Tarde de verano. El cielo aún reflejaba sobre las calles los últimos rayos del sol que cada vez se hacían más débiles; en la ciudad, las pistas olían a caucho que se mezclaba con el vapor que dejaron los casi 35 grados de calor del mediodía, los carros, las bicicletas, la gente caminando, todo tan normal, todo tan igual, y por la calle, Santiago, carajo, estoy demasiado tarde, ya me debe estar esperando. De pronto el celular suena, ya mi amor, ya voy a llegar, es que el carro se ha tardado, mentira, es que te has ido a pie para ahorrar el pasaje y juntar dinero con el que puedas comprar tu regalito del mes.
La esquina de la calle Madreselva llena de sombras por los grandes árboles que están a los lados de la calle, en una esquina más ovalada que cuadrada esta tu academia de inglés, teníamos que llegar antes de que empiecen tus clases porque tu profesor jode, ¿no amor?, sí, es un pesado, pero no importa porque la pasé contigo, Santiago.
Se despidieron como siempre con un beso en la boca, sin prisa, sabían que se iban a volver a ver al siguiente día y que todo este suplicio de no estar juntos tanto como quisieran se iba a acabar cuando vuelvan a Lima. De pronto, en una esquina, mientras que se daban el adiós, un tipo de camisa celeste y cabello corto, de ojos grandes y porte robusto los observó muy cerca, casi radiográficamente, a ella primero y cuando se alejó se quedó con la mirada impregnada en él. Su cara reflejaba la incertidumbre del que trama algo, del que piensa rápido, del que quiere avisar a alguien. Cuando Santiago volteó a los pocos segundos, ya no había absolutamente nadie en la esquina, el tipo de la camisa celeste estaba solo, tenía un celular en la mano y de pronto desapareció, sin preocupación se puso a pensar, qué buen día, gracias por el libro mi amor, lo leeré cuando termine el que ahora leo, me encanta que te guste leer tanto como a mí, amor.
Cruzó las dos pistas de doble vía de la avenida Cutervo, una mototaxi casi lo arrulla, pasó cerquísima a él. El semáforo se puso en rojo y al fin pudo terminar de cruzar para seguir de frente por la calle Jacintos, donde antes de ver a su chica compró una cajetilla de cigarrillos en una tiendita cuya señora fue muy amable, esta es una calle segura, pensó. De un momento a otro se abstrajo del planeta, estuvo ido, Santiago pensó en su chica, sacó del bolsillo inferior de su bermuda la cajetilla, había un vientecito fresco que le tiraba para atrás el cabello y le provocó fumar. Se quedó parado un momento y encendió el cigarrillo después de varios intentos, abrió el libro y se puso a ojearlo mientras con la otra mano sujetaba el pucho, el reproductor estaba en 'play', escuchaba un disco en vivo de los Cafres, Luna Park, carajo qué buen disco, qué ganas de fumar hierba, qué buen día.
Ese momento fue el acabóse.
A la mitad de la calle, como nunca Santiago caminó por la vereda, no pensaba en absolutamente nada y de pronto siente una mano que sujeta su cuello con fuerza, inmediatamente y aún adormecido por sabe Dios qué carajo, se rió y volteó hacia su lado derecho, carajo, quién es, quién está jugando así, jajá. Sus ojos giraron y de dieron con la hoja metálica y sucia de un cuchillo más grande que el de cocina de la abuelita Ruperta. Un sabe de proporciones enormes, inmediatamente llevó sus manos hacia su oreja para sacarse los audífonos y poder oir, a sus dos lados dos tipos, el que tenía el cuchillo era más alto que él, polo colorido, sucio, la cara con cortes, aretes, presionó el cuchillo contra su pecho.
-Cállate mierda, ya perdiste, saca todo lo que tienes-Dijo lentito el cholo.
-Puta madre, ya perdí, ya fue-Dijo Santiago-. ¿Qué más tengo? ya lo sacaste cholo reconcha de tu madre, pensó.
-Cállate huevonazo te he dicho-Su cuchillo se hundía cada vez un poco más en el pecho de Santiago, la presión de su brazo atenazando su cuello-. Te voy a matar hijo de puta. Los bolsillos de abajo, los de abajo!
-No me cagues, bart- Dijo Santiago tranquilo, sin oponer resistencia-. Yo te voy a dar todo, llévatelo, fresh, pero, un favorcito, déjame el chip, mis documentos, no me cagues...
-Cállate concha tu madre-Gritó por tercera vez el cholo-. O te clavo mierda, rápido, todo.
Sacaron en un santiamén el Nextel, un Mp4 y la billetera con absolutamente todos los documentos. Subieron a una mototaxi verde cuya placa no pudo ver, era muy difícil atinar a algo en ese momento, tenía una confusión enorme en la cabeza y aún le quedaban espasmos de letargo que se reflejaron cuando vio que los rateros se alejaban raudamente y en la calle ni un alma, nadie, y si hubieran visto igual, qué chucha, a nadie le importa, así siguió caminando como si nada hubiese pasado, abrió el libro, lo volvió a hojear, le dio una pitada al pucho que estaba fumando y al llegar al parque del reservorio, lo tiró inmediatamente al pasto sin apagarlo, tenía un sabor de mierda, un sabor a confusión, a ira, a sueño, a nada.
-¿Qué, cómo así, estás bien primo?
-Creo que sí, se llevaron todo, solo me dejaron este celular que por suerte no advirtieron-dijo Santiago-. ¿Si me asusté? no, es más, no creo que me haya pasado, estoy soñando.
-Tienes que ir a denunciar en el acto-dijo furiosamente la prima Cucha-. Por eso es que roban y roban y nadie denuncia y jamás hay policías. Un cuchillo grande, Dios mío, tú seguro con los audífonos, eres un exibicionista, primo.
-En Lima jamás me pasa esto, esta ciudad está salada, Ica no me quiere-protestó Santiago-. Salvo por ella, pensó, salvo porque la veo siempre y me hace feliz. Sonrió de pronto.
-Vamos a la comisaría, allá en la avenida J.J Elías, rapidito nomás, por tus documentos, quizás después te involucren con cualquier mafioso- se apresuró la Cucha.
-Carajo, tanta cosa, bueno vamos pues, pero acompáñame y...-Santiago puso cara de confusión y súplica-. Préstame el pasaje, no me dejaron ni reintegro.
La fachada verde agua, no más de un metro de altura, una puerta de rejas negras, algunos fierros oxidados, a continuación, un patio grande y recién la puerta principal que no existe, Santiago y Cucha entraron rápidamente, a la derecha un cuarto dentro de los cinco que hay en la primera planta, en todos, máquinas de escribir, computadoras y grandes cuadernos forrados con lustre verde, en todos movimiento y caras espantosas, cholos de mierda, rateros conchasusmadres, muéranse todos, pensó Santiago. En aquel cuarto un policía uniformado salió al encuentro.
-Jefe, vengo a hacer una denuncia- dijo Santiago con voz firme.
-¿Sobre qué?- el policía se tocaba el quepí, la camisa estaba medio salida-. Robo, de qué.
-Celular, mp4, billetera con todos los documentos, todo.
-Suba al segundo piso, el primer cuarto de la mano izquierda, buenas tardes.
No tienen ni mierda de buenas, pensó Santiago. Las caras se confundían y las miradas eran cada vez más densas, infundían miedo, acollonaban. Subió las escaleras que tenían barandas de madera medio apolilladas, a la izquierda, carajo, esto deprime, parece hospital público.
El cuarto era grande, el color de la pared mostaza, en el medio se notaba la humedad, álgunos manchones, enfrente de la puerta de entrada, una gran ventana que daba a la calle y que estaba rota, probablemente por una piedra o algún puñetazo, pensó y re pensó Santiago, qué carajos hago acá, cholos de mierda, choros de mierda, cholo, choro, la misma huevada es.
Doce computadoras, seis escritorios, dos computadoras por escritorio, al fondo otra puertita más pequeña, un señor de peinado colosal y bajito, con cara detectivesca y lentecitos entraba y salía con papeles y apuraba a la gente. Todos vestidos de civil, ni uno con pinta de policía, cholos, cholos y más cholos.
-Quiero hacer una denuncia, es sobre un robo y me dijeron que aquí...-se apresuró Santiago.
-Siéntate, espera un momento, estoy tomando otra manifestación-dijo el tipo de la máquina de escribir que estaba en el medio de todas. Un hombre bajito, una camisa marrón D&G, seguro de 10 soles pensó Santiago. Tenía más apariencia de ladrón que de policía- Siéntense.
Una camioneta con lunas polarizadas frenó en seco en la puerta, Cucha y Santiago fueron a la ventana de donde se podía ver la avenida J.J Elías, que ahora tenía doble pista, que estaba bien asfaltada, bien pintaditas las líneas de amarillo, cómo avanzan no, el progreso es una mierda, progresar no es más cemento, es más seguridad, ineptos, corruptos de mierda, si yo fuera presidente, Santiago cálmate, siempre te enojas solo en tu mente.
Nombre, Mario Martínez, edad, cuarenta años, qué hacía por las inmediaciones del Puente Grau, nada jefecito, no he hecho nada, suélteme pues, no sea malito, no sea así. Un oficial le tomaba la declaración mientras él se sentaba en la banca donde Santiago y Cucha se habían puesto antes. Carajo, revisen rápido, pidan información del sujeto. Así que eres chistosito, no, veremos. Ya pues jefecito, yo no he hecho nada, me hacen perder tiempo, mi nombre es Mario Martínez, ¿Martínez qué?, Martínez Calderón, jefe. Ya pues, tengo que trabajar.
Al otro lado de la calle, un grupo de turistas llegaban con sus mochilas y su andar lerdo. Estaban distendidos, menos preocupados. Entraron a la sala de la infamia, aún no tomaban la denuncia de Santiago, todos estaban abstraídos en sus computadoras, un señor llegó de lejos a denunciar el robo de una llanta y de una jaba de uvas, pobre pensaron, no podrá comer hoy, y encima lo hacen esperar como a perro.
Los turistas se acercaron a una de las mesas contiguas a la puerta de entrada, un tipo de polo guinda y de cara más amable, jovencísimo les tomó la declaración. Carajo, a ellos sí, en fin. Mientras eso, Santiago se acercó a otro tipo gordito que estaba en su computadora. Quiero hacer una denuncia, disculpe señor, estoy en mi día de franco. Carajo, para qué estás acá entonces, ineptos, más de una hora y nada, por eso es que la gente no denuncia pues, Santiago, tienes razón Cucha, gracias por acompañarme, le mando un mensajito a tu amiga si quieres, para que vaya a visitarte después de este desmadre, ya gracias, eso estaría genial.
El robo de una cámara Nikon, profesional, carajo, se han llevado casi dos mil dólares ahí. Al fin se fueron, sentémonos, este joven parece buena gente y ávido a escucharnos.
-Quiero denunciar un robo- Santiago estaba harto de esa frase de mierda.
-Un robo, interesante- Sus ojos circundaron el asiento en el que estaban Santiago y Cucha-. Qué te han robado.
-Celular, mp4, billetera, todo- Santiago puso la cara de enojo más notoria que pudo- Mis documentos, lo más importante.
Se levantó y trajo un cuaderno de 500 páginas, de pasta dura, con el lustre verde de siempre, lo abrió totalmente e hizo tres rayas verticales en el lado izquierdo y una vertical dejando ocho cuadraditos en el izquierdo. Los conté, ¿por qué carajo no usan la computadora?, estamos demás acá, carambolas. Tomó dos lapiceros y una regla.
-Nombre completo-dijo el joven dibujando una línea rara en la hoja.
-Santiago de la Borda- dijo Santiago, seguro, sin vacilar-. 23 años. Lima. 35467890. Celular, mp4, billetera, carné universitario, carné de biblioteca, carné del metropolitano. No, acá no vivo, iba caminando por la calle Jacintos y bajaron dos, me amenazaron con un cuchillo y me quitaron todo, no tomé la placa, sí, subieron atrás de la mototaxi, ajá, rumbo al parque del reservorio.
-Nada más, mañana pagas al banco de la nación y vienes para que te den la copia de la denuncia y tramites tu DNI- Se despidió la voz del joven.
-¿Y qué hay con mis cosas?-Santiago protestó. Es difícil encontrarlas, no tenemos sospechosos, ese de allá, el tal Mario Martínez ha convencido a los guardias, hizo un trato y ya va a salir porque no tienen pruebas, pero segurito ha robado, así estamos de jodidos.
-Carajo, o sea que ninguna esperanza- dijo santiago-. Al menos patrullen más la zona, siempre hay voces de que han robado acá, mototaxis, motos comunes, siempre y ustedes acá rascándose las pelotas. Tome en cuenta mi pedido y patrullen la zona, cuándo se ha visto que en San Isidro, que siempre ha sido un barrio tranquilo, pasen estas cosas.
-Lo tomaremos en cuenta, no se preocupe, buenas tardes joven.
-Por cierto, ¿por qué todas las denuncias las hacen a mano y en ese cuaderno. Y las computadoras? - Se intrigó Santiago.
