreto con la amiga de tu amiga y planear cómo será tu verano, entonces el colegio -en cualquiera de sus niveles- se vuelve una especie de Club Nacional, donde se va a planear, a quedar, a tontear, se va a cualquier cosa, menos a estudiar.
(Lamentablemente tengo que recordar los exámenes, en fin, no todo es relajo en diciembre, pero si tienen en cuenta que algunos ni estudian y plagean con la conciencia mas sínica del mundo, entonces si es un mes redondo. Ok, perdón por los que no están en ese rango, para todos hay, los que sí estudian, se amanecen, se estresan, les salen granitos, barros, espinillas etc, y jalan: La vida es la injusticia hecha proceso)
Estábamos en el último salón del primer piso, cerca a los baños y a la escalera que llevaba al segundo piso, éramos algo así como el salón imposible, todos los profesores tenían miedo de entrar a nuestro salón...bueno, miedo tal vez no, más bien displicencia, apatía, desgano, abulia, esa mañana no había nadie en nuestro salón y para variar habíamos ido casi todos, era un juergón, una barahúnda, un bacanal hecho por nosotros mismos. Recuerdo que había una radio, hubo antes un compartir, tal vez mentí al decir que fue a las 11 de la mañana, probablemente fue mas tarde pero no antes de la una, hubo chizitos, papitas, galletitas, gaseositas, mamás alcahuetonas, mamás que querían sobresalir, hijos caprichosos, profesoras chismosas, y lo principal y el núcleo base de esta magnánima historia de desbande escolar: El nacimiento.
El comité de madres había acordado poner en el salón un nacimiento por las festividades navideñas, definitivamente al principio la oposición fue rotunda y no se llegó a ningún acuerdo, pero posteriormente, luego de que sendos profesores entraran a exhortarnos sobre la importancia de el nacimiento en la vida cristiana del hombre y la relación de las enseñanzas de Jesús con la conducta del ser humano, llegamos a un acuerdo, cuidaríamos el nacimiento como si fuera nuestro - olvidé contarles, mi colegio era católico, apostólico, romano, el director era un monseñor y rezabamos rosario en todas las formaciones, demonios-. Eso fue algo que en parte nos hizo más responsables, ayudamos a armar el nacimiento, lo adornamos, sentíamos la navidad como todos los niños casi púbers pero también sentíamos desde ya el bicho del juerguero, parrandero, chonguero y maletero de la vida, de lo que poco a poco fuimos haciendo metamorfosis.
Esa mañana todos salieron. Nos abandonaron. Nos dieron las alas.
Tal vez esto nunca hubiera pasado si las profesoras no se hubieran ido a hablar y a tomar el té (a las 12 de dia las muy pacharacas) al tercer piso, en la sala de profesores; el salón era nuestro.
Subimos al máximo el volumen de la radio, en realidad sonaba un casette de los cádillacs (ya entienden ahora por qué amo a los cádillacs), mal bicho, o matador, una de las dos canciones eran, el salón era una discoteca de miraflores un sábado en la noche, hasta dónde éramos tan lornas que recuerdo que uno de mis compañeros dijo "apaguen la luz!", pero vaya, con qué ganas lo grito, y todos los borregos asentimos, si! si! apaguen la luz!, bola de enanos poco pensantes, de qué demonios serviría apagar la luz si afuera tienes un sol de 25 grados y más luz que en una sala de operaciones de clínica ficha, éramos el chiste hechos persona.
Apagamos la luz, y nos pusimos a bailar, entre todos, pero antes de explicar todo el proceso de sandungueo, debo explicar la ubicación geográfica del nacimiento en cuestión.
Parte central del salón -sólo por ese día, por el compartir- en la dirección del pupitre de la vieja, perdón, de la tutora que dicho sea de paso, era profesora de matemáticas y me caía como comer pastel de papa y adobo de pollo en navidad a las 2 de la mañana- justo adelante de la pizarra, como mirando todo el salón, y felizmente que no estaba el niño Jesús aún porque tal vez hubiera salido corriendo y diciendo "Herejes!paganos!pecadores!fariseos!", el tema cambia ahora, ya que se ubican un poco; estábamos bailando todos en el centro del salón, algunos subiéndose a las carpetas, extasiados por la música genial de vicentico y su gente, cantábamos, nosotros no creíamos en nadie, el colegio era nuestro.