-Es que no hay tinta, todo tiene que ser a mano nomás, así estamos.
Soltó un carajo y pensó, somos la última rueda del coche, cada día vamos de mal en peor. Dos horas casi para hacer una denuncia de diez minutos, Cuchita, así estamos primita, qué desgracia, qué jodidos estamos. Bajaron del cuarto por la escalera fantasmagórica, seguían llegando los detenidos, las caras malditas, de odio, de cólera, cholos apestosos, cara de cuys, resentidos, gozen de mi plata nomás, ya les va a llegar su hora, porque hasta la justicia está con ustedes, que los trae y los suelta. Salieron de la comisaría y caminaron rumbo a las agencias, camino a la avenida Municipalidad, que llega hasta la Plaza de Armas, todo igual, las comisarías son un mundo, es como el hospital pero sin inyecciones. De pronto un mensaje al único celular sobreviviente: Amor qué pasó, recién veo tu mensaje, qué te robaron, puta madre, todo ha sido mi culpa, lo siento, amor. No te preocupes, no tienes la culpa, todo sucede, este país es el que está hasta las huevas mi amor, dos horas para denunciar, ni un policía en las calles, mal trato en la comisaría, poco interés, un cuaderno mal hecho, a la paporreta, la denuncia archivada, todo mal, amor. Pero algo tenemos que hacer, así no nos podemos quedar, revolución, carambolas.
-¿Aló?-contestó temeroso Santiago.
-Santiago, soy Rocca, me enteré de que te han robado, estás jodido, pero yo sé de alguien que acaba de ver tus cosas así tal cual, tu Nextel, el reproductor- Rocca se apresuró.
-Quién, carajo, las puedo recuperar- con esperanza, Santiago- ¿En tumbes?
-Ajá, el mercado negro, la cachina de Ica, eso es la calle Tumbes. Un patita mío ha visto eso que te robaron, ha llegado calientito hace diez minutos, ahí te lo pueden vender fácil a la mitad de precio, aprovecha- animoso, Rocca intentó calmar a Santiago- Si quieres yo te acompaño.
-Vete bien a la mierda- le gritó Santiago-. O sea que me roban y yo tengo que comprar lo que me han robado, ta' que eres pendejo.
-Yo solo quería ayudar- se lamentó Rocca.
-Gracias Roquita, pero a veces eres medio imbécil.
Colgó y siguió caminando con Cucha, vamos a tomarnos algo, gracias otra vez por acompañarme, toda la tarde he estado así, qué estrés, por cierto me ha provocado un cigarrito, es lo único que me calmará ahorita. No fumes primo, peor es, no sé cómo te puede gustar eso.
-Mis puchos- dijo Santiago- ¡hasta se llevaron mis puchos!
-Dónde los tenías-dijo Cucha.
-En el bolsillo de abajo, con la billetera, hasta eso se llevaron estos conchas - Santiago era la resignación hecha persona- solo me dejaron el encendedor.
-Jajajá, por vicioso-se burló tiernamente Cucha.
-Cholitos, morlacos, marrones cara de cuys y la reconcha de sus madres, ni siquiera un puchito, esto es el acabóse- gruñó Santiago-. En este país estamos demás, Cuchita.
sábado, 8 de enero de 2011
lunes, 13 de diciembre de 2010
No te rindas, un ángel te cuida
Era ella en la escencia de su estilo, en la perfección de sus pasos, en la seguridad de su camino, era ella haciéndolo olvidar por un momento la figura tierna y dulce, los ojos negros y grandes y el cabello lacio azabache de Ariana, la chica de la que estaba enamorado y que, por cierto, no le daba un quinto de bola.
Volvía apurado caminando por la acera que divide la Javier Prado con la Universidad de Lima, y con el reproductor en 'play' miraba los salones vacíos y las luces que ya se dejaban ver mientras que la noche iba cayendo lentamente y el sol de fondo dejaba ver sus últimas luces. Había tomado una combi equivocada que iba por la avenida Encalada y él quería ir a Camino Real, entonces no le quedó más remedio que bajar y volver a cruzar toda la mierda que es Javier Prado en hora punta y con carritos y combicitas que van zigzagueantes por los carriles de la ancha vía, pero como Uzielito es correcto y educado, ni cagando irrumpiría a empellones sorteando carros cual culebra selvática o como un loco calato africano con el mambo al aire, no, él prefiere darse absolutamente toda la vuelta y cruzar el puente de la universidad y llegar al paradero del otro lado.
Así lo hizo, con el reproductor encendido, sonaba en sus oídos la melodía 'esta madrugada' de Amaral y como siempre, en su mente solo estaba la imagen de la muchachita de ojos vivaces y de cabello liso, tan liso como su corazón. La había conocido hace algunas semanas por intermedio de amigos en común, en una reunión vespertina en la casa de unas gemelas muy amigas de él, se habían mandado mensajes durante varias semanas, habían salido un par de veces y en eventuales ocasiones, se trataban como algo más, era todo muy extraño porque o él estaba malinterpretando las cosas mal, o ella estaba jugando un poco con la inocencia de Uziel, que tonto no era pero confiado sí. Quizás se ilusionó rápido, quizás pensó cosas que no debía, de repente la extrañaba mucho y pensaba en ella, en esas tardes de conversaciones frente al mar, de risas y planes en el futuro, en mil cosas, mil cosas que desaparecieron de su mente por un momento cuando cruzó ese puente al caer la noche.
"Ariana, hasta el nombre lo tienes bonito, cuando pienso en que contigo podría ser feliz y tener una familia bonita, con hijos bonitos, cuando pienso en las tardes juntito a ti en esa banca frente al mar, cuando soy feliz y tú ni cuenta te das al mirarte y descubrir una manera diferente de mirar, de voltear a verme, tu manera de abrazarme y ese perfume que tus papás te regalaron, ese olor que se queda en mi piel y llega hasta mi corazón y no se va, hasta ahora no se va, Arianita, si me quisieras y no te fuera tan indiferente y no me trataras como cualquier cosa, como si fuera un simple amigo más, estoy cansado de ser tanto tiempo tu puto amigo, no me interesa, te quiero tanto como para desperdiciar la fuerza de lo que siento con una simple amistad que te limita a muchas cosas, lo mío no se limita ante ti, ni a lo físico, ni a lo espiritual, ni a lo amical, te quiero tal cual y si me vieras distinto serías muy feliz, Arianita, te juro..."
La gente iba y venía mientras Uziel estaba un tanto ido pensando en que hacía casi dos semanas, él había decido no aparecerse en la vida de Ariana, quería ver si ella lo necesitaba tanto (en un juego que era de uno porque era probable que ella ni siquiera se haya dado cuenta del drama que hacía) como él y si lo extrañaba y si era capaz de reclamarlo. Dos largas semanas pasaron y absolutamente nada, ni un mensaje, ni una llamada, ni una alerta, ni mierda, y en cierta parte no era justo porque él no la había dejado de pensar un solo momento, pero también algo de culpa tenía porque el chiquillo se meaba de miedo de decirle que le gustaba y que quería estar con ella siempre, no podía, se le encogían los cojones y segurito que se iba a morir sin decirle nada y jodido hasta el final.
En un momento todo cambió. Ya había doblado la esquina de Javier Prado hacia Olguín para poder subir al puente y de pronto aparece casi a la misma velocidad con la que él caminaba una muchacha que parecía como salida de un cuento de hadas o de alguna película europea: la Barbie deportista.
Alta, casi del mismo tamaño de él (que no era poco, un metro y 80 centímetros, algo más, algo menos) zapatillas Roxy de colores en una combinación casi perfecta con el color de sus piernas tersas, fuertes, una pulsera en el tobillo derecho y un short apretado hasta la parte más alta de sus muslos, su polo era lila y su cabello también lacio y marrón, se notaba que hacía deporte, que tenía bien cuidada cada una de las partes que lucía sin miramientos en plena calle.
Cruzaron las miradas entre el pase atiborrado de gente que bajaba y los que intentaban subir al puente como Uziel y la muchacha deportista. Tenía algo en esa mirada extraña, como un rastro de melancolía, de tristeza que conmovió a Uziel, la siguió hasta que no pudo más y miró al cielo como intentando tomar un respiro. La dejó pasar primero y así pudo subir las gradas casi sin dificultad, él, agazapado entre el tumulto, sentía más de cerca el perfume que era completamente distinto al que usaba Ariana, quizás en lo único que se parecían físicamente era en el cabello, después, eran todo lo contrario. Y así, hasta que ya no subían una grada más sino que caminaban observando abajo cómo las luces rojas se perdían más allá de sus vistas, sin decir una palabra. De pronto, el silencio entre ambos se rompió.
-Si sigues así de apurado y nervioso, probablemente acabes en cualquier sitio menos en donde piensas terminar hoy.
La muchachita ágil esbozó una sonrisa después de sorprenderlo al decirle aquella frase. Por supuesto, él no entendía un carajo de qué estaba pasando, pero no importaba, ya estaba hablando con ella y era algo que debía ser una señal, porque él jamás imagino ni planeó que todas las circunstancias lo lleven hacia donde estaba.
-Después de esto, apurado no creo que siga y nervioso sí, es imposible no sentirme distinto estando contigo.
-Nos acabamos de conocer...
-Igual me pones nervioso y no sé por qué- Uziel se lo dijo algo contrariado.
La gente y la bulla parecían haber desaparecido porque en ese momento el mundo para Uziel giró en torno a la bella chica de las zapatillas curiosas, que lo miraba con ternura cuando le hablaba, lo hacía sentir cómodo, había hecho olvidar a Ariana, aunque sea por un momento.
-No tengas miedo de caminar solo, date cuenta que tu vida se rige por eso. Sabes a dónde vas hoy pero no sabes a dónde llegarás mañana, ni de aquí en 20 años, no por eso vas a dejar de caminar; aunque no veas claramente qué hay después, no dejes de seguir, pero ten en cuenta que no siempre habrá alguien que esté para tomar tu mano y llevarte hasta tu destino final, a veces tendrás que hacerlo solo, tienes que aprender eso para que puedas sobrevivir.
La escuchó atentamente y la miraba a los ojos a cada segundo, quería grabar su imagen para siempre, y si era posible, intentar tener comunicación con ella siempre. El camino se acababa y para cuando ella terminó de armar todas esas frases, él aún no entendía por qué se las había dicho pero que le sirvieron para sentirse mejor, para hacer que olvidara a Arianita escuchando el consejo fugaz de una desconocida en medio de un puente en una ciudad horrible y caótica a las 6 de la tarde.
-Habrá en tu vida ángeles, personas que aparezcan de pronto y no sepas cómo ni de dónde, simplemente te harán la vida más fácil, tú eres una buena persona, debes esperar el tiempo adecuado, esperar a que no jueguen contigo y que encuentres un corazón a la altura de tu nobleza que te dé alas, que te haga flotar, que te haga llegar a alcanzar una de esas estrellas azules de tanto amor, no te rindas, un ángel te cuida, precioso.
Llevó su mano sobre su cabeza y apuntó al cielo, de pronto, una multitud de gente se empujaba e intentaban subir a empellones mientras ellos bajaban, Uziel se quedó observando una estrella luminosa que, increíblemente, iluminaba el cielo siempre plomo (aún en verano) y triste de Lima, cuando volteó a agradecerle y a abrazarla, ella ya no estaba.
Había desaparecido como por arte de magia, volteó la cabeza a todos los lados y entre la multitud quiso buscarla pero no la halló, nunca le preguntó el nombre ni de dónde era, se quedó con la impresión de que aquella bella muchacha no caminaba sino flotaba entre todos, como un ángel silente que quizás estaba ahí para cuidarlo. De arriba aún, la buscó incansablemente varios minutos pero fue inútil, solo se quedó ese olor del perfume que había sentido cuando empezaban a subir, su mirada fija y su caminar decidido, ahí entendió que la gran diferencia estaba en que ella sabía a dónde iba, que por eso desapareció así de rápido. Los que saben a dónde van, no demoran, hacen las cosas más prolijas y bien, no tienen dudas, no están con mariconerías, Uziel no sabía adónde iba, no se animaba a decir nada, no tenía sino cierto, de lo único que estuvo seguro esos cinco minutos que duró el encuentro con la muchachita bella, fue que estuvo ahí y que quizás un ángel haya bajado para darle una lección de cómo tenía que enfrentar la vida y los problemas, y también para que olvide un poco a Ariana, se salga de el escenario y empiece a ver las cosas desde afuera, de ese punto de vista del que la mayoría de personas que comete errores, jamás ve.
Bajó las escaleras feliz y triste a la vez, quería aunque sea darle las gracias y ver por última vez a ese sueño que fue la chica de las zapatillas curiosas (las amó, amó su estilo, amó todo de ella) de pronto puso su mano en el bolsillo para sacar dinero y comprar agua, la necesitaba, y encontró una cadena de plata que tenía un dije y en él había una inscripción: 'Melpómene'.
No hacía falta armar más el rompecabezas, ya casi lo tenía todo entendido, Melpómene existía y había existido y existiría siempre en su corazón y adonde quiera que él la llevase. Pasaron diez minutos y de pronto le llegó un mensaje al celular.
"Uzielito, ¿cómo estás? ¿qué ha sido de tu vida? Estos días nos tenemos que ver sí o sí, avísame cuando puedas por favor. Ariana".
Uzielito, desde aquel momento entonces, ya sabía qué hacer.
Volvía apurado caminando por la acera que divide la Javier Prado con la Universidad de Lima, y con el reproductor en 'play' miraba los salones vacíos y las luces que ya se dejaban ver mientras que la noche iba cayendo lentamente y el sol de fondo dejaba ver sus últimas luces. Había tomado una combi equivocada que iba por la avenida Encalada y él quería ir a Camino Real, entonces no le quedó más remedio que bajar y volver a cruzar toda la mierda que es Javier Prado en hora punta y con carritos y combicitas que van zigzagueantes por los carriles de la ancha vía, pero como Uzielito es correcto y educado, ni cagando irrumpiría a empellones sorteando carros cual culebra selvática o como un loco calato africano con el mambo al aire, no, él prefiere darse absolutamente toda la vuelta y cruzar el puente de la universidad y llegar al paradero del otro lado.
Así lo hizo, con el reproductor encendido, sonaba en sus oídos la melodía 'esta madrugada' de Amaral y como siempre, en su mente solo estaba la imagen de la muchachita de ojos vivaces y de cabello liso, tan liso como su corazón. La había conocido hace algunas semanas por intermedio de amigos en común, en una reunión vespertina en la casa de unas gemelas muy amigas de él, se habían mandado mensajes durante varias semanas, habían salido un par de veces y en eventuales ocasiones, se trataban como algo más, era todo muy extraño porque o él estaba malinterpretando las cosas mal, o ella estaba jugando un poco con la inocencia de Uziel, que tonto no era pero confiado sí. Quizás se ilusionó rápido, quizás pensó cosas que no debía, de repente la extrañaba mucho y pensaba en ella, en esas tardes de conversaciones frente al mar, de risas y planes en el futuro, en mil cosas, mil cosas que desaparecieron de su mente por un momento cuando cruzó ese puente al caer la noche.
"Ariana, hasta el nombre lo tienes bonito, cuando pienso en que contigo podría ser feliz y tener una familia bonita, con hijos bonitos, cuando pienso en las tardes juntito a ti en esa banca frente al mar, cuando soy feliz y tú ni cuenta te das al mirarte y descubrir una manera diferente de mirar, de voltear a verme, tu manera de abrazarme y ese perfume que tus papás te regalaron, ese olor que se queda en mi piel y llega hasta mi corazón y no se va, hasta ahora no se va, Arianita, si me quisieras y no te fuera tan indiferente y no me trataras como cualquier cosa, como si fuera un simple amigo más, estoy cansado de ser tanto tiempo tu puto amigo, no me interesa, te quiero tanto como para desperdiciar la fuerza de lo que siento con una simple amistad que te limita a muchas cosas, lo mío no se limita ante ti, ni a lo físico, ni a lo espiritual, ni a lo amical, te quiero tal cual y si me vieras distinto serías muy feliz, Arianita, te juro..."
La gente iba y venía mientras Uziel estaba un tanto ido pensando en que hacía casi dos semanas, él había decido no aparecerse en la vida de Ariana, quería ver si ella lo necesitaba tanto (en un juego que era de uno porque era probable que ella ni siquiera se haya dado cuenta del drama que hacía) como él y si lo extrañaba y si era capaz de reclamarlo. Dos largas semanas pasaron y absolutamente nada, ni un mensaje, ni una llamada, ni una alerta, ni mierda, y en cierta parte no era justo porque él no la había dejado de pensar un solo momento, pero también algo de culpa tenía porque el chiquillo se meaba de miedo de decirle que le gustaba y que quería estar con ella siempre, no podía, se le encogían los cojones y segurito que se iba a morir sin decirle nada y jodido hasta el final.
En un momento todo cambió. Ya había doblado la esquina de Javier Prado hacia Olguín para poder subir al puente y de pronto aparece casi a la misma velocidad con la que él caminaba una muchacha que parecía como salida de un cuento de hadas o de alguna película europea: la Barbie deportista.
Alta, casi del mismo tamaño de él (que no era poco, un metro y 80 centímetros, algo más, algo menos) zapatillas Roxy de colores en una combinación casi perfecta con el color de sus piernas tersas, fuertes, una pulsera en el tobillo derecho y un short apretado hasta la parte más alta de sus muslos, su polo era lila y su cabello también lacio y marrón, se notaba que hacía deporte, que tenía bien cuidada cada una de las partes que lucía sin miramientos en plena calle.
Cruzaron las miradas entre el pase atiborrado de gente que bajaba y los que intentaban subir al puente como Uziel y la muchacha deportista. Tenía algo en esa mirada extraña, como un rastro de melancolía, de tristeza que conmovió a Uziel, la siguió hasta que no pudo más y miró al cielo como intentando tomar un respiro. La dejó pasar primero y así pudo subir las gradas casi sin dificultad, él, agazapado entre el tumulto, sentía más de cerca el perfume que era completamente distinto al que usaba Ariana, quizás en lo único que se parecían físicamente era en el cabello, después, eran todo lo contrario. Y así, hasta que ya no subían una grada más sino que caminaban observando abajo cómo las luces rojas se perdían más allá de sus vistas, sin decir una palabra. De pronto, el silencio entre ambos se rompió.
-Si sigues así de apurado y nervioso, probablemente acabes en cualquier sitio menos en donde piensas terminar hoy.
La muchachita ágil esbozó una sonrisa después de sorprenderlo al decirle aquella frase. Por supuesto, él no entendía un carajo de qué estaba pasando, pero no importaba, ya estaba hablando con ella y era algo que debía ser una señal, porque él jamás imagino ni planeó que todas las circunstancias lo lleven hacia donde estaba.
-Después de esto, apurado no creo que siga y nervioso sí, es imposible no sentirme distinto estando contigo.
-Nos acabamos de conocer...
-Igual me pones nervioso y no sé por qué- Uziel se lo dijo algo contrariado.
La gente y la bulla parecían haber desaparecido porque en ese momento el mundo para Uziel giró en torno a la bella chica de las zapatillas curiosas, que lo miraba con ternura cuando le hablaba, lo hacía sentir cómodo, había hecho olvidar a Ariana, aunque sea por un momento.
-No tengas miedo de caminar solo, date cuenta que tu vida se rige por eso. Sabes a dónde vas hoy pero no sabes a dónde llegarás mañana, ni de aquí en 20 años, no por eso vas a dejar de caminar; aunque no veas claramente qué hay después, no dejes de seguir, pero ten en cuenta que no siempre habrá alguien que esté para tomar tu mano y llevarte hasta tu destino final, a veces tendrás que hacerlo solo, tienes que aprender eso para que puedas sobrevivir.
La escuchó atentamente y la miraba a los ojos a cada segundo, quería grabar su imagen para siempre, y si era posible, intentar tener comunicación con ella siempre. El camino se acababa y para cuando ella terminó de armar todas esas frases, él aún no entendía por qué se las había dicho pero que le sirvieron para sentirse mejor, para hacer que olvidara a Arianita escuchando el consejo fugaz de una desconocida en medio de un puente en una ciudad horrible y caótica a las 6 de la tarde.
-Habrá en tu vida ángeles, personas que aparezcan de pronto y no sepas cómo ni de dónde, simplemente te harán la vida más fácil, tú eres una buena persona, debes esperar el tiempo adecuado, esperar a que no jueguen contigo y que encuentres un corazón a la altura de tu nobleza que te dé alas, que te haga flotar, que te haga llegar a alcanzar una de esas estrellas azules de tanto amor, no te rindas, un ángel te cuida, precioso.
Llevó su mano sobre su cabeza y apuntó al cielo, de pronto, una multitud de gente se empujaba e intentaban subir a empellones mientras ellos bajaban, Uziel se quedó observando una estrella luminosa que, increíblemente, iluminaba el cielo siempre plomo (aún en verano) y triste de Lima, cuando volteó a agradecerle y a abrazarla, ella ya no estaba.
Había desaparecido como por arte de magia, volteó la cabeza a todos los lados y entre la multitud quiso buscarla pero no la halló, nunca le preguntó el nombre ni de dónde era, se quedó con la impresión de que aquella bella muchacha no caminaba sino flotaba entre todos, como un ángel silente que quizás estaba ahí para cuidarlo. De arriba aún, la buscó incansablemente varios minutos pero fue inútil, solo se quedó ese olor del perfume que había sentido cuando empezaban a subir, su mirada fija y su caminar decidido, ahí entendió que la gran diferencia estaba en que ella sabía a dónde iba, que por eso desapareció así de rápido. Los que saben a dónde van, no demoran, hacen las cosas más prolijas y bien, no tienen dudas, no están con mariconerías, Uziel no sabía adónde iba, no se animaba a decir nada, no tenía sino cierto, de lo único que estuvo seguro esos cinco minutos que duró el encuentro con la muchachita bella, fue que estuvo ahí y que quizás un ángel haya bajado para darle una lección de cómo tenía que enfrentar la vida y los problemas, y también para que olvide un poco a Ariana, se salga de el escenario y empiece a ver las cosas desde afuera, de ese punto de vista del que la mayoría de personas que comete errores, jamás ve.
Bajó las escaleras feliz y triste a la vez, quería aunque sea darle las gracias y ver por última vez a ese sueño que fue la chica de las zapatillas curiosas (las amó, amó su estilo, amó todo de ella) de pronto puso su mano en el bolsillo para sacar dinero y comprar agua, la necesitaba, y encontró una cadena de plata que tenía un dije y en él había una inscripción: 'Melpómene'.
No hacía falta armar más el rompecabezas, ya casi lo tenía todo entendido, Melpómene existía y había existido y existiría siempre en su corazón y adonde quiera que él la llevase. Pasaron diez minutos y de pronto le llegó un mensaje al celular.
"Uzielito, ¿cómo estás? ¿qué ha sido de tu vida? Estos días nos tenemos que ver sí o sí, avísame cuando puedas por favor. Ariana".
Uzielito, desde aquel momento entonces, ya sabía qué hacer.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Menú chino
Aquella noche nada podía fallar.
Carlitos había dormido toda la tarde porque sabía que su fiestita iba a durar hasta bien entrada la mañana, durmió como pagado el concha, no lavó los platos del almuerzo a pesar de que su mamá se lo dejó encargado, no limpió ni ordenó su cuarto que tenía las medias percudidas del día anterior abajo de la cama, cuando jugó una pichanga, no hizo ni un carajo porque tenía sueño. El culpable de ese sueño había sido una película porno la noche anterior, una de esas que se compró con tres amigos más (aún castos o viciosos, supongo) en el hueco o en algún rincón del centro de Lima, una de esas galerías donde venden puzanga, yombina y otros afrodisíacos que estimulan la potencia del miembro viril masculino, del mípalo, del amigo.
Como ya había dicho, esa noche nada podía fallar porque precisamente el buen Carlitos iba a estrenar su primera aventura con 'el amigo'. Lo había preparado entonces psicológicamente una noche antes mientras estaba en 'la concentración' viendo aquella película porno: el buen Carlitos tenía 21 y se había graduado con honores, de pajero. Es más, si la Academia Sueca confiriera un Nobel al más pajero, Carlitos se lo ganaba por unanimidad, y con extensión del premio por un par de años al menos. Pero como sabemos que los que entregan y eligen en premio son suecos, por ende lo que mejor hacen es hacerse los suecos y prefieren el protocolo y la huevadita formal.
El precoz joven vio la película y terminó la faena a las cuatro de la madrugada, toda la tarde pudo dormir hasta que se despertó, sacó algo de comida, se bañó, se peinó bonito, se vistió con la mejor ropa y se fue directo a la fiestita.
En toda historia de este tipo hay una protagonista, pasaré a presentarla: Lorena. Rostro armónico, cuerpo delicioso, tetas ricas y sexy al natural, sin fingir mucho, sin pose de cholita de hi5, sin exagerar, era la amiga más 'íntima' de Carlitos, la que, previas conversaciones nocturnas, se había encargado de calentarlo al punto de quedar para aquella noche donde sea dar rienda suelta a sus instintos.
Como todas las buenas señoritas se cohiben con la luz, una paloma (de esas que nunca faltan en las fiestas para emparejar gente o para gozar con el deseo del prójimo) la apagó y soltó una serie de canciones del repertorio más fino de la historia del reguetón. Todas dejaron sus poses de divas y de 'yo soy pinki, boni, fresi' y se entregaron al calor, sudor, bailando reguetón; calor, sudor, sigue bailando y no pares. Las más perjudicadas fueron sin duda las paredes y el piso, por obvias razones que ya comprenderán.
El jovencito, inexperto y agraciadito Carlitos bailaba con su pareja, la pequeña Lorena, cuya entrega al baile es máxima y no escatima en esfuerzos y se abre a la posibilidad de hacer las veces de maestra profesional graduada en alguna universidad (Niza, Calle 8, Los botes) que dicta cátedra como los dioses, tanto que inhibe a Carlitos, el pajerito, porque él es pajero y no sabe mover bien la pelvis para satisfacción de Lorena en el frenesí del baile, sino que solo sabe mover al 'amigo' con sus manos.