Pogo. Ahí fue mi primer pogo, sin saber exactamente qué demonios era eso.
Hicimos una especie de círculo con todos los compañeros de salón, saltando y cantando, pero poco a poco se salió de control, y empezamos a patearnos, pegarnos, codearnos, etc, obvio, las mujeres ya habían salido y sólo veían nuestra última estupidez primariosa. Éramos una horda que se golpeaba sin razón, y encima, se reía de lo que pasaba, de repente sentí una fuerza que vino de atrás, Ezequiel y Facundo estaban conmigo en el chongo, se tropezaron, y fuimos cayendo de a pocos, en cámara lenta, como en las películas de acción en las que suspenden el tiempo, yo estaba más cerca al nacimiento, de pronto, apareció -como para complementar mi desgracia- una pelota y encima, tamaño oficial, la comenzaron a patear, estabamos totalmente desequilibrados y facundo se cae a un costado, ezequiel trata de apoyarse en mi y a mi me estampan la maldita pelota en la cara.
Knok out.
Me hundí con pelota y ezequiel en el nacimiento como si fuera un rey mago caído del cielo, o mejor dicho, caído del chongo, no medí y me llevé -bueno, nos llevamos ezequiel, la pelota y yo- el nacimiento de lleno, solo recuerdo que desde el suelo pude ver a Melchor volando hacia la cara de pierina, a Gaspar en el plato de chizitos y felizmente baltazar, el más fuerte de los reyes desde aquel momento para mí, no le pasó nada, es más, ni se movio. Cuando pude reponerme un poco, me di cuenta de que tenía una vaca en mi pecho, de que ezequiel estaba encima de un corderito y así, el salón aparte de ser un chongo gratis, se convirtió en un zoológico gratis, con animales de yeso, y por qué no, de verdad también.
-Uyuyuuuy!-Gritó el salón al unísono
-ya ya cállense, vamos a armarlo, ya pues, ayúdennos-dije con desesperación.
-Uziel ha sido, uziel!
-Ezequiel cállate, hemos sido todos, hemos estado ahí todos.
-cuál todos oye, yo no qué te crees.
-ya, eso después, armémoslo.
-qué brutos oye.
Las piezas estaban rotas por el impacto, el nacimiento estaba hecho trizas.
-La miss, la miss!ahi vieneeeeeeeeeeeeeeeeee
-pongan rápido, ordénenlooooooooooo
El bullicio había sido increíble que se escuchó hasta arriba e invadió el té de tías que había en la sala de profesores.
-Qué ha pasado aquí- La vieja con la voz gruesa y la cada de perro rabioso que nos aterraba.
-nada miss, se cayó el nacimiento, pero soliiiiito mis, se lo juramos que soliiiiiiito-dijo pierina.
-aaah, conque solito no? díganme quién ha sido, o todos castigados, nadie sale hasta que no me digan.
-Miss, fueron los hombres, estaban empujándose y a uziel le cayó un pelotazo en toda la cara, no lo ve distinto? se la arreglaron de paso.
Medio salón se rió de mi cara roja y mi verguenza.
Nos interrogó a todos los hombres y solamente tres fuimos los perjudicados: Ezequiel, Facundo y yo.
Fui la desesperación hecha persona. Porque encima de la regañada fatal, teníamos que pagar el nacimiento y nos iban a bajar dos puntos en conducta, era un abuso, teniendo en cuenta de que mi promedio de conducta siempre oscilaba entre el 12 y el 12 y el 12...y así, iba a jalar conducta y en mi casa me iban a quitar todo. Eso no lo podía permitir.
Citaron a mis viejos, yo llegué a mi casa con la citación. Primero le conté a mi mamá y puse mi de vuelve el perro arrepentido, le dije que no lo quize hacer, que me empujaron, mi mamá lo entendió un poco más, pero igual me regañó, ella se encargó de mi papá: Por favor no le grites mucho, es solo un niño entiende! es una travesura, etc etc. Me he dado cuenta de que las mamás para calmar las situaciones difíciles de sus hijos son geniales. Papá se enteró y hablamos los tres, me regañaron terrible, me quitaron la televisión, el nintendo, la radio, todo, era un hongo sin vida, una tortuga abandonada a su suerte y encima, sin lechuga.