Aquella noche nada podía fallar. Ya había encontrado la manera de despertar la pasión y el deseo en su acompañante de aquella noche bajo el ritmo puteril y caribeño, ese que la juventud tanto gusta bailar. Entonces voltea a Lorena, que estaba algo ansiosa y la mira con pose de divo, como si fuera galán de novela mexicana, o en este caso, venezolana, un poco más pobre, e inmediatamente ella lo mira y se muerde los labios y se pega a él, despacito sus manos en medio de la oscuridad van por el vientre de Carlitos, que ya muestra algunos signos de nerviosismo.
La luz se prende bruscamente y del fondo entre la bulla una voz sobresale entre todas y se escucha:
-¡Hoy día sales de pajero, Carlitos, bravo!
Inmediatamente apagaron la luz, Carlitos el pajerito se puso más tenso aún, sin embargo, Lorena lo calmó, intentó buscar rozar su cuerpo con el suyo otra vez, él no se resistió, de pronto ella se volteó y se pegó mucho, logró volver a sentir cómo algo en él iba tomando forma casi humana. Iban al cuarto del dueño de la casa, así calladitos nomás, sin mucho roche, se lo llevó apuradito para que no sospechen aunque la mayoría ya lo sabía. Se tendieron en la cama y empezaron.
En realidad casi ni empezaron y ya habían acabado. Echado en la cama, Carlitos miraba cómo Lorena se sentaba en su pelvis, aún con la falda puesta y se sacaba el polo, tomó las manos del imberbe y las puso sobre sus pechos grandes, él algo torpe, intentaba moverse rápido, no había coordinación entre sus movimientos, lo que hacía y lo que quería hacer tratando de imitar la película porno que había visto un día antes. Al percatarse de esto, Lorenita, como es experimentada, se bajó en invirtió la posición, ahora ella echada y él de rodillas, como perro, intentando darle placer para que puedan llegar al éxtasis al mismo tiempo. Entonces el bajó suavemente la última prenda y hundió su cabeza hasta que sintió que la cama sonó fuerte, Lorenita pensó "puta madre primito, tienes que comprarte cama nueva porque así no se puede", a pesar de todo no lo hacía mal, ella lo guiaba para que vaya encontrando el camino y cada vez lo haga mejor, el problema era que Carlitos es pajerito, con una mano sostenía la parte íntima de Lorenita y con la otra se estaba masajeando el amigo, malsana costumbre.
No habrán pasado ni 6 minutos desde que Lorena invirtió los papeles para lograr una armonía, un equilibrio entre su tiempo de llegar al placer y el de Carlitos, hasta que de pronto, en un estado casi catatónico, frenético, el Nobel de pajero se levantó y dirigió su boca hacia la de ella, mordió su labio y apenas ella sintió que 'el amigo' entraba en su profundidad cónvexa, se iba desinflando como un globo viejo, luego lo empujó y el sacó inmediatamente al intruso malcriado por apurado e intentó explicar en vano lo sucedido...
-Puta Lore, lo siento, es que los previos me mataron, en serio, pero dame cinco minutitos, quizás menos, al toque nomás ya estoy otra vez, no me cagues Lore...
La explicación más cojuda digna de un pajero Nobel, a lo que Lorenita, con su sapiencia y frescura contestó con tono de enfado:
-Qué desgracia, menú chino tenías que ser pues...
Asombrado, Carlitos el pajerito preguntó,
-¿Menú chino, por qué Lore?
Poniéndose la ropa y casi sin mirarlo le gritó...
-¡Porque sopa...y chaufa! ya sal de acá, anda con tus pornos nomás.
Carlitos se quedó sentado en la cama pensando aún en la película de la madrugada anterior, "pero, ¿en qué fallé? ¿acaso no lo hize bien? quién entiende a las mujeres oye..." mientras que lorena bajó inmediatamente sin decirle nada, llegó a la sala y todos bailaban, cuando se dieron cuenta que estaba ahí le preguntaron inmediatamente "¿tan rápido, qué pasó, no me digas que se quedó dormido?", a lo que ella contestó "ni siquiera eso, no duró ni cinco minutos, contando todo, no jodas pues, a mí no me dejan a medias ni cagando, no ha nacido aún el hombre que me deje a medias".
De pronto, pasos cercanos se oyeron, era Carlitos el pajerito que ese día se graduó Doctor Honoris Causa; causa, batería reguetón. O no, mejor dicho, doctor Pajeris Causa, ese le va mucho mejor.
-Lorena, yo te puedo explicar, ven, hay que hablar, no podemos dejar esto así...
Alguien prendió las luces y entonces todos (incluida Lorena) gritaron al unísono...
-¡Eso te pasa por pajero, menú chino!
Carlitos había dormido toda la tarde porque sabía que su fiestita iba a durar hasta bien entrada la mañana, durmió como pagado el concha, no lavó los platos del almuerzo a pesar de que su mamá se lo dejó encargado, no limpió ni ordenó su cuarto que tenía las medias percudidas del día anterior abajo de la cama, cuando jugó una pichanga, no hizo ni un carajo porque tenía sueño. El culpable de ese sueño había sido una película porno la noche anterior, una de esas que se compró con tres amigos más (aún castos o viciosos, supongo) en el hueco o en algún rincón del centro de Lima, una de esas galerías donde venden puzanga, yombina y otros afrodisíacos que estimulan la potencia del miembro viril masculino, del mípalo, del amigo.
Como ya había dicho, esa noche nada podía fallar porque precisamente el buen Carlitos iba a estrenar su primera aventura con 'el amigo'. Lo había preparado entonces psicológicamente una noche antes mientras estaba en 'la concentración' viendo aquella película porno: el buen Carlitos tenía 21 y se había graduado con honores, de pajero. Es más, si la Academia Sueca confiriera un Nobel al más pajero, Carlitos se lo ganaba por unanimidad, y con extensión del premio por un par de años al menos. Pero como sabemos que los que entregan y eligen en premio son suecos, por ende lo que mejor hacen es hacerse los suecos y prefieren el protocolo y la huevadita formal.
El precoz joven vio la película y terminó la faena a las cuatro de la madrugada, toda la tarde pudo dormir hasta que se despertó, sacó algo de comida, se bañó, se peinó bonito, se vistió con la mejor ropa y se fue directo a la fiestita.
En toda historia de este tipo hay una protagonista, pasaré a presentarla: Lorena. Rostro armónico, cuerpo delicioso, tetas ricas y sexy al natural, sin fingir mucho, sin pose de cholita de hi5, sin exagerar, era la amiga más 'íntima' de Carlitos, la que, previas conversaciones nocturnas, se había encargado de calentarlo al punto de quedar para aquella noche donde sea dar rienda suelta a sus instintos.
Como todas las buenas señoritas se cohiben con la luz, una paloma (de esas que nunca faltan en las fiestas para emparejar gente o para gozar con el deseo del prójimo) la apagó y soltó una serie de canciones del repertorio más fino de la historia del reguetón. Todas dejaron sus poses de divas y de 'yo soy pinki, boni, fresi' y se entregaron al calor, sudor, bailando reguetón; calor, sudor, sigue bailando y no pares. Las más perjudicadas fueron sin duda las paredes y el piso, por obvias razones que ya comprenderán.
El jovencito, inexperto y agraciadito Carlitos bailaba con su pareja, la pequeña Lorena, cuya entrega al baile es máxima y no escatima en esfuerzos y se abre a la posibilidad de hacer las veces de maestra profesional graduada en alguna universidad (Niza, Calle 8, Los botes) que dicta cátedra como los dioses, tanto que inhibe a Carlitos, el pajerito, porque él es pajero y no sabe mover bien la pelvis para satisfacción de Lorena en el frenesí del baile, sino que solo sabe mover al 'amigo' con sus manos.
Aquella noche nada podía fallar. Ya había encontrado la manera de despertar la pasión y el deseo en su acompañante de aquella noche bajo el ritmo puteril y caribeño, ese que la juventud tanto gusta bailar. Entonces voltea a Lorena, que estaba algo ansiosa y la mira con pose de divo, como si fuera galán de novela mexicana, o en este caso, venezolana, un poco más pobre, e inmediatamente ella lo mira y se muerde los labios y se pega a él, despacito sus manos en medio de la oscuridad van por el vientre de Carlitos, que ya muestra algunos signos de nerviosismo.
La luz se prende bruscamente y del fondo entre la bulla una voz sobresale entre todas y se escucha:
-¡Hoy día sales de pajero, Carlitos, bravo!
Inmediatamente apagaron la luz, Carlitos el pajerito se puso más tenso aún, sin embargo, Lorena lo calmó, intentó buscar rozar su cuerpo con el suyo otra vez, él no se resistió, de pronto ella se volteó y se pegó mucho, logró volver a sentir cómo algo en él iba tomando forma casi humana. Iban al cuarto del dueño de la casa, así calladitos nomás, sin mucho roche, se lo llevó apuradito para que no sospechen aunque la mayoría ya lo sabía. Se tendieron en la cama y empezaron.
En realidad casi ni empezaron y ya habían acabado. Echado en la cama, Carlitos miraba cómo Lorena se sentaba en su pelvis, aún con la falda puesta y se sacaba el polo, tomó las manos del imberbe y las puso sobre sus pechos grandes, él algo torpe, intentaba moverse rápido, no había coordinación entre sus movimientos, lo que hacía y lo que quería hacer tratando de imitar la película porno que había visto un día antes. Al percatarse de esto, Lorenita, como es experimentada, se bajó en invirtió la posición, ahora ella echada y él de rodillas, como perro, intentando darle placer para que puedan llegar al éxtasis al mismo tiempo. Entonces el bajó suavemente la última prenda y hundió su cabeza hasta que sintió que la cama sonó fuerte, Lorenita pensó "puta madre primito, tienes que comprarte cama nueva porque así no se puede", a pesar de todo no lo hacía mal, ella lo guiaba para que vaya encontrando el camino y cada vez lo haga mejor, el problema era que Carlitos es pajerito, con una mano sostenía la parte íntima de Lorenita y con la otra se estaba masajeando el amigo, malsana costumbre.
No habrán pasado ni 6 minutos desde que Lorena invirtió los papeles para lograr una armonía, un equilibrio entre su tiempo de llegar al placer y el de Carlitos, hasta que de pronto, en un estado casi catatónico, frenético, el Nobel de pajero se levantó y dirigió su boca hacia la de ella, mordió su labio y apenas ella sintió que 'el amigo' entraba en su profundidad cónvexa, se iba desinflando como un globo viejo, luego lo empujó y el sacó inmediatamente al intruso malcriado por apurado e intentó explicar en vano lo sucedido...
-Puta Lore, lo siento, es que los previos me mataron, en serio, pero dame cinco minutitos, quizás menos, al toque nomás ya estoy otra vez, no me cagues Lore...
La explicación más cojuda digna de un pajero Nobel, a lo que Lorenita, con su sapiencia y frescura contestó con tono de enfado:
-Qué desgracia, menú chino tenías que ser pues...
Asombrado, Carlitos el pajerito preguntó,
-¿Menú chino, por qué Lore?
Poniéndose la ropa y casi sin mirarlo le gritó...
-¡Porque sopa...y chaufa! ya sal de acá, anda con tus pornos nomás.
Carlitos se quedó sentado en la cama pensando aún en la película de la madrugada anterior, "pero, ¿en qué fallé? ¿acaso no lo hize bien? quién entiende a las mujeres oye..." mientras que lorena bajó inmediatamente sin decirle nada, llegó a la sala y todos bailaban, cuando se dieron cuenta que estaba ahí le preguntaron inmediatamente "¿tan rápido, qué pasó, no me digas que se quedó dormido?", a lo que ella contestó "ni siquiera eso, no duró ni cinco minutos, contando todo, no jodas pues, a mí no me dejan a medias ni cagando, no ha nacido aún el hombre que me deje a medias".
De pronto, pasos cercanos se oyeron, era Carlitos el pajerito que ese día se graduó Doctor Honoris Causa; causa, batería reguetón. O no, mejor dicho, doctor Pajeris Causa, ese le va mucho mejor.
-Lorena, yo te puedo explicar, ven, hay que hablar, no podemos dejar esto así...
Alguien prendió las luces y entonces todos (incluida Lorena) gritaron al unísono...
-¡Eso te pasa por pajero, menú chino!
jueves, 2 de diciembre de 2010
El frenesí del aristócrata
Llevaba aquella noche un saco negro, corbata elegante que aprieta muy bien el cuello muy ceñida a la fina camisa blanca que se había comprado hace algunos días, un pantalón que luce casi nuevo, zapatos perfectamente lustrados que, a pesar de la tenue luz de la noche en la calle silente, pueden verse brillantes de lejos; un sombrero de copa no tan alto, un bastón marrón de madera muy fina, el caminar con garbo, la elegancia era su principal característica, sin embargo, caballero como solo él, afrontaba con hidalguía la mustia infinita a la que el desamor lo había condenado.
Camilo de la Borda y Sánche
z Vizcardo lucía su andar esta vez algo cancino a lo largo de la calle atiborrada de mujeres casquivanas que buscan algo de dinero a cambio de placer. Volvía a sus putas cuando tenía algún problema que lo apenaba infinitamente, no cuando algo lo preocupaba sino cuando algo lo ponía muy triste, era la excusa perfecta para ir en busca del amor frustrado que lo mantendría vivo por algunas horas de una noche de frenesí en la que, entre el humo y algún vals, intentaba olvidarse de toda la aversión que sentía hacia el mundo y el hastío que tenía hacia las mujeres, cansado de sus jugarretas infames y canalladas de mala sangre.
-Don Camilo, después de tiempo por aquí.
-Ya va la mala vida acechándome, me tira para abajo.
-Véngase conmigo, yo sé cómo relajarlo, no se ponga tenso, olvídese de todo.
-Como si fuera tan fácil, al menos lo intentaré por esta noche y mire que el cielo es benevolente y muestra el reflejo claro de la luna, romántico ¿no cree?...
-Usted siempre tan ocurrente, don Camilo. Felizmente la guardia esta noche no nos ha caído, la noche está fría, quizás eso lo ha espantado un poco.
-Sí que soy suertudo, por cierto, está usted guapísima.
-Siempre tan galante, don Camilo.
La calle tenía sendas puertas pequeñas que se enfilaban mostrando unas luces que hacían más llamativo el lugar y contrastaba con el extraño cielo invernal de aquella noche, en las esquinas, las guitarras y las voces melancólicas se dejaban oír, el olor del licor presente era el de pisco, puro, seco y volteado, como tragando la pena con todo el ardor que produce en la garganta un buen sorbo. En medio, señoritas con poca ropa invitaban a algunos caballeros que a pesar del desenfreno en el que la noche podía caer, sus atavíos y prendas se mantenían en su lugar, como los señores que eran, caminando y observando, sigilosamente para ver cuál era la compañera de turno aquella noche.
Aquella noche aciaga del corazón para Camilo, el licor en esa habitación lo hizo un poco más feliz. La bella señorita que lo acompañaba sabía que siempre frecuentaba aquella calle cuando algún mal de amor lo apenaba, y entonces era su fiel compañera por algunas noches, lo llenaba de palabras de amor que necesitaba oir. Sin embargo, esa noche fue distinta, no había sido unicamente una simple decepción, tenía que ser algo mucho más fuerte, algo que lo mueva a tomar con tanta ira, que haga no importarle lo que podía suceder después, muy a pesar de su prudencia y de sus correctos modales de 'dandy' que tenía.
-Algo le ha pasado, algo muy fuerte don Camilo...dígame por favor y ya deje el trago un momento.
-Déjeme, déjeme Princesa, necesito de esta medicina y necesito aún más de usted esta noche. Prenda la radiola, hágalo y póngame ese disco, ese que usted sabe que me gusta tanto...
-La de el amor lejano, ese amor que no está.
-Esa canción hoy no...
-¿Entonces?
-La de una mujer cruel, inefable, avara...(llevó el vasito lleno de pisco hacia su boca y lo sorbió todo casi sin respirar, mientras cerraba los ojos muy fuerte, las lágrimas salieron) que se ha llevado todo de mí.
-Una mala mujer, ¿no es así, don Camilo?
-Una mala hembra que me ha dejado arruinado, arruinado Princesa.
Camilo dejó caer su saco e inmediatamente Princesa lo recogió, lo acomodó encima de un perchero donde también dejó el sombrero y el bastón, lo miró fijamente a los ojos y empezó a besarlo suavemente, sin prisa, como deteniendo cada momento para que sea eterno, para que Camilo no tenga que pensar más en el mañana. Se sacó lentamente el vestido usado pero elegante que tenía, dejó lucir su perfecta anatomía: senos rosados, redondos y grandes, el vientre plano y un cabello ondulado que le caía por encima del hombro. Así, con el sexo descubierto se acercó entonces otra vez donde Camilo, le quitó la correa que sujetaba el fino pantalón que traía y ambos se entregaron al placer máximo de la noche, a ese placer que puede vencer incluso al recuerdo más aciago, al fin y al cabo el placer es solo la prolongación de nuestros deseos frustrados por algúna desventura ocasional y se convierte en la expresión de lo que no podemos canalizar con palabras, todo se consume en el cuerpo del otro.
-Si en el ministerio se enteran de que estuve aquí otra vez, el país se quedará sin representante de relaciones exteriores.
-Eso ahora no importa, quítese por un momento su cargo y su vida política de la cabeza, está aquí, conmigo y no importa nada más.
-En breve va a amanecer, he excedido el tiempo, no importa, es usted la compañía perfecta, lástima que no solo sea la mía...por el dinero no se preocupe.
-Hoy no me interesa el dinero, don Camilo.
-¿Cómo dice?
-No me interesa, me importa usted y terminar esta vida de una buena vez.
-¿Se quiere matar? mida sus palabras y no me asuste, ya bastante tengo con todo esto.
-No, don Camilo, eso jamás. Me refiero a que quiero salir de este mundo, de recibir hombres diferentes cada noche, de respirar fragancias distintas, de besar labios extraños, de mostrar mi sexo a todos y que nadie lo aprecie, sino que lo usen como un juguete y que luego me paguen por eso, me siento mal.
-Es usted una persona sabia, mi amada Princesa, ¿y sabe? usted no tiene la culpa de estar aquí, solo le falta esa motivación para salir, para ver las cosas diferente.
-Usted me da esa motivación cada vez que viene, me hace sentir segura, viva.
-Por eso siempre vuelvo a usted, es recíproco entonces.
-Quédese, sáqueme de aquí, debemos irnos lejos, en usted he redescubierto mi sino, mi vida misma.
-¿Me lo está proponiendo en serio?
-En mi vida hablé más en serio.
-Tendría que renunciar al ministerio, sabe usted cómo es el presidente Bustamante y Rivero con estas cosas, mi imagen se vería afectada, el país depende...
-El país no depende del ministerio de relaciones exteriores, ¿qué no lo entiende?, sé que me ama en secreto y por eso me busca, sé que me desea con demencia, el Perú no se va a acabar porque Bustamante se quede sin ministro...además, ya lo están cocinando, lo debe saber, el general Odría.
-¿De qué me está hablando?
-Se olvida el señor ministro que yo soy la puta de los más altos militares, que todos vienen a contarme sus porquerías y sus enredos amorosos y políticos. A Bustamante lo están acorralando, no le queda mucho, el golpe es inminente y el propio ministro Odría estaría a cargo, van a pedir la persecución de la cúpula aprista, es un plan casi infalible porque Bustamante se va a negar.
-Eso quiere decir que...
-No le queda mucho tiempo, ministro. Vámonos, dejemos todo esto, olvidémonos, vayámonos a otro lugar donde podamos volver a vivir, no piense más en política, además, la relación entre el Apra y el Frente Democrático es casi insalvable, vámonos por favor...
-En el devenir del tiempo se manifiesta la hidalguía para asumir las consecuencias de nuestros actos, es menester que esté donde tenga que estar, es un compromiso ético.
-El país jamás se lo va a reconocer, y se arrepentirá de no haberse ido junto a mí, reconsidere su decisión, sé que usted me quiere, que me necesita, que tiene una pena grande de amor que lo trajo hasta aquí, no vuelva a lo mismo.
-Es hora de marcharme, le ruego no haga más comentarios sobre el tema, debo salir ya mismo.
-Sabe dónde encontrarme, sabe que lo voy a estar esperando.
Cerró la puerta y salió raudamente hacia la avenida principal, en su mente se habían mezclado mil cosas que no entendía, el secreto de estado del posible golpe al gobierno de Bustamante y Rivero, la pésima noche anterior que tuvo producto de un desamor, la propuesta de la puta de la calle de los olvidados, la que lo dejó casi pasmado, atónito, con una incertidumbre propia de su grandeza intelectual, solo los grandes tienen grandes dudas frente a situaciones completamente adversas y las saben resolver.
Su mujer, doña Cristina de Jesús Arrunátegui Lingán, una dama de mundo, que participaba en cuanto evento social hubiese de la élite política en Lima, era su compañera y organizadora, se habían casado en una ostentosa boda a la que asistieron muchos personajes de la aristocracia limeña, entre ellos, el Presidentente Bustamante. Tiempo después, Camilo se enteraría de que su mujer le era infiel con él, no soportó más hasta que la echó de su casa con todas sus cosas y cortó todo tipo de relación amical con el presidente, solo quedaba el ámbito profesional, porque no podía dejar en el aire los destinos de la nación que se le habían conferido.
Tal vez era el momento de dejarlos así, tal vez no debía importar nada más, ya no tenía a prácticamente nadie, quizás no valía tanto la pena como para insistir en una suerte que parecía echada, tal vez la felicidad esté más cerca de lo que él creía, y no precisamente en las lides de la cordura, sino todo lo contrario, en las fauces de la demencia, en los surcos de la alucinación, en el secreto de la vida sin las formalidades banales de siempre.
Camilo de la Borda y Sánchez Vizcardo renunció al cargo de ministro de hacienda en agosto de 1948. A los dos meses, el golpe militar del general Odría se haría del poder y mandarían al exilio al presidente Bustamante. De aquella noche de copas y del puterío febril al que se entregó don Camilo, quedó la decisión más importante de su vida; una noche, buscó desesperadamente en la misma calle donde la dejó algún tiempo a la bella Princesa, al no encontrarla preguntó por ella en toda la cuadra, nadie le daba una razón exacta. Solo una persona, un militar que era su cliente habitual pero que pronto al volverla a buscar no la encontraría, fue su último amante, "se ha ido cantando ese vals, ese vals del amor lejano, distante, se ha ido llorando un amor que encontró por aquí, pero que nadie sabe quién es, hace ya un tiempo ha salido de la vida fácil, dijo que se iría lejos, yo lo dudo, no tiene dinero, siempre la vemos en el bar de Eleodoro, las noches de fin de semana, triste, muy triste..."
Se había enamorado y decidió dejar esa vida esperando por si volvía el príncipe que amó aquella noche y al que la política había consumido, incluso al punto de volverlo casi inhumano, de no perdonar la traición de su mujer Cristina y de su amigo, el propio presidente.
Volvió. La encontró una tarde de setiembre en el bar de Eleodoro, al fin pudo volver a besarla y perdonarla y perdonarse él también, ¿acaso el amor tiene algún límite?, ¿acaso el prejuicio puede más que el deseo de cambiar y de amar solo a la otra persona?, no encontró razón exacta y su prudencia hizo que tomara la decisión quizás no correcta, pero que lo hacía feliz, al fin su vida tuvo un sentido y fue realmente auténtica.
En medio de ese cielo gris, oscuro, incluso en primavera, partieron lejos a iniciar otra vida, esa que los señores y los 'dandys' no pueden volver a tener. No siempre lo que parece correcto es lo mejor, la felicidad no es una forma sino un estado cambiante, lo importante es saber como atesorar cada anhelo en las arcas infinitas del corazón.
Camilo de la Borda y Sánche
z Vizcardo lucía su andar esta vez algo cancino a lo largo de la calle atiborrada de mujeres casquivanas que buscan algo de dinero a cambio de placer. Volvía a sus putas cuando tenía algún problema que lo apenaba infinitamente, no cuando algo lo preocupaba sino cuando algo lo ponía muy triste, era la excusa perfecta para ir en busca del amor frustrado que lo mantendría vivo por algunas horas de una noche de frenesí en la que, entre el humo y algún vals, intentaba olvidarse de toda la aversión que sentía hacia el mundo y el hastío que tenía hacia las mujeres, cansado de sus jugarretas infames y canalladas de mala sangre.-Don Camilo, después de tiempo por aquí.
-Ya va la mala vida acechándome, me tira para abajo.
-Véngase conmigo, yo sé cómo relajarlo, no se ponga tenso, olvídese de todo.
-Como si fuera tan fácil, al menos lo intentaré por esta noche y mire que el cielo es benevolente y muestra el reflejo claro de la luna, romántico ¿no cree?...
-Usted siempre tan ocurrente, don Camilo. Felizmente la guardia esta noche no nos ha caído, la noche está fría, quizás eso lo ha espantado un poco.
-Sí que soy suertudo, por cierto, está usted guapísima.
-Siempre tan galante, don Camilo.
La calle tenía sendas puertas pequeñas que se enfilaban mostrando unas luces que hacían más llamativo el lugar y contrastaba con el extraño cielo invernal de aquella noche, en las esquinas, las guitarras y las voces melancólicas se dejaban oír, el olor del licor presente era el de pisco, puro, seco y volteado, como tragando la pena con todo el ardor que produce en la garganta un buen sorbo. En medio, señoritas con poca ropa invitaban a algunos caballeros que a pesar del desenfreno en el que la noche podía caer, sus atavíos y prendas se mantenían en su lugar, como los señores que eran, caminando y observando, sigilosamente para ver cuál era la compañera de turno aquella noche.