Pero después de la tormenta, siempre llega la calma. Bueno eso creo. Al menos calma para mi porque para mi papá no fue así, no recuerdo cuánto tuvo que dar para pagar parte del nacimiento pero sólo sé que después me dijo: Si vuelves a hacer otro chistesito como ese, te desheredo. Al final compraron un nuevo nacimiento, pero ya nadie se le acercaba ni siquiera para mirarlo de lejitos, pero no entendí nunca el porqué de tener un nacimiento en el salón si ya había uno inmenso en el patio central del colegio, y el porqué de comprar otro si faltaba menos de dos semanas para acabar clases. En fin, las viejas quisieron relucir, y lo hicieron.
Esa fue mi última travesura de primaria, aunque a decir verdad, fue travesura a medias porque no la planeé, solo pasó y tuve la mala suerte de estar en primera fila y ser el protagonista del escándalo, casi como siempre. El 6to de primaria "B" no tuvo su bajada de reyes en enero, sino, en diciembre, y me siento muy orgulloso de eso, al final no me arrepiento, es más, si volviera a tener esa misma edad, lo hubiese vuelto a hacer, pero ahora si premeditadamente, pero tal vez no con el nacimiento, sino con las profesoras o maestras o mises o lo que fuere que se pare delante mío a poner una cara aciaga y vetusta y a dictar cátedra de algún curso. Siempre fui algo rebelde, pero más de pensamiento, por esos años, fuimos un buen grupo, descubrimos muchas cosas y aprendimos y fuimos amigos, esos son recuerdos que jamás se van a borrar de la memoria.
Y ya me voy, porque ya parece discurso de reencuentro de promoción de colegio ficho.
Qué carajos.
Así es como catalogaría a una de las cosas que me costaron uno de los peores regaños de mi vida. En realidad, hubiese sido peor si no fuera porque mi mamá estaba ahí en el momento en que tuve que dar la noticia de la magistral, monumental, genial y siempre bien ponderada "bajada de reyes", pasaré a contar la historia del demonio.
Sexto de primaria, último año de sentirse menor, de estar marginados por la sociedad seudo adulta, los que pretendían serlo y los que lo eran. A decir verdad, nosotros ya no eramos tan niños, estabamos esperando a que se acabara el año para pasar por fin al "colegio grande" donde estaban los grandes y sentirnos por fin alumnos de secundaria, sin incómodas loncheras, ni besitos de despedida de la mamá, ni movilidad en la puerta del colegio a la salida ni nada de esas mariconadas a las que las mamás nos someten por buena parte de nuestras vidas, pero no éramos tan niños porque ya teníamos enamorada o jugábamos botella borracha en el salón o empezábamos a ir a fiestitas de cumpleaños -aunque nunca tan perdidos como ahora- a reuniones en casas, pero como puse, empezábamos, o sea teníamos que estar o con nuestros papás o con la mamá de tal amigo que previamente cada mamá había llamado para confiar al retoño en sus manos, etc, etc -qué jodidos que son los viejos cuando uno es chibolo-, y a pesar de todo, ya nos sentíamos grandes, o lo que era peor, queríamos crecer a la fuerza.
Había sol, era una mañana de diciembre, casi fin de año y nada de clases, porque sí, uno paga diciembre en el colegio, por las huevas, porque no haces absolutamente nada más que jugar al amigo secreto con la amiga de tu amiga y planear cómo será tu verano, entonces el colegio -en cualquiera de sus niveles- se vuelve una especie de Club Nacional, donde se va a planear, a quedar, a tontear, se va a cualquier cosa, menos a estudiar.
(Lamentablemente tengo que recordar los exámenes, en fin, no todo es relajo en diciembre, pero si tienen en cuenta que algunos ni estudian y plagean con la conciencia mas sínica del mundo, entonces si es un mes redondo. Ok, perdón por los que no están en ese rango, para todos hay, los que sí estudian, se amanecen, se estresan, les salen granitos, barros, espinillas etc, y jalan: La vida es la injusticia hecha proceso)
Estábamos en el último salón del primer piso, cerca a los baños y a la escalera que llevaba al segundo piso, éramos algo así como el salón imposible, todos los profesores tenían miedo de entrar a nuestro salón...bueno, miedo tal vez no, más bien displicencia, apatía, desgano, abulia, esa mañana no había nadie en nuestro salón y para variar habíamos ido casi todos, era un juergón, una barahúnda, un bacanal hecho por nosotros mismos. Recuerdo que había una radio, hubo antes un compartir, tal vez mentí al decir que fue a las 11 de la mañana, probablemente fue mas tarde pero no antes de la una, hubo chizitos, papitas, galletitas, gaseositas, mamás alcahuetonas, mamás que querían sobresalir, hijos caprichosos, profesoras chismosas, y lo principal y el núcleo base de esta magnánima historia de desbande escolar: El nacimiento.
El comité de madres había acordado poner en el salón un nacimiento por las festividades navideñas, definitivamente al principio la oposición fue rotunda y no se llegó a ningún acuerdo, pero posteriormente, luego de que sendos profesores entraran a exhortarnos sobre la importancia de el nacimiento en la vida cristiana del hombre y la relación de las enseñanzas de Jesús con la conducta del ser humano, llegamos a un acuerdo, cuidaríamos el nacimiento como si fuera nuestro - olvidé contarles, mi colegio era católico, apostólico, romano, el director era un monseñor y rezabamos rosario en todas las formaciones, demonios-. Eso fue algo que en parte nos hizo más responsables, ayudamos a armar el nacimiento, lo adornamos, sentíamos la navidad como todos los niños casi púbers pero también sentíamos desde ya el bicho del juerguero, parrandero, chonguero y maletero de la vida, de lo que poco a poco fuimos haciendo metamorfosis.
Esa mañana todos salieron. Nos abandonaron. Nos dieron las alas.
Tal vez esto nunca hubiera pasado si las profesoras no se hubieran ido a hablar y a tomar el té (a las 12 de dia las muy pacharacas) al tercer piso, en la sala de profesores; el salón era nuestro.
Subimos al máximo el volumen de la radio, en realidad sonaba un casette de los cádillacs (ya entienden ahora por qué amo a los cádillacs), mal bicho, o matador, una de las dos canciones eran, el salón era una discoteca de miraflores un sábado en la noche, hasta dónde éramos tan lornas que recuerdo que uno de mis compañeros dijo "apaguen la luz!", pero vaya, con qué ganas lo grito, y todos los borregos asentimos, si! si! apaguen la luz!, bola de enanos poco pensantes, de qué demonios serviría apagar la luz si afuera tienes un sol de 25 grados y más luz que en una sala de operaciones de clínica ficha, éramos el chiste hechos persona.
Apagamos la luz, y nos pusimos a bailar, entre todos, pero antes de explicar todo el proceso de sandungueo, debo explicar la ubicación geográfica del nacimiento en cuestión.
Parte central del salón -sólo por ese día, por el compartir- en la dirección del pupitre de la vieja, perdón, de la tutora que dicho sea de paso, era profesora de matemáticas y me caía como comer pastel de papa y adobo de pollo en navidad a las 2 de la mañana- justo adelante de la pizarra, como mirando todo el salón, y felizmente que no estaba el niño Jesús aún porque tal vez hubiera salido corriendo y diciendo "Herejes!paganos!pecadores!fariseos!", el tema cambia ahora, ya que se ubican un poco; estábamos bailando todos en el centro del salón, algunos subiéndose a las carpetas, extasiados por la música genial de vicentico y su gente, cantábamos, nosotros no creíamos en nadie, el colegio era nuestro.
Pogo. Ahí fue mi primer pogo, sin saber exactamente qué demonios era eso.