Aquella noche aciaga del corazón para Camilo, el licor en esa habitación lo hizo un poco más feliz. La bella señorita que lo acompañaba sabía que siempre frecuentaba aquella calle cuando algún mal de amor lo apenaba, y entonces era su fiel compañera por algunas noches, lo llenaba de palabras de amor que necesitaba oir. Sin embargo, esa noche fue distinta, no había sido unicamente una simple decepción, tenía que ser algo mucho más fuerte, algo que lo mueva a tomar con tanta ira, que haga no importarle lo que podía suceder después, muy a pesar de su prudencia y de sus correctos modales de 'dandy' que tenía.
-Algo le ha pasado, algo muy fuerte don Camilo...dígame por favor y ya deje el trago un momento.
-Déjeme, déjeme Princesa, necesito de esta medicina y necesito aún más de usted esta noche. Prenda la radiola, hágalo y póngame ese disco, ese que usted sabe que me gusta tanto...
-La de el amor lejano, ese amor que no está.
-Esa canción hoy no...
-¿Entonces?
-La de una mujer cruel, inefable, avara...(llevó el vasito lleno de pisco hacia su boca y lo sorbió todo casi sin respirar, mientras cerraba los ojos muy fuerte, las lágrimas salieron) que se ha llevado todo de mí.
-Una mala mujer, ¿no es así, don Camilo?
-Una mala hembra que me ha dejado arruinado, arruinado Princesa.
Camilo dejó caer su saco e inmediatamente Princesa lo recogió, lo acomodó encima de un perchero donde también dejó el sombrero y el bastón, lo miró fijamente a los ojos y empezó a besarlo suavemente, sin prisa, como deteniendo cada momento para que sea eterno, para que Camilo no tenga que pensar más en el mañana. Se sacó lentamente el vestido usado pero elegante que tenía, dejó lucir su perfecta anatomía: senos rosados, redondos y grandes, el vientre plano y un cabello ondulado que le caía por encima del hombro. Así, con el sexo descubierto se acercó entonces otra vez donde Camilo, le quitó la correa que sujetaba el fino pantalón que traía y ambos se entregaron al placer máximo de la noche, a ese placer que puede vencer incluso al recuerdo más aciago, al fin y al cabo el placer es solo la prolongación de nuestros deseos frustrados por algúna desventura ocasional y se convierte en la expresión de lo que no podemos canalizar con palabras, todo se consume en el cuerpo del otro.
-Si en el ministerio se enteran de que estuve aquí otra vez, el país se quedará sin representante de relaciones exteriores.
-Eso ahora no importa, quítese por un momento su cargo y su vida política de la cabeza, está aquí, conmigo y no importa nada más.
-En breve va a amanecer, he excedido el tiempo, no importa, es usted la compañía perfecta, lástima que no solo sea la mía...por el dinero no se preocupe.
-Hoy no me interesa el dinero, don Camilo.
-¿Cómo dice?
-No me interesa, me importa usted y terminar esta vida de una buena vez.
-¿Se quiere matar? mida sus palabras y no me asuste, ya bastante tengo con todo esto.
-No, don Camilo, eso jamás. Me refiero a que quiero salir de este mundo, de recibir hombres diferentes cada noche, de respirar fragancias distintas, de besar labios extraños, de mostrar mi sexo a todos y que nadie lo aprecie, sino que lo usen como un juguete y que luego me paguen por eso, me siento mal.
-Es usted una persona sabia, mi amada Princesa, ¿y sabe? usted no tiene la culpa de estar aquí, solo le falta esa motivación para salir, para ver las cosas diferente.
-Usted me da esa motivación cada vez que viene, me hace sentir segura, viva.
-Por eso siempre vuelvo a usted, es recíproco entonces.
-Quédese, sáqueme de aquí, debemos irnos lejos, en usted he redescubierto mi sino, mi vida misma.
-¿Me lo está proponiendo en serio?
-En mi vida hablé más en serio.
-Tendría que renunciar al ministerio, sabe usted cómo es el presidente Bustamante y Rivero con estas cosas, mi imagen se vería afectada, el país depende...
-El país no depende del ministerio de relaciones exteriores, ¿qué no lo entiende?, sé que me ama en secreto y por eso me busca, sé que me desea con demencia, el Perú no se va a acabar porque Bustamante se quede sin ministro...además, ya lo están cocinando, lo debe saber, el general Odría.
-¿De qué me está hablando?
-Se olvida el señor ministro que yo soy la puta de los más altos militares, que todos vienen a contarme sus porquerías y sus enredos amorosos y políticos. A Bustamante lo están acorralando, no le queda mucho, el golpe es inminente y el propio ministro Odría estaría a cargo, van a pedir la persecución de la cúpula aprista, es un plan casi infalible porque Bustamante se va a negar.
-Eso quiere decir que...
-No le queda mucho tiempo, ministro. Vámonos, dejemos todo esto, olvidémonos, vayámonos a otro lugar donde podamos volver a vivir, no piense más en política, además, la relación entre el Apra y el Frente Democrático es casi insalvable, vámonos por favor...
-En el devenir del tiempo se manifiesta la hidalguía para asumir las consecuencias de nuestros actos, es menester que esté donde tenga que estar, es un compromiso ético.
-El país jamás se lo va a reconocer, y se arrepentirá de no haberse ido junto a mí, reconsidere su decisión, sé que usted me quiere, que me necesita, que tiene una pena grande de amor que lo trajo hasta aquí, no vuelva a lo mismo.
-Es hora de marcharme, le ruego no haga más comentarios sobre el tema, debo salir ya mismo.
-Sabe dónde encontrarme, sabe que lo voy a estar esperando.
Cerró la puerta y salió raudamente hacia la avenida principal, en su mente se habían mezclado mil cosas que no entendía, el secreto de estado del posible golpe al gobierno de Bustamante y Rivero, la pésima noche anterior que tuvo producto de un desamor, la propuesta de la puta de la calle de los olvidados, la que lo dejó casi pasmado, atónito, con una incertidumbre propia de su grandeza intelectual, solo los grandes tienen grandes dudas frente a situaciones completamente adversas y las saben resolver.
Su mujer, doña Cristina de Jesús Arrunátegui Lingán, una dama de mundo, que participaba en cuanto evento social hubiese de la élite política en Lima, era su compañera y organizadora, se habían casado en una ostentosa boda a la que asistieron muchos personajes de la aristocracia limeña, entre ellos, el Presidentente Bustamante. Tiempo después, Camilo se enteraría de que su mujer le era infiel con él, no soportó más hasta que la echó de su casa con todas sus cosas y cortó todo tipo de relación amical con el presidente, solo quedaba el ámbito profesional, porque no podía dejar en el aire los destinos de la nación que se le habían conferido.
Tal vez era el momento de dejarlos así, tal vez no debía importar nada más, ya no tenía a prácticamente nadie, quizás no valía tanto la pena como para insistir en una suerte que parecía echada, tal vez la felicidad esté más cerca de lo que él creía, y no precisamente en las lides de la cordura, sino todo lo contrario, en las fauces de la demencia, en los surcos de la alucinación, en el secreto de la vida sin las formalidades banales de siempre.
Camilo de la Borda y Sánchez Vizcardo renunció al cargo de ministro de hacienda en agosto de 1948. A los dos meses, el golpe militar del general Odría se haría del poder y mandarían al exilio al presidente Bustamante. De aquella noche de copas y del puterío febril al que se entregó don Camilo, quedó la decisión más importante de su vida; una noche, buscó desesperadamente en la misma calle donde la dejó algún tiempo a la bella Princesa, al no encontrarla preguntó por ella en toda la cuadra, nadie le daba una razón exacta. Solo una persona, un militar que era su cliente habitual pero que pronto al volverla a buscar no la encontraría, fue su último amante, "se ha ido cantando ese vals, ese vals del amor lejano, distante, se ha ido llorando un amor que encontró por aquí, pero que nadie sabe quién es, hace ya un tiempo ha salido de la vida fácil, dijo que se iría lejos, yo lo dudo, no tiene dinero, siempre la vemos en el bar de Eleodoro, las noches de fin de semana, triste, muy triste..."
Se había enamorado y decidió dejar esa vida esperando por si volvía el príncipe que amó aquella noche y al que la política había consumido, incluso al punto de volverlo casi inhumano, de no perdonar la traición de su mujer Cristina y de su amigo, el propio presidente.
Volvió. La encontró una tarde de setiembre en el bar de Eleodoro, al fin pudo volver a besarla y perdonarla y perdonarse él también, ¿acaso el amor tiene algún límite?, ¿acaso el prejuicio puede más que el deseo de cambiar y de amar solo a la otra persona?, no encontró razón exacta y su prudencia hizo que tomara la decisión quizás no correcta, pero que lo hacía feliz, al fin su vida tuvo un sentido y fue realmente auténtica.
En medio de ese cielo gris, oscuro, incluso en primavera, partieron lejos a iniciar otra vida, esa que los señores y los 'dandys' no pueden volver a tener. No siempre lo que parece correcto es lo mejor, la felicidad no es una forma sino un estado cambiante, lo importante es saber como atesorar cada anhelo en las arcas infinitas del corazón.
domingo, 10 de octubre de 2010
Introspecciones Suicidas III (Mario Vargas Llosa y mis afanes literarios)

La mañana del jueves 7 me desperté extrañamente sobreexaltado y lo primero que hice antes de prender el celular (cosa habitual que siempre hago antes de cualquier otra cosa aún en el letargo) fue pararme a prender la televisión. Hasta ahora imagino que una fuerza sobrenatural que conecta mi espíritu literario con mi otro yo tuvo que activarse ese día muy temprano.
Ya con la televisión encendida puesta en América Televisión, Federico Salazar y Verónica Linares daban una noticia que esperaba hace ya varios años: "Reiteramos entonces la información que ha llegado, Mario Vargas Llosa acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura 2010". Fue lo primero que escuché inmediatamente después de que se proyectara la imagen sobre mi rostro con la luz tenue del amanecer.
Hice un sonido de asombro que despertó a mi mamá en el otro cuarto y la verdad es que no era para menos. Hace algunos años, cuando estaba todavía en el colegio, me preguntaba ¿por qué si a Gabo le dieron el nobel en 1982, a Vargas Llosa aún no le dieron uno si es que su obra era tan magnífica y más que un escritor era un intelectual?, mis respuestas fueron dadas aquel viernes que desde las primeras horas se tornó festivo.
Creo que es totalmente justo dedicar estas líneas en agradecimiento a uno de los escritores que más ha influenciado en mi manera de escribir desde que me animé, con valentía de torero, a hacerlo. Para escribir (o intentar hacerlo) hay que leer primero, y el noble hábito de la lectura en gran parte en mi vida la incentivó Vargas Llosa. Ese estilo distinto, las historias frescas, verosímiles que me mantenían horas frente a un libro han sido las principales razones para que me guste tanto la literatura y para que me anime a escribir en primer lugar lo que a mí me de la gana, sin miedo a lo que otros puedan pensar.
Eso ha sido en general Vargas Llosa desde su niñez. Él ha hecho lo que le ha dado su entera gana, incluso desafiando a la autoridad paternal, que pensaba que era un maricón porque no le gustaba practicar deportes y tenía una afición por la literatura. Mandó a la mierda el machismo de su padre e hizo lo que siempre le gustó, lo que le hacía inmensamente feliz, por eso ganó el nobel, qué rico, haciendo lo que ama, encontró su norte, descubrió su talento y tuvo su recompensa, gran recompensa.
Alguna vez me preguntaron ¿en qué época te hubiera gustado vivir? y yo respondí que en dos: a inicios de siglo o en los años 50. No hubiera vivido en otras épocas. Elegí estas dos por motivos claves y eminentemente literarios. La primera porque he leído mucho del Gabo, situarme en las calles de Cartagena de Indias (Colombia es un país que me parece increíble aunque no lo conosca) a principios de siglo, con carruajes y sombreros de copa, bastones al andar y el garbo y la elegancia de toda una época de intelectuales, de descubrimiento y de amor fino me parece fascinante, "El amor en los tiempos del cólera" me transportó a estas épocas, "Del amor y otros demonios" la reforzó, la movida de la política peruana y cómo se plasma en "Los señores" de Luis Alberto Sánchez me terminó de atrapar y llevar a aquel tiempo y de pensar en que pude estar ahí y que pude ser un genial escritor por la riqueza intelectual de la época.
Y la segunda parte ha sido también fundamental gracias a los libros de Vargas Llosa. La lima de mediados de siglo, casi desértica, segmentada, politizada, militarizada en adelante, el inicio de los conflictos por las migraciones, el inicio de la sociología en el Perú que se plasma perfectamente desde los ojos de un adolescente en "La ciudad y los perros", esas calles frías y aún sin carros, los burdeles, los bares, las prostitutas y los primeros amigos, las fiestas, los boleros, los valses, la literatura, los golpes de estado, todo el panorama social de Lima representado magníficamente en distintas obras a las que se suman "Conversación en la catedral" de una agudeza brillante, que solo una mente tan lúcida podría escribir y "Los cachorros" que así como tiene toques divertidos, también tiene un trasfondo de crítica muy acentuada, pero difícil al tacto.
Me detengo aquí porque tengo que hacer mención a mi novela favorita de las que he
leído de Vargas Llosa y a la que no se le da quizás mucha tribuna o no es tan sonada como las otras: "¿Quién mató a Palomino Molero?", este libro marcó profundamente mi vida personal y mi forma de ver los diálogos en la literatura, influyó asimismo en las conversaciones que incluyo en mis escritos, y es que la historia te captura desde el principio, ya en la primera página es impactante y da giros realmente inesperados, te lleva a lugares inhóspitos del desierto piurano, tanto que dan ganas de ir ya mismo y enrolarte en la base aérea y conocer al inefable Coronel Mindreau o al flaquito que cantaba boleros llamado Palomino Molero y que cometió el pecado de enamorarse de la hija mimada del Coronel. Quizás si no fuera por estos libros ya mencionados, ahora no tendría un blog y no estuviera escribiendo todo lo que extrañamente imagino o vivo a diario, o ambas cosas, o lo que sea que fuese.Leer a Vargas Llosa es transportarse a otro mundo que está aquí, al rededor nuestro, es viajar a otra época y querer vivirla, muchos libros de él hay por mencionar, sus ensayos y obras de teatro, sus críticas y columnas en diarios, sus libros sobre realidad mundial, etc, es indudable que la literatura va más allá de las letras y toca las fibras más sensibles de la intelectualidad, de la libertad humana vista desde la palabra y de la desición, como la que él tomó a sus 22 años, querer dedicarse a escribir y no hacer más, porque eso lo hace feliz, y se va a morir feliz porque hace lo que sabe y para lo que nació.
Gracias maestro por escribir con el corazón y como se le da la gana, por contarnos sus historias personales sin pudores, por influir en mi forma de escribir y de ver la literatura, y acaso también de vivir, haciendo lo que realmente quiero y me gusta sin miedo a lo que los demás puedan decir. Bien merecido el Nobel que le han otorgado por su trayectoria y porque representa perfectamente al modelo nuevo de intelectualidad que hoy se está buscando, un modelo que no esté encasillado y que se exprese con total libertad, seguro de lo que se va a decir.
Gracias también por ser hincha del fútbol. Por ser crema. Por haber estado en la final del campeonato del 2009 en el palco presidencial del Estadio Monumental ante el clásico rival Alianza Lima. Gracias por haber gritado el gol de 'Ñol' Solano, por ser socio ilustre del Club de sus amores (y de mis amores también) y por siempre ponerlo de manifiesto, como en ese primer capítulo de "Travesuras de la niña mala", como en sus muchas declaraciones: "En lo que nunca he cambiado de manera de pensar es en mi apoyo a la 'U'. Soy hincha de universitario desde que tengo usa de razón. Soy hincha hasta la muerte"; o como es esta otra, donde describe uno de sus momentos más felices al lado de la crema "Nunca fui buen futbolista, pero mi entusiasmo compensaba mi falta de destreza, y uno de los días más felices de mi vida fue aquel domingo en el que 'Toto' Terry me llevó al nacional y me hizo jugar con los 'calichines' de Universitario contra los del Municipal. Salir a esa enorme cancha vistiendo el uniforme de los cremas ¿no era acaso lo mejor que podía pasarle a alguien en el mundo?", las palabras sobran después de leer esto.
Al igual que usted, don Mario, muchos sentimos lo mismo a ver la camiseta crema de la 'U', total, la literatura tampoco está exenta de las pasiones de multitudes, de los grandes deportes ni de los grandes equipos.
El Nobel de Literatura es suyo y está en la cumbre intelectual del mundo, el Perú lo reconoce ahora, aunque hace algunos años no lo haya hecho negándole la presidencia, yo no estuve y muchos de los que leen esto tampoco, pero sé que si hubiésemos estado no habríamos dudado en votar por el cambio, por la capacidad y la inteligencia, de todas formas y aunque nos sienta de pronto ingratos, la historia se encarga de devolverle todo lo que nos ha dado a lo largo de la historia junto a intelectuales también de talla como Javier Pérez de Cuéllar y Hernando de Soto, lo han puesto como el peruano más ilustre y representativo de esta generación. Se lo merece.
Esa mañana después de ver la noticia y de emocionarme por el premio, de seguir escuchando las noticias y de agradecer mentalmente el premio, fui a la universidad y en clase de Comunicación Turística celebramos con aplausos merecidos, todos los que hemos leído alguna vez a Mario y los que nos identificamos con su obra. El profesor Roberto Ochoa, uno de los editores del diario La República y profesor del curso, cerró con una frase genial: "Chicos, hay que celebrarlo más que nada porque al margen de que Vargas Llosa es un excelente escritor, el ha hecho en su vida lo que le ha dado la puta gana, y eso vale". Después del frenesí del momento, nos fuimos todos a chupar como se debe sabiendo que ese día el Perú estaba menos jodido que antes.
Que tengas larga vida, Marito. Gracias por tu obra infinita.
Lima, 10 de octubre del 2010.
sábado, 9 de octubre de 2010
Lucía
Mi amiga (en el sentido relativo de la palabra, porque es, probablemente, algo más o algo menos también) se ha quedado sin novio y yo buenamente, como el amigo tan fiel que soy, he rememorado algunos momentos importantes de nuestras vidas desde que tuve la felicidad de conocerla.
También tengo una lista de pedidos algo atrevidos para ella, algunos que han quedado en el tintero hace mucho tiempo y que quizás ella no los sepa y se entere por este medio (eso no quiere decir que mis pedidos van a ser cumplidos, en lo absoluto, aunque tengo una remota esperanza de que ello ocurra) que no es nada despreciable y que me parece una manera moderna de poner en claro algunos puntos que no nos atrevemos a decir cara a cara. Total, uno no todos los días se queda sin chico.
Pedí siempre conocer alguien como tú, gracias a Dios (mi Dios o tu Dios, ese que, según tú se hizo una paja y acabó en tu cara) estás aquí y existes, perra.
Pedí siempre no ser tan pudoroso para ciertas cosas y tener la concha suficiente para poder pedir otras, para ver el mundo desde la punta de mis huevos (en tu caso, ovarios traginados) y tú me lo enseñaste cuando fuimos a McDonalds y tragamos como cerdos con las cremas que se chorreaban entre nuestros dedos con toda la gente mirándonos.
Si tuviera mil vidas, gustoso no daría ni una por ti, porque no quiero que te mueras en esta puta vida, porque sin ti mi vida se va bien a la mierda.
Quiero que me des más conversaciones frente al mar, más sonrisas cómplices, más historias truculentas, esas que solo tú sabes contar y de las que me hago fan siempre, quiero que me cuentes lo último que te ha pasado y no dejar de saber de ti.
Quiero que me recojas como siempre en la universidad y rajar de las pendejitas y putitas que te hicieron daño o que involucraron en chismes a ti o a tus amigas (que también son mis amigas y con las que a veces suelo tener affairs, todos somos una familia cojonuda).
Quiero que sigamos hablando de sexo tal y como lo hicimos desde que nos hemos conocido, que me preguntes algunas cosas que te faltan descubrir, quiero preguntarte qué cosas sabes que yo aún no puedo hacer.
Quiero planear mil tonos más y por fin cumplir las promesas que dejamos un poco al aire:
-Algún día nos vamos a meter una borrachera increíble, ambos, y olvidar toda la mierda de este mundo.
-Esa borrachera implica drogas, yo no quería romperte, soy buen pata, sin embargo, ya probaste de esas lides así que tenemos una oportunidad del carajo para estrenarnos y disfrutar.
-Implica también una noche de pasión contenido desde hace tiempo, de misterio por saber cómo agarras, cómo tiras, cuán lejos estás dispuesta a llegar, con o sin tragos, en algún lugar extraño o loco, algo que no te resulte tan monótono como hasta hace algunos días.
-Escuchar música y quedarnos dormidos extasiados por todo lo anterior y al otro día salir a tomar un café como los buenos amigos que somos y que seremos el resto de lo que nos queda de vida (que espero que sea el mismo tiempo, porque sino estamos jodidos).
No quiero que vuelvas a sufrir más, me jode verte llorar, me jode saber que a veces mientes, que todo bien, que no pasa nada, es mentira, te conosco.
Que vivas al máximo tus experiencias porque tienes una habilidad demoníaca para plasmarlas sobre un papel (físico o virtual), que sigas escribiendo como lo haces porque eres infinitamente superior a mí, no exagero.
Te confieso que esa vez que quise hablar contigo, que estaba tan misterioso y que te dije para salir a conversar como siempre a Miraflores, fue para decirte que me gustabas (cosa que no te había dicho nunca en persona) y que ya que estabas soltera, deberíamos intentarlo porque haríamos una pareja de la puta madre.
No han cambiado mucho las cosas, eres mi amiga, pero la definición no queda sujeta solo a esas cinco letras, va mucho más allá, es más espiritual, más libre, más Woodstock. Eso es, lo nuestro es algo más Woodstock.
Me gustas, ¿te jode? , quiero estar contigo, ¿te sigue jodiendo?
Te juro que no estoy mintiendo, desde que te conocí lo he querido pero no me has dado la oportunidad.
No me hago dramas, lo nuestro es demasiado extraño y jodidamente genial como para hacer problemas, la única manera en la que no te tengo ahora es físicamente, por lo demás hemos llegado a un buen acuerdo.
Quisiera que te obsesiones y que me revientes el teléfono de llamadas, que me admires y que juegues a que me quieres así mal, que no tengas salida, después de todo juntos no somos tan malos.
Al menos me tranquiliza el verte feliz, y el contribuir a que seas más feliz, esa es mi verdadera felicidad, porque cuando hay amor de verdad, la mejor demostración es la libertad.
(A lo Woodstock pero sin tanta marihuana).
Quiero que si te caes, te vuelvas a levantar y que me consideres para ello. No quiero estar exento de tus lágrimas ni de lo que sientes por miedo, entre tú y yo hay un grado de confianza que es casi irrompible, infranqueable, lo sabes perfectamente.
Lo nuestro va más allá de las ataduras, de los celos enfermizos, de las peleas comunes de amigos, va mucho más allá, la vida me ha hecho entender que se puede ser feliz si encuentras a personas que piensen como tú y que sobre todo sean sinceras.
No estás bien del cerebro, eso me gusta.
Amo confiarte que me gusta tal o cual chica, que quieras a una y me digas "puta qué rica" o que odies a otra y me digas "Aj, chola de mierda, esa huevona es la reina de la sopa seca".
Vamos a tener tres hijos, no te olvides.
Quizás si no te llamaras Lucía nuestro feeling sería otro; hasta tu nombre va perfecto.
Hace tiempo, cuando volvíamos de miraflores en algún micro infame, tenía ganas de besarte. Las he aguantado ya bastante tiempo.
Vamos al Creamfields, sé que gozas con el alcohol y con un poquito de hierba y con la música electrónica reventandonos el cerebro, eres mi cómplice en esto y en muchas otras cosas más, gracias.
Vamos al Creamfields carajo.
Vamos a David Guetta.
Vamos el veintitres (ya sabes).
No dejes de ser mi cómplice, mi amiga, mi todo.
Fundámonos.
No sé si vas a estar pronto con otro novio o si vuelves con el mismo, es relativo, tu felicidad depende de ti, solo quería dejar constancia ante todo el mundo (si se puede considerar como "todo el mundo" a las cinco personas que leen mi blog) de que eres una de las mejores cosas que me han pasado en la vida y que no me imagino, no me hallo, no me encuentro si no estás.
Soy cursi pues, así me has conocido y también sabes de mis lados oscuros. Espero que jamás tengamos que separarnos y sabes que voy a estar siempre.
Y recuerda algo: por si algún día se te ocurre decirme que sí, no tengas la menor duda de que seré el hombre más feliz del mundo y que te haré la mujer más feliz del planeta, aunque tu sexto sentido no quiera muchas veces entenderlo.
Gracias por cada momento.
Posdata, te amo.
También tengo una lista de pedidos algo atrevidos para ella, algunos que han quedado en el tintero hace mucho tiempo y que quizás ella no los sepa y se entere por este medio (eso no quiere decir que mis pedidos van a ser cumplidos, en lo absoluto, aunque tengo una remota esperanza de que ello ocurra) que no es nada despreciable y que me parece una manera moderna de poner en claro algunos puntos que no nos atrevemos a decir cara a cara. Total, uno no todos los días se queda sin chico.
Pedí siempre conocer alguien como tú, gracias a Dios (mi Dios o tu Dios, ese que, según tú se hizo una paja y acabó en tu cara) estás aquí y existes, perra.
Pedí siempre no ser tan pudoroso para ciertas cosas y tener la concha suficiente para poder pedir otras, para ver el mundo desde la punta de mis huevos (en tu caso, ovarios traginados) y tú me lo enseñaste cuando fuimos a McDonalds y tragamos como cerdos con las cremas que se chorreaban entre nuestros dedos con toda la gente mirándonos.