Hicimos una especie de círculo con todos los compañeros de salón, saltando y cantando, pero poco a poco se salió de control, y empezamos a patearnos, pegarnos, codearnos, etc, obvio, las mujeres ya habían salido y sólo veían nuestra última estupidez primariosa. Éramos una horda que se golpeaba sin razón, y encima, se reía de lo que pasaba, de repente sentí una fuerza que vino de atrás, Ezequiel y Facundo estaban conmigo en el chongo, se tropezaron, y fuimos cayendo de a pocos, en cámara lenta, como en las películas de acción en las que suspenden el tiempo, yo estaba más cerca al nacimiento, de pronto, apareció -como para complementar mi desgracia- una pelota y encima, tamaño oficial, la comenzaron a patear, estabamos totalmente desequilibrados y facundo se cae a un costado, ezequiel trata de apoyarse en mi y a mi me estampan la maldita pelota en la cara.
Knok out.
Me hundí con pelota y ezequiel en el nacimiento como si fuera un rey mago caído del cielo, o mejor dicho, caído del chongo, no medí y me llevé -bueno, nos llevamos ezequiel, la pelota y yo- el nacimiento de lleno, solo recuerdo que desde el suelo pude ver a Melchor volando hacia la cara de pierina, a Gaspar en el plato de chizitos y felizmente baltazar, el más fuerte de los reyes desde aquel momento para mí, no le pasó nada, es más, ni se movio. Cuando pude reponerme un poco, me di cuenta de que tenía una vaca en mi pecho, de que ezequiel estaba encima de un corderito y así, el salón aparte de ser un chongo gratis, se convirtió en un zoológico gratis, con animales de yeso, y por qué no, de verdad también.
-Uyuyuuuy!-Gritó el salón al unísono
-ya ya cállense, vamos a armarlo, ya pues, ayúdennos-dije con desesperación.
-Uziel ha sido, uziel!
-Ezequiel cállate, hemos sido todos, hemos estado ahí todos.
-cuál todos oye, yo no qué te crees.
-ya, eso después, armémoslo.
-qué brutos oye.
Las piezas estaban rotas por el impacto, el nacimiento estaba hecho trizas.
-La miss, la miss!ahi vieneeeeeeeeeeeeeeeeee
-pongan rápido, ordénenlooooooooooo
El bullicio había sido increíble que se escuchó hasta arriba e invadió el té de tías que había en la sala de profesores.
-Qué ha pasado aquí- La vieja con la voz gruesa y la cada de perro rabioso que nos aterraba.
-nada miss, se cayó el nacimiento, pero soliiiiito mis, se lo juramos que soliiiiiiito-dijo pierina.
-aaah, conque solito no? díganme quién ha sido, o todos castigados, nadie sale hasta que no me digan.
-Miss, fueron los hombres, estaban empujándose y a uziel le cayó un pelotazo en toda la cara, no lo ve distinto? se la arreglaron de paso.
Medio salón se rió de mi cara roja y mi verguenza.
Nos interrogó a todos los hombres y solamente tres fuimos los perjudicados: Ezequiel, Facundo y yo.
Fui la desesperación hecha persona. Porque encima de la regañada fatal, teníamos que pagar el nacimiento y nos iban a bajar dos puntos en conducta, era un abuso, teniendo en cuenta de que mi promedio de conducta siempre oscilaba entre el 12 y el 12 y el 12...y así, iba a jalar conducta y en mi casa me iban a quitar todo. Eso no lo podía permitir.
Citaron a mis viejos, yo llegué a mi casa con la citación. Primero le conté a mi mamá y puse mi de vuelve el perro arrepentido, le dije que no lo quize hacer, que me empujaron, mi mamá lo entendió un poco más, pero igual me regañó, ella se encargó de mi papá: Por favor no le grites mucho, es solo un niño entiende! es una travesura, etc etc. Me he dado cuenta de que las mamás para calmar las situaciones difíciles de sus hijos son geniales. Papá se enteró y hablamos los tres, me regañaron terrible, me quitaron la televisión, el nintendo, la radio, todo, era un hongo sin vida, una tortuga abandonada a su suerte y encima, sin lechuga.