Si tuviera mil vidas, gustoso no daría ni una por ti, porque no quiero que te mueras en esta puta vida, porque sin ti mi vida se va bien a la mierda.
Quiero que me des más conversaciones frente al mar, más sonrisas cómplices, más historias truculentas, esas que solo tú sabes contar y de las que me hago fan siempre, quiero que me cuentes lo último que te ha pasado y no dejar de saber de ti.
Quiero que me recojas como siempre en la universidad y rajar de las pendejitas y putitas que te hicieron daño o que involucraron en chismes a ti o a tus amigas (que también son mis amigas y con las que a veces suelo tener affairs, todos somos una familia cojonuda).
Quiero que sigamos hablando de sexo tal y como lo hicimos desde que nos hemos conocido, que me preguntes algunas cosas que te faltan descubrir, quiero preguntarte qué cosas sabes que yo aún no puedo hacer.
Quiero planear mil tonos más y por fin cumplir las promesas que dejamos un poco al aire:
-Algún día nos vamos a meter una borrachera increíble, ambos, y olvidar toda la mierda de este mundo.
-Esa borrachera implica drogas, yo no quería romperte, soy buen pata, sin embargo, ya probaste de esas lides así que tenemos una oportunidad del carajo para estrenarnos y disfrutar.
-Implica también una noche de pasión contenido desde hace tiempo, de misterio por saber cómo agarras, cómo tiras, cuán lejos estás dispuesta a llegar, con o sin tragos, en algún lugar extraño o loco, algo que no te resulte tan monótono como hasta hace algunos días.
-Escuchar música y quedarnos dormidos extasiados por todo lo anterior y al otro día salir a tomar un café como los buenos amigos que somos y que seremos el resto de lo que nos queda de vida (que espero que sea el mismo tiempo, porque sino estamos jodidos).
No quiero que vuelvas a sufrir más, me jode verte llorar, me jode saber que a veces mientes, que todo bien, que no pasa nada, es mentira, te conosco.
Que vivas al máximo tus experiencias porque tienes una habilidad demoníaca para plasmarlas sobre un papel (físico o virtual), que sigas escribiendo como lo haces porque eres infinitamente superior a mí, no exagero.
Te confieso que esa vez que quise hablar contigo, que estaba tan misterioso y que te dije para salir a conversar como siempre a Miraflores, fue para decirte que me gustabas (cosa que no te había dicho nunca en persona) y que ya que estabas soltera, deberíamos intentarlo porque haríamos una pareja de la puta madre.
No han cambiado mucho las cosas, eres mi amiga, pero la definición no queda sujeta solo a esas cinco letras, va mucho más allá, es más espiritual, más libre, más Woodstock. Eso es, lo nuestro es algo más Woodstock.
Me gustas, ¿te jode? , quiero estar contigo, ¿te sigue jodiendo?
Te juro que no estoy mintiendo, desde que te conocí lo he querido pero no me has dado la oportunidad.
No me hago dramas, lo nuestro es demasiado extraño y jodidamente genial como para hacer problemas, la única manera en la que no te tengo ahora es físicamente, por lo demás hemos llegado a un buen acuerdo.
Quisiera que te obsesiones y que me revientes el teléfono de llamadas, que me admires y que juegues a que me quieres así mal, que no tengas salida, después de todo juntos no somos tan malos.
Al menos me tranquiliza el verte feliz, y el contribuir a que seas más feliz, esa es mi verdadera felicidad, porque cuando hay amor de verdad, la mejor demostración es la libertad.
(A lo Woodstock pero sin tanta marihuana).
Quiero que si te caes, te vuelvas a levantar y que me consideres para ello. No quiero estar exento de tus lágrimas ni de lo que sientes por miedo, entre tú y yo hay un grado de confianza que es casi irrompible, infranqueable, lo sabes perfectamente.
Lo nuestro va más allá de las ataduras, de los celos enfermizos, de las peleas comunes de amigos, va mucho más allá, la vida me ha hecho entender que se puede ser feliz si encuentras a personas que piensen como tú y que sobre todo sean sinceras.
No estás bien del cerebro, eso me gusta.
Amo confiarte que me gusta tal o cual chica, que quieras a una y me digas "puta qué rica" o que odies a otra y me digas "Aj, chola de mierda, esa huevona es la reina de la sopa seca".
Vamos a tener tres hijos, no te olvides.
Quizás si no te llamaras Lucía nuestro feeling sería otro; hasta tu nombre va perfecto.
Hace tiempo, cuando volvíamos de miraflores en algún micro infame, tenía ganas de besarte. Las he aguantado ya bastante tiempo.
Vamos al Creamfields, sé que gozas con el alcohol y con un poquito de hierba y con la música electrónica reventandonos el cerebro, eres mi cómplice en esto y en muchas otras cosas más, gracias.
Vamos al Creamfields carajo.
Vamos a David Guetta.
Vamos el veintitres (ya sabes).
No dejes de ser mi cómplice, mi amiga, mi todo.
Fundámonos.
No sé si vas a estar pronto con otro novio o si vuelves con el mismo, es relativo, tu felicidad depende de ti, solo quería dejar constancia ante todo el mundo (si se puede considerar como "todo el mundo" a las cinco personas que leen mi blog) de que eres una de las mejores cosas que me han pasado en la vida y que no me imagino, no me hallo, no me encuentro si no estás.
Soy cursi pues, así me has conocido y también sabes de mis lados oscuros. Espero que jamás tengamos que separarnos y sabes que voy a estar siempre.
Y recuerda algo: por si algún día se te ocurre decirme que sí, no tengas la menor duda de que seré el hombre más feliz del mundo y que te haré la mujer más feliz del planeta, aunque tu sexto sentido no quiera muchas veces entenderlo.
Gracias por cada momento.
Posdata, te amo.
jueves, 30 de septiembre de 2010
Gris
Querido diario:
Hoy he conocido más de cerca la soledad. En tus hojas bizarras soportas entonces toda la ira que me causa la sensación de hastío de la vida misma, felizmente tú lo haces, por eso abuso de tu cansada impavidez y objetividad, por eso te agradesco el no criticarme por cada paso que doy, el estar pese a todo siempre conmigo, el ser la herramienta que necesito para reparar y reordenar algunos engranajes que muy a menudo se terminan desprendiendo de mi vida.
Hoy he conocido más de cerca la soledad y la vi en el rostro adusto de una bella mujer que me negaba una sonrisa, ¿qué hago?, ¿mantengo la sonrisa?, ¿me voy alejando y agacho lentamente la mirada?, nada, no hago nada. Para variar no puedo hacer nada porque no tengo la valentía, me gana la abulia, la melancolía, el cielo gris me puede, tu sonrisa me puede.
¿A dónde mierda se supone que estoy yendo?, hipotéticamente si fuera distinto (en un sentido reducido de la palabra) quizás tenga esa oportunidad, ya sabes que no siempre es como parece, no siempre puedes llegar al cielo sin aprender a volar primero, me falta, hay días de paupérrima gana, de mierda que vuela sobre mi cabeza.
No tengo sentido, no me hallo, no estoy. El orden se ha perdido por completo entre el cauce de un río que no puedo navegar, que el destino me ha impuesto sin opción a parada alguna, solamente voy y voy, no hay más, no habrá más, no hay nadie, tengo miedo, mucho miedo.
Por favor, ayúdame. Exorcisa todos esos miedos intrínsecos que me acollonan, que me tienen temeroso, frágil, quita los malditos fantasmas, dame vida, oxigena mi alma con un soplo del espíritu de tu corazón, no me dejes caer, no seas cómplice de la risa burlona de mi destino, cambia mi historia puesto que yo soy tan cobarde que ni siquiera eso puedo hacer.
Si te da la puta gana, mátame. Tírame contra la pared, señálame con tu índice, sé desafiante, saca una pistola, apúntame, grítame, dispárame, no falles, por favor, no falles, no hagas que me duela más aún, al menos tú te vas a sentir liberada, uno de los dos va a ganar, aunque sea a costa del otro, no tengas miedo, apúntame, disparame, mátame.
Querido diario, si no vuelves a sentir mis puños desgarrados y la pluma con el peso de mi alma sobre tus hojas desafiantes, quiero que sepas que ha sido por el bien de ambos: a veces lo mejor resulta no sentir lo que viene, aunque digan que es de cobardes, los valientes no viven y lo cuentan implícitamente.
Llega, no tardes, sálvame, ya sabes dónde estoy, si te vas a quedar, haslo, no me opongo, tampoco lo celebro, si quieres hacerme llorar de la felicidad (hace rato lo necesito) no te detengas, si quieres gritar que me quieres y que soy lo más importante para ti, no te reprimas, mi sueño es que lo vivas tan intensamente como yo y que cada día que pase me ames más, que sea tu corazón el que guíe mis pasos, el que lleve a perderme o a encontrarte, pero siemrpe a tu lado.
Sé que no vas a estar y ya no importa, si tengo que seguir esperando, lo voy a hacer, el problema es que no sé qué mierda espero, o a quién, da igual, la vida es una y los mejores años los tengo a tu lado, soledad, y mi apoyo más fiel está sobre ti, querido diario, es por eso que te hago este pequeño homenaje, porque nadie es capaz de ver más allá, de encontrar razones complejas y de ser feliz en la simpleza, aunque para mi desgracia, también estés solo en mi imaginación, así como la persona a la que le escribo estas líneas mustias, desesperadas, vomitivas.
Hoy he conocido más de cerca la soledad. En tus hojas bizarras soportas entonces toda la ira que me causa la sensación de hastío de la vida misma, felizmente tú lo haces, por eso abuso de tu cansada impavidez y objetividad, por eso te agradesco el no criticarme por cada paso que doy, el estar pese a todo siempre conmigo, el ser la herramienta que necesito para reparar y reordenar algunos engranajes que muy a menudo se terminan desprendiendo de mi vida.
Hoy he conocido más de cerca la soledad y la vi en el rostro adusto de una bella mujer que me negaba una sonrisa, ¿qué hago?, ¿mantengo la sonrisa?, ¿me voy alejando y agacho lentamente la mirada?, nada, no hago nada. Para variar no puedo hacer nada porque no tengo la valentía, me gana la abulia, la melancolía, el cielo gris me puede, tu sonrisa me puede.
¿A dónde mierda se supone que estoy yendo?, hipotéticamente si fuera distinto (en un sentido reducido de la palabra) quizás tenga esa oportunidad, ya sabes que no siempre es como parece, no siempre puedes llegar al cielo sin aprender a volar primero, me falta, hay días de paupérrima gana, de mierda que vuela sobre mi cabeza.
No tengo sentido, no me hallo, no estoy. El orden se ha perdido por completo entre el cauce de un río que no puedo navegar, que el destino me ha impuesto sin opción a parada alguna, solamente voy y voy, no hay más, no habrá más, no hay nadie, tengo miedo, mucho miedo.
Por favor, ayúdame. Exorcisa todos esos miedos intrínsecos que me acollonan, que me tienen temeroso, frágil, quita los malditos fantasmas, dame vida, oxigena mi alma con un soplo del espíritu de tu corazón, no me dejes caer, no seas cómplice de la risa burlona de mi destino, cambia mi historia puesto que yo soy tan cobarde que ni siquiera eso puedo hacer.
Si te da la puta gana, mátame. Tírame contra la pared, señálame con tu índice, sé desafiante, saca una pistola, apúntame, grítame, dispárame, no falles, por favor, no falles, no hagas que me duela más aún, al menos tú te vas a sentir liberada, uno de los dos va a ganar, aunque sea a costa del otro, no tengas miedo, apúntame, disparame, mátame.
Querido diario, si no vuelves a sentir mis puños desgarrados y la pluma con el peso de mi alma sobre tus hojas desafiantes, quiero que sepas que ha sido por el bien de ambos: a veces lo mejor resulta no sentir lo que viene, aunque digan que es de cobardes, los valientes no viven y lo cuentan implícitamente.
Llega, no tardes, sálvame, ya sabes dónde estoy, si te vas a quedar, haslo, no me opongo, tampoco lo celebro, si quieres hacerme llorar de la felicidad (hace rato lo necesito) no te detengas, si quieres gritar que me quieres y que soy lo más importante para ti, no te reprimas, mi sueño es que lo vivas tan intensamente como yo y que cada día que pase me ames más, que sea tu corazón el que guíe mis pasos, el que lleve a perderme o a encontrarte, pero siemrpe a tu lado.
Sé que no vas a estar y ya no importa, si tengo que seguir esperando, lo voy a hacer, el problema es que no sé qué mierda espero, o a quién, da igual, la vida es una y los mejores años los tengo a tu lado, soledad, y mi apoyo más fiel está sobre ti, querido diario, es por eso que te hago este pequeño homenaje, porque nadie es capaz de ver más allá, de encontrar razones complejas y de ser feliz en la simpleza, aunque para mi desgracia, también estés solo en mi imaginación, así como la persona a la que le escribo estas líneas mustias, desesperadas, vomitivas.
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