Pero después de la tormenta, siempre llega la calma. Bueno eso creo. Al menos calma para mi porque para mi papá no fue así, no recuerdo cuánto tuvo que dar para pagar parte del nacimiento pero sólo sé que después me dijo: Si vuelves a hacer otro chistesito como ese, te desheredo. Al final compraron un nuevo nacimiento, pero ya nadie se le acercaba ni siquiera para mirarlo de lejitos, pero no entendí nunca el porqué de tener un nacimiento en el salón si ya había uno inmenso en el patio central del colegio, y el porqué de comprar otro si faltaba menos de dos semanas para acabar clases. En fin, las viejas quisieron relucir, y lo hicieron.
Esa fue mi última travesura de primaria, aunque a decir verdad, fue travesura a medias porque no la planeé, solo pasó y tuve la mala suerte de estar en primera fila y ser el protagonista del escándalo, casi como siempre. El 6to de primaria "B" no tuvo su bajada de reyes en enero, sino, en diciembre, y me siento muy orgulloso de eso, al final no me arrepiento, es más, si volviera a tener esa misma edad, lo hubiese vuelto a hacer, pero ahora si premeditadamente, pero tal vez no con el nacimiento, sino con las profesoras o maestras o mises o lo que fuere que se pare delante mío a poner una cara aciaga y vetusta y a dictar cátedra de algún curso. Siempre fui algo rebelde, pero más de pensamiento, por esos años, fuimos un buen grupo, descubrimos muchas cosas y aprendimos y fuimos amigos, esos son recuerdos que jamás se van a borrar de la memoria.
Y ya me voy, porque ya parece discurso de reencuentro de promoción de colegio ficho.
Qué carajos.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Extrañando miraflores
-Salí con mi ex.
-¿Qué?
-Salí con mi ex.
-...
-Déjame explicarte, yo...
-Ya fue, ya fue...
-Es que, no en serio, quiero explicarte no quiero que pienses mal,solo...estoy confundida.
-ah, confundida, qué bien.
-lo siento, no quise.
-qué mierda, da igual, chau.
Colgué el teléfono, molesto, porque no había terminado de digerir la idea de saber que la persona con la que estaba había salido con su ex...yo me pregunto, ¿las mujeres lo hacen a propósito o qué carajos? porque no termino de entender esas posiciones, "no amor, portate bonito, no hagas esto, el otro, estoy pensando en ti siempre", bah, al final es igual, al menos en ese momento lo sentí. Me volví a acostar algo triste, prendí el mp4, sonaba bitácora. Era la depresión total, era el semblante de un emo pintado de negro en el borde de un precipicio, aunque la música no lo haya sido tanto.
filosofé sobre las mujeres, Dios, cómo cuesta entender siquiera algo de ellas.
porque primero dicen algo, y a las horas salen con algo totalmente distinto, dibujan algo con una mano y con la otra lo llenan de paja y aserrín y barro, porque son cincuenta veces más bipolares que yo y que mi tortuga. Mujeres que leen esto, me pueden explicar ¿por qué demonios tienen esa capacidad casi infernal de construir el castillo de naipes más alto y más difícil en tan poco tiempo y mandarlo todo a la marchanta (usaré el término argentino que usa andrés calamaro en una de sus canciones) en menos tiempo aún?, no se si lo hacen conciente o inconcientemente, pero lo que si se, es que de alguna u otra manera a los hombres les afecta mucho, aunque se hagan los suecos, los fuertes, los que nada les afecta, si perro a tí te digo, tu que dices que eres el más más, ¿o me vas a decir que nunca te has puesto mal por una mujer?
En fin, tal vez se sufre por igual, o tal vez los hombres sufrimos más, pero somos más discretos, o quién sabe, lo único que se es que es una total mentira el que las mujeres son más fuertes que los hombres (con esto no quiero decir tampoco que sean más débiles), porque claro, en este caso, le pudo haber dicho a su ex que no, y listo, que se iba sola o que no podía aceptar la invitación, pero lo hizo y es suficiente como para saber dos cosas:
Número uno: que las mujeres son volubles y más bipolares que mi tortuga y yo. (tal vez mi tortuga es menos bipolar que yo)
Número dos: que uno siempre tiene un amor con el que idealiza la perfección de una relación.
Probablemente ella lo tiene, y no lo quiere aceptar, probablemente yo lo tengo, aunque de eso no estoy muy seguro, solamente se que ayer se me vino a la mente su imagen y pensé más y extrañé más su manera de ser, hubiera querido que esté ahí, aunque sé que estuvo con el pensamiento...me timbró al celular.
A veces, uno también espera a la persona, qué se yo, porque está lejos o porque sencillamente no es el tiempo, pero aún así la sigues amando y extrañando, eso fue lo que pasó, la pregunta es...
¿Todos tienen un amor al que no han podido olvidar aunque digan que si?
probablemente si, y si no lo tienen, es porque aún no lo han conocido, o no se han enamorado por completo, en todo caso ahí está la pregunta.
Esta fue por ti perro, a veces encuentras masa para preparar pan en el lugar menos esperado.
-¿Qué?
-Salí con mi ex.
-...
-Déjame explicarte, yo...
-Ya fue, ya fue...
-Es que, no en serio, quiero explicarte no quiero que pienses mal,solo...estoy confundida.
-ah, confundida, qué bien.
-lo siento, no quise.
-qué mierda, da igual, chau.
Colgué el teléfono, molesto, porque no había terminado de digerir la idea de saber que la persona con la que estaba había salido con su ex...yo me pregunto, ¿las mujeres lo hacen a propósito o qué carajos? porque no termino de entender esas posiciones, "no amor, portate bonito, no hagas esto, el otro, estoy pensando en ti siempre", bah, al final es igual, al menos en ese momento lo sentí. Me volví a acostar algo triste, prendí el mp4, sonaba bitácora. Era la depresión total, era el semblante de un emo pintado de negro en el borde de un precipicio, aunque la música no lo haya sido tanto.
filosofé sobre las mujeres, Dios, cómo cuesta entender siquiera algo de ellas.
porque primero dicen algo, y a las horas salen con algo totalmente distinto, dibujan algo con una mano y con la otra lo llenan de paja y aserrín y barro, porque son cincuenta veces más bipolares que yo y que mi tortuga. Mujeres que leen esto, me pueden explicar ¿por qué demonios tienen esa capacidad casi infernal de construir el castillo de naipes más alto y más difícil en tan poco tiempo y mandarlo todo a la marchanta (usaré el término argentino que usa andrés calamaro en una de sus canciones) en menos tiempo aún?, no se si lo hacen conciente o inconcientemente, pero lo que si se, es que de alguna u otra manera a los hombres les afecta mucho, aunque se hagan los suecos, los fuertes, los que nada les afecta, si perro a tí te digo, tu que dices que eres el más más, ¿o me vas a decir que nunca te has puesto mal por una mujer?
En fin, tal vez se sufre por igual, o tal vez los hombres sufrimos más, pero somos más discretos, o quién sabe, lo único que se es que es una total mentira el que las mujeres son más fuertes que los hombres (con esto no quiero decir tampoco que sean más débiles), porque claro, en este caso, le pudo haber dicho a su ex que no, y listo, que se iba sola o que no podía aceptar la invitación, pero lo hizo y es suficiente como para saber dos cosas:
Número uno: que las mujeres son volubles y más bipolares que mi tortuga y yo. (tal vez mi tortuga es menos bipolar que yo)
Número dos: que uno siempre tiene un amor con el que idealiza la perfección de una relación.
Probablemente ella lo tiene, y no lo quiere aceptar, probablemente yo lo tengo, aunque de eso no estoy muy seguro, solamente se que ayer se me vino a la mente su imagen y pensé más y extrañé más su manera de ser, hubiera querido que esté ahí, aunque sé que estuvo con el pensamiento...me timbró al celular.
A veces, uno también espera a la persona, qué se yo, porque está lejos o porque sencillamente no es el tiempo, pero aún así la sigues amando y extrañando, eso fue lo que pasó, la pregunta es...
¿Todos tienen un amor al que no han podido olvidar aunque digan que si?
probablemente si, y si no lo tienen, es porque aún no lo han conocido, o no se han enamorado por completo, en todo caso ahí está la pregunta.
Esta fue por ti perro, a veces encuentras masa para preparar pan en el lugar menos esperado.
